09/05/2007
Han sido necesarios nueve años de negociaciones desde el Acuerdo de Viernes Santo para alumbrar este 8 de mayo el comienzo de un poder democrático y compartido entre enemigos históricos en Irlanda del Norte. Aquel acuerdo de 1998 llegó muchos años después de que el odio religioso y político convirtiera la provincia británica en un baño de sangre, con 3.500 muertos. Este compromiso que ahora sienta juntos en el Gobierno del Ulster al ultrarradical protestante Ian Paisley, de 81 años, como primer ministro, y al ex pistolero del IRA Martin McGuinness, de 56, como viceprimer ministro, es el premio a la paciencia política y a la voluntad colectiva de hallar un punto de encuentro lejos de la violencia armada.
Para llegar al desenlace de uno de los conflictos más enquistados de nuestro tiempo ha sido necesario un requisito previo a todo el proceso, y es la profundización en la idea de que asesinatos y negociaciones no pueden ir de la mano, y de que todos los actores implicados, y de manera fundamental los habitantes del Ulster -protestantes y católicos-, debían llegar al convencimiento de que existía un camino político capaz de satisfacer algunas de sus aspiraciones fundamentales. Los hechos, a través de una formidable carrera de obstáculos y de sangre derramada, han demostrado que era así.
Aunque impensable hasta hace muy poco tiempo, el compromiso entre enemigos que devuelve a Irlanda del Norte su autonomía en un Parlamento de 108 escaños y con un Gobierno de 10 ministerios (Westminster se reserva por ahora las cuestiones de defensa, inmigración e impuestos) no es una panacea. Habrá dificultades -económicas en primer lugar, en una provincia absolutamente dependiente del dinero de Londres-, amargas discusiones entre uno y otro bando, o días en que todo parecerá desplomarse. Entre otros motivos porque el acuerdo no ha sido conseguido por partidos moderados, que han ido quedando sepultados por el camino, sino entre formaciones radicales. Pero, pese a ello, en el Ulster presumiblemente se han acabado aquellas primeras páginas de sus periódicos convertidas en denigrante catálogo de la violencia sectaria que asolaba a una sociedad dividida. Dicen quererlo así los dos partidos más votados y que asumen la responsabilidad del poder: los unionistas de Paisley, que desean la permanencia en el Reino Unido, y el nacionalista y básicamente católico Sinn Fein, brazo político del IRA, cuyo objetivo es unirse a la República de Irlanda.
El Gobierno compartido en Irlanda del Norte es el colofón a la carrera del primer ministro británico Tony Blair, que no por casualidad anuncia esta semana su despedida del cargo. Pero con el líder laborista y su homólogo irlandés, Bertie Ahern, otros muchos dentro y fuera han colaborado a que ayer se configure como un mojón de esperanza para Europa en su conjunto. El Ulster, siempre tan asociado a la tragedia, puede presumir hoy de poder exportar al resto del mundo el regalo de una oportunidad decisiva para la convivencia y de lecciones para otros conflictos, tal como ha subrayado atinadamente Blair en su discurso.
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- 09-05-2007Página 1 de 4
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Marcos
- 09-05-2007 - 15:13:04h
Cuanta ignorancia vero por aqui. Llevo mas de quince anos viviendo en Belfast, y la unica razon por la cual se alcanzo este acuerdo fue porque el IRA estaba tan debilitado y contaba con tan poco apoyo popular que no le quedaba otra opcion. Mas que dialogo, a Irlanda del Norte se le impuso lo que el Gobierno britanico quiso. Es decir, un poco de autonomia, exactamente igual que a Escocia y Gales. Y de dialogo, nada de nada; mas bien un "si, senor" por parte de los diferentes grupos norirlandeses a todo lo que Londres le fue ofreciendo. De verdad alguien cree que esto se puede reproducir en Espana?
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Bakeaorain
- 09-05-2007 - 13:35:49h
Que en España y en Euskadi cunda el ejemplo y que cada uno, desde sus posiciones haga autocrítica sin echar balones fuera porque todos han cometido errores y todos tienen que volver a trabajar la vía del diálogo y la negociación. Solo mediante las mismas se podrá alcanzar una foto similar en un futuro cercano. Aqui sin embargo, mientras decimos que será un proceso largo, duro y difícil, éste se trunca a la primera de cambio cosa que no ocurrió en el Reino Unido. A seguir trabajando que es lo que toca si queremos un resultado similar
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Hermecur
- 09-05-2007 - 13:32:13h
Puede sonar duro, pero existe un arreglo gracias a que hay dos combatientes que firman un armisticio. En Euskadi sólo hay un bando que extorsiona y mata. La otra lección que se saca es que sólo hay una política: una combinación sabia de palo y zanahoria: tú no negocias con ganas, yo suspendo tu autonomía (¿alguien podría sugerir esto aquí?). Tú entregas armas, yo te cedo transferencias. Sigo sin entender cómo hay gente que se opone a la negociación habiendo tregua, pero también cómo hay quien quiere seguir negociando una vez rota.
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Un Insensato
- 09-05-2007 - 13:12:02h
Enhorabuena; espero que cunda el ejemplo en muchas partes del mundo. Sin violencias se ¿debe de vivir mejor?, ¿creo?. ¿Por que no convivir en Paz?. Seamos mas personas, dejemos de ser individuos. Un ejemplo de dominar la Razon a la Sin Razon. Batasuna pensad en éllo, nosotros los ciudadanos/as, queremos vivir en Paz. Saludos.
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H Garcia
- 09-05-2007 - 13:08:00h
La gran lección del Ulster es que Paisley y McGuinness podrían haberse evitado 3500 muertos, mucha sangre, mucho dolor y muchas lágrimas, si hubiesen pensado en algún momento pasado que lo humano y cívico era coexistir, convivir según unas normas cívicas y morales mínimas y con sus diferencias particulares. También es corresponsable la población que ciegamente les apoyó. La lección, para nosotros, debe ser que el Estado español no puede negar las nacionalidades de España. Y las nacionalidades no pueden, para no ser menos, negar al Estado español y pedirse la independencia. Quienes eso defiendan no están capacitados para negociar. Todos, los individuos y los colectivos (nacionales, religiosos, etc) tienen derecho a tener su identidad, a no ser borrados del mapa, pero en un marco cívico y democrático (democracia es participación, que no nos gobiernen fundamentalistas ni pistoleros).
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