CARMELO VÁZQUEZ (Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense) - Madrid - 04/03/2008
En El acento, de la sección de Opinión del pasado domingo 2 de marzo -¿Contra la felicidad?-, se sugiere que, en contra de lo que la revisión científica del doctor Irving Kirsch ha demostrado en la revista Plos Medicine (EL PAÍS, 27 de febrero), los nuevos antidepresivos sí son efectivos para recuperarnos de dolores psicológicos y pérdidas e incluso para contribuir a nuestra felicidad. Prueba infalible de ello sería, según este ocurrente editorial, el que 40 millones de personas los han tomado. Francamente, esta ayuda del editorial de EL PAÍS a la industria farmacéutica es tan innecesaria como objetable. Los apresurados argumentos que se ofrecen parecen más el escrito de un atribulado consumidor, perplejo ante un dato que se niega a creer, que la reflexión ecuánime de un editorial. Los estudios del reputado investigador Irving Kirsch, demostrando tenaz e impecablemente que más de la mitad del efecto de los antidepresivos es estadísticamente atribuible a su efecto placebo, no pueden ponerse en duda con afirmaciones insidiosas que aluden a una "operación mercantil" (sic) detrás de su informe. Los datos del doctor Kirsch no son una "calumnia" ni un "gesto sensacionalista", como superlativamente se afirma en el airado editorial. Por el contrario, se trata de resultados obtenidos mediante pruebas rigurosamente controladas que, en realidad, deberían hacernos cuestionar algunas dudosas prácticas mercantiles de la industria de los psicofármacos.
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- 04-03-2008| Hora | Noticia |
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