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LUIS DANIEL IZPIZUA

Futuro imperfecto

LUIS DANIEL IZPIZUA 08/11/2007

 
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Parece ser que los chinos han decidido acercarse a Anoeta e invertir en la Real Sociedad. El hecho de que los inversores sean chinos le ha añadido exotismo a la noticia, pero habría sido lo mismo si hubieran sido de Winchester; en realidad, el principal promotor de la iniciativa creo que es un guipuzcoano. Lo fundamental, fíjense, es que, sean de donde sean, esos señores son empresarios y van a situar el negocio donde hay que situarlo. Lo de la chinoiserie es accidental, una cuestión de oportunidad que viene a liberar a la Real de su local pandillismo, ya saben, mucho sentimiento, mucho cobijo público y pocas cuentas claras. Esos señores creen que el eusko-fútbol da para mucho más que para su actual penuria y que pueden potenciarlo con el fin de montar su gran negocio, a saber, la promoción del fútbol en China, una mina. Harán, pues, de la Real un equipo chino. Sin embargo, no debe cundir la alarma, porque cuanto más chino sea, más lo vestirán de vasco, y dirán con propiedad "Gora Euskadi askatuta" y "ni euskalduna naiz", y hasta harán arpegios con las palabras, ya que alguna vasca habrá que signifique lo mismo que alguna homófona china, y la verdad es que escrita en caracteres chinos bien puede resultar que "Gure Erreala" sea una palabra armenia. Así que, a no desanimarse, porque, fíjense en lo que voy a decir, el nacionalismo es la gran ideología empresarial del momento, en realidad es la ideología empresarial par excellence.

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El nacionalismo es la gran ideología empresarial del momento

Yo les he solido decir aquí que Euskadi no es un país sino una sociedad anónima. Lo he dicho de forma intuitiva, olfateando un hecho que no pienso, además, que constituya una excepción. Países, lo que se dice países de verdad, quedan ya unos pocos y el resto tiende a ser un conglomerado de microclimas, estaditos-sociedad anónima en ardua competición entre sí y tratando de sacar ventaja de su abandono de las responsabilidades. Todos ellos tratan de aplicar además la misma fórmula para salir adelante, es un festival de calcamonas. No tienen más que fijarse en Europa, donde la proliferación de microclimas es inagotable y todos quieren ser el último tigre, a la medida del irlandés o del lituano, con ventajas fiscales a tutiplén y compraventa de cerebros, condimentado todo ello con fandangos nacionalistas y castañuelas xenófobas. Europa, que nació para unir, camina hacia un proselitismo de parcelitas-granjas de prosperidad aborigen. No sé, tal vez sólo queden Francia y Alemania, que acaso terminen uniéndose y acaben absorbiendo a todos estos satélites una vez que se les haya agotado la fórmula y pasen de calcamonas a pintamonas.

Todas estas reflexiones me las hacía tras leer en la prensa local una entrevista a Pedro Luis Uriarte, presidente de Innobasque, uno más de los múltiples inventos terapéuticos lakuanianos. En un momento de la entrevista, el señor Uriarte habla de las limitaciones de Euskadi y entre ellas cita la falta de grandes empresas y la pérdida de los grandes centros de decisión, limitaciones que considera superables. Ajá, si no hay grandes empresas ni grandes centros de decisión, creémoslos, creemos una gran trama industrial-tecnológica bajo la batuta, el control y la intervención de nuestro gran timonel, el Gobierno vasco. El resto de la entrevista no consiguió borrarme esa impresión, sino que la alimentó, impresión que salió reforzada tras leer en este periódico el reportaje de José Luis Barbería sobre los empresarios vascos. Reveladoras las palabras que se le atribuían a Ibarretxe ante los directivos de Confebask: "Dejadnos a nosotros y seguid el consejo de mi aitite, que decía que no había que meterse en política". O sea, no opinéis y ateneos al dogma y a las directrices patrióticas. Si cualquier atisbo de insumisión al nacionalempresarismo puede conllevar, además, riesgos de ser apartados de la patria-factoría, las cosas quedan meridianamente claras.

Dicen que vienen los chinos a invertir en más patria y la verdad es que me trae sin cuidado. Eso sí, tendrán que ser txinos. Lo serán, sin duda.

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