MARTA ALBIÑANA - Barcelona - 18/04/2008
Con toda probabilidad, si usted quiere adquirir una obra de arte se encontrará con algunos problemas: ¿Qué estilo prefiero? ¿Por dónde empiezo? ¿A qué galería voy? Después, una vez ha conseguido su pieza, le asaltará otra duda: ¿Dónde la coloco para que luzca? Pues la solución ha llegado. De la mano de Sonia Vicente y Neus Escolies nació hace un año la empresa Vi, Mi Art, precisamente para conseguir llenar un vacío: la falta de relación entre empresarios y particulares con el arte.
La empresa empezó ofreciendo proyectos artísticos a empresarios, asesorándoles en el conocimiento, la distribución y la colocación de las obras de arte en las oficinas corporativas. Vi, Mi Art se encarga de estudiar el objetivo y la filosofía del negocio, la distribución de las oficinas, la estructura arquitectónica y, a partir de los datos recogidos, proponen al empresario la obra de un pintor concreto presentando un proyecto. "Al empresario le entusiasma la idea de visitar los estudios del pintor", comenta Neus. "De este modo, se crea un puente de conexión entre empresarios y artistas que hace mucho que no existía", añade Sonia. Quizá desde los mecenas renacentistas...
Los frutos de Vi, Mi Art se empiezan a notar: a raíz de una exposición en el hotel Hesperia Tower, la dirección les compró, nada más y nada menos, que 35 obras de uno de sus pintores; con motivo de la filmación de la película de Woody Allen en Barcelona, se hizo una exposición en la Fundación Tàpies con obras de Anka Manshusen. Allen las utilizó en su rodaje. Ahora están expuestas en Núremberg. Vi,Mi Art está expandiendo sus fronteras y ahora ya trabajan en proyectos en Alemania, Londres y Nueva York.
Ahora, además, están expandiendo su empresa a tareas no sólo lucrativas. También han prestado sus servicios a organizaciones no gubernamentales, como la ampurdanesa Somos Uno, que denuncia la prostitución infantil en Tailandia, a la que han aportado obras de arte y trabajos de gestión.
Vínculos afectivos entre empresario y pintor
Los artistas con los que trabajan tienen edades que oscilan entre 30 y 60 años y, en general, "no se saben vender", aseguran las socias de Vi, Mi Art. Para eso están ellas: "El empresario, si es un artista de renombre, se toma el asunto muy en serio. Y una vez ha abierto la puerta al arte, está receptivo a cualquier otro proyecto". Tanto Neus como Sonia coinciden en destacar los vínculos afectivos que se crean entre empresario y pintor: "Es impresionante. Rápidamente, el empresario ya le ha recomendado a todos sus amigos".
No sólo los pintores realizan cuadros personalizados para ocasiones festivas. El empresario, si aprecia mucho la obra de un artista, puede incluso llegar a proponerle que se concentre en la pintura de tres o cuatro obras al año, con la manutención incluida.
Vi, Mi Art no sólo colabora con empresas. También lo hace con particulares: "Una vez trabajamos para alguien que tenía un estudio de interiorismo. Escuchas la necesidad y planteas las opciones. Le creamos una caja de luz en las escaleras con lienzos de pétalos de rosa, que daban luz y animaban". Y hay quien les pide ejemplares de coleccionistas como podría ser una obra de Picasso o de Van Gogh. Con estas piezas, confiesan, tienen mucho cuidado administrativo. Siempre se aseguran de que todo esté catalogado y en regla.
¿Qué es esto?Compartir:
Puedes utilizar el teclado:
Texto
© Diario EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 337 8200
© Prisacom S.A. - Ribera del Sena, S/N - Edificio APOT - Madrid [España] - Tel. 91 353 7900