MATT RICHTEL/NYT - San Francisco - 31/03/2007
La era de las empresas de Internet tal vez esté cediendo paso a la era de las empresas energéticas en Silicon Valley. De las cenizas de la quiebra de Internet, han surgido muchos veteranos de la tecnología que se han reagrupado y encontrado un nuevo objetivo en la energía alternativa: generar energía eólica, paneles solares, plantas de etanol y coches de hidrógeno.
No es un secreto que los inversores de capital riesgo han empezado a inyectar miles de millones en nuevas empresas energéticas con nombres como SunPower, Nanosolar y Lilliputian Systems. Pero ese interés se está extendiendo ahora a muchos otros profesionales de Silicon Valley: abogados, contables, agentes de recursos humanos y publicistas, todos se han sumado a la causa desarrollando prácticas relacionadas con la energía.
Las mejores facultades de Económicas bombardean a las nuevas empresas energéticas con currículos. Y, por supuesto, hay empresarios de todas las procedencias ?pero en especial ex empresarios de Internet? que expresan su asombro y su propósito ante la idea de transformar el mercado energético interior, que mueve 1 billón de dólares, y al mismo tiempo salvar el planeta.
"Es como 1996", dice Andrew Beebe, quien durante el auge dirigió Bigstep.com, que ayudaba a pequeñas empresas a vender por Internet. Hoy es presidente de Energy Innovations, fabricante de paneles solares de bajo coste. "Silicon Valley ha encontrado un nuevo punto caliente", asegura.
Beebe considera que el potencial de Silicon Valley para generar cambios es enorme. Pero advierte que se está produciendo una fiebre, de ésas que podrían conducir a una excesiva inversión y a una mala planificación.
"Vemos el surgir del lado negativo de la actividad de la burbuja", afirma. El creciente auge energético forma parte de un repunte más general que beneficia a todo tipo de nuevas empresas, entre ellas muchas de Internet. Pero para muchos de los que trabajan en Silicon Valley, la alta tecnología ha cedido paso a la "tecnología limpia", como se denomina a las innovaciones que ahorran energía y respetan el medio ambiente. Menos de moda está "verde", una palabra que sugiere más interés por el medio ambiente que por el beneficio.
Las similitudes con anteriores burbujas son evidentes, pero Silicon Valley siempre ha avanzado en círculos. Es una especie de fiebre del oro renovable, un principio de creación de riqueza y de tecnología que siempre busca algo en torno a lo cual organizarse. En este caso, el sector de la energía no está tan alejado de las especialidades de Silicon Valley como puede parecer.
El mismo silicio usado para fabricar microprocesadores de ordenador convierte la luz del sol en electricidad en los paneles solares, mientras que la ciencia biológica utilizada para hacer nuevos fármacos puede emplearse en el desarrollo de un mejor método para elaborar el etanol.
Más en general, los participantes en todo esto dicen que el sistema de creación de nuevas empresas e industrias es fácilmente transferible al mundo de la energía. Pero algunos se preguntan si esto es sólo un eco del excesivo optimismo con el auge de Internet. E incluso los más implicados en la tendencia dicen que los inmensos obstáculos son equiparables al tamaño de la oportunidad de mercado que encierra la energía.
Crear una empresa de tecnología limpia "no es como crear una empresa jurídica de autoservicio por Internet", explica Dan Wahley, director ejecutivo de Climos, una empresa de San Francisco que desarrolla procedimientos orgánicos para eliminar el carbono de la atmósfera. "La credibilidad científica es la principal moneda que rige eso en lo que yo trabajo".
No especifica qué es "eso". Por razones competitivas, Whaley se niega a dar detalles sobre la tecnología de su empresa. En el equipo asesor tiene destacados científicos, como su madre, Margaret Leinen, directora de ciencias geológicas en la National Science Foundation. En el pasado ciclo de Silicon Valley, Whaley recibió ayuda de su padre. En 1994, hizo desde el salón de su padre parte del trabajo inicial de GetThere.com, un sitio de viajes. Salió a bolsa en 1999 y lo compró Sabre por 750 millones de dólares en 2000.
Los emprendedores afirman que esta vez no esperan beneficios tan rápidos. Durante el auge de Internet, el mantra era cambiar el mundo y enriquecerse con rapidez. Esta vez, dado el tamaño y el alcance del mercado energético, la idea es cambiar el mundo y enriquecerse aún más, pero más lentamente.
Los que se ven atraídos por el sector de la energía alternativa dicen que necesitan tiempo para entender la tecnología energética, y convertir las ideas en empresas sólidas. Después de todo, y a diferencia del auge de Internet, esta vez las empresas necesitan productos manufacturados y clientes
reales.
Pero lo que todos persiguen es, claramente, el dinero. Según Cleantech Venture Network, un grupo comercial del sector, en los primeros tres trimestres de 2006, las empresas de capital riesgo invirtieron 474 millones de dólares en una amplia gama de nuevas empresas de Silicon Valley especializadas en almacenamiento, generación y eficacia energética. La energía fue con mucho el área de interés de mayor crecimiento, y la cantidad fue equivalente a la invertida en las telecomunicaciones y la biotecnología.
Pero la cantidad de dinero implicada es aún relativamente pequeña en comparación con la de los años de auge. En total, de acuerdo con el Centro para el Estudio Continuado de la Economía Californiana, con sede en Palo Alto, la inversión de capital riesgo del año pasado fue todavía menos de un tercio de los casi 34.000 millones de dólares empleados por los inversores de capital riesgo en la región en 2000, el punto máximo de la burbuja.
"Esto no es el año 2000. No se percibe en la calle como entonces", comenta Stephen Levy, director del centro. Pero, añade, "no cabe duda de que empieza a parecerse".
Levy afirma que Silicon Valley aprovecha el interés de la gente por encontrar fuentes de energía y el compromiso de las autoridades de crear subvenciones y políticas que promocionen dichas fuentes. Aún así, dice, las empresas son claramente arriesgadas.
"Muy pronto ?dentro de dos o cuatro años? tendremos una idea de si algo de este capital riesgo ha conseguido productos o servicios que valga la pena sacar al mercado", afirmaLevy.
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