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EDITORIAL

La opción de Madeleine

18/01/2007

 
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Madeleine Z. murió dulcemente en su casa de Alicante el viernes, después de haber tomado un helado con el que había mezclado varios medicamentos que le provocaron la muerte. La enferma había decidido morir, o más bien "dejar de no vivir", al comprobar que la esclerosis lateral amiotrófica que le diagnosticaron en 2001 progresaba rápidamente hacia una invalidez total. Sabía que no le quedaba mucho tiempo de vida, pero Madeleine no quiso vivir el tiempo que le quedara atrapada en un cuerpo inválido que sin embargo mantendría intacta toda su capacidad de sufrimiento. Eligió libremente y eligió morir, ofreciendo su testimonio como una contribución póstuma al debate sobre la conveniencia de regular la eutanasia en España en determinados supuestos.

La libertad es un elemento fundamental de la dignidad humana. Y para muchas personas, disponer de la propia vida es el mayor ejercicio de libertad. La muerte es la estación final del viaje que todos emprendemos al nacer, pero algunas veces el último tramo puede resultar tan penoso que no merezca la pena ser recorrido. Cada vez hay más casos de pasajeros como Madeleine que renuncian al derecho a seguir viajando y reclaman una parada especial, voluntaria. La actual legislación no prevé que el tren pueda parar a demanda, y tal como está redactado el artículo 143 del Código Penal, que castiga la ayuda necesaria al suicidio, la única posibilidad que le queda al pasajero desahuciado es tirarse del tren en marcha. Madeleine ha podido ejercer su libertad de forma digna, pero ¿cuántos enfermos se ven abocados a tirarse del tren de forma indigna y dolorosa?

La sociedad evoluciona casi siempre más deprisa que sus leyes, y todo apunta a que en el caso de la eutanasia puede ocurrir lo mismo que con la regulación del aborto. Cuando la ley ignora la realidad, la sociedad tiende a buscar mecanismos alternativos aprovechando los resquicios de la norma o directamente al margen de ella. La sociedad española debe reflexionar al respecto. Porque la clandestinidad no sólo añade sufrimiento a situaciones muy dolorosas sino que cubre con un manto de opacidad algo que, por su naturaleza irreversible, debiera ser objeto del máximo control y la máxima transparencia.

Este caso plantea otra reflexión. ¿Hubiera prolongado algo más su vida si hubiera tenido la certeza de que cuando quedara inválida podría recibir ayuda para morir cuando la solicitara? Muchos enfermos que deciden morir lo hacen antes de lo que ellos querrían por miedo a perder la autonomía funcional necesaria para poder disponer de su vida. Temen que les ocurra como a Inmaculada Echeverría, una enferma de 51 años con distrofia muscular que ha pedido morir y no puede hacerlo porque para ello necesita una ayuda que la ley penaliza.

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Comentarios - 23

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  • 23

    JCM - 18-01-2007 - 20:38:40h

    Todos sabemos de casos en los que el ser humano queda paralizado por enfermedades terribles que no tienen curacion que no permiten ni hacer sus propias necesidades, que se pierde la sensacion de estar vivos en medio de dolores horribles, de una degeneracion tal que se convierten su cuerpo en algo denigrante. El final sin remedio es la muerte despues de un sufrimiento terrible y de una degeneracion tal que se pierde la dignidad humana. El último tramo de esa existencia no merece ser vivido. Si a la eutanasia activa pedida por el enfermo.

  • 22

    Margarita - 18-01-2007 - 19:32:58h

    Ahora espero que su familia respete la voluntad de Madeleine y se muestren agradecidos hacia quienes la ayudaron a morir con tanto coraje y dignidad.

  • 21

    Jose - 18-01-2007 - 18:41:01h

    Yo exijo a los poderes publicos que permitan que yo ejerza la maxima expresion de mi libertad: la opcion de, cuando yo considere que mi vida no merece ser vivida, poder optar por salir de ella con dignidad. Para mi, morir con dignidad es hacerlo con serenidad, despues de haber hablado con los tuyos. Yo respeto al que no este de acuerdo conmigo, y nunca diria que nadie deberia morir, pero pido ese mismo respeto para mi. Roban el dolor y la discapacidad la dignidad humana? Mi respuesta es esta: para otros, desde luego que no, pero para mi, si.

  • 20

    Joan Palau Fábregas - 18-01-2007 - 18:24:46h

    Estoy de acuerdo con Pablo Andrés Müller. Se ha perdido la capacidad de sufrimiento y en consecuencia lógica tenemos el aborto y la eutanasia. No critico a los que optan por el aborto o la eutanasia, es una consecuencia lógica de la falta de trascendencia en la vida. Hay personas que no han prendido cómo salir de un fracaso, cómo superar una dificultad, cómo sobrellevar un dolor, tenemos miedo a que no nos quieran y a ser un estorbo. En el fondo, sin el amor de los demás, la vida no tiene sentido. Como decía un comentarista, los niños de hoy están huérfanos de maestros de vida. ¿Cómo van a comportarse de adultos?

  • 19

    Juan - 18-01-2007 - 17:11:29h

    Ochenta años, un piso en propiedad, un hijo mal avenido, una pequeña depresión del viejo y .... A partir de los 65 años, vamos a necesitar asistencia (1/3 de los años que nos queden de vida) esto supone unos gastos de 50000 euros, al estado le sale a cuenta una ley de este tipo. Una ley sobre la eutanasia es muy peligrosa, en un caso ideal (San Pedro) mucha gente estaría de acuerdo, pero estos son los menos, una acción irreversible no puede tratarse a la ligera.

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