San Sebastián rescata el 'boom' cultural de la 'belle époque'
La sala Kubo muestra el arte vasco de comienzos del XX
Hablar de cubismo, fauvismo, impresionismo o futurismo implica, a menudo, recordar a Picasso, Matisse, Monet o Boccioni. A partir de mañana, San Sebastián demostrará que el modernismo y las vanguardias también tuvieron sus representantes entre los artistas vascos. La sala Kubo, ubicada en el palacio Kursaal, acoge la exposición 1900-1936. Donostia-Biarritz. Del modernismo a las vanguardias, una mirada a las primeras décadas del siglo XX que busca representar gráficamente la evolución del arte vasco hasta la Guerra Civil.
La muestra permanecerá abierta al público hasta el 4 de octubre, dos meses durante los cuales se sucederán visitas guiadas y actividades para escolares. La exposición coincidirá en temática con la programación de la Quincena Musical, ya que el festival tratará la etapa entre 1900 y 1936, el tiempo en el que fueron creadas las 77 piezas que componen la exposición.
77 obras recogen la evolución de la pintura anterior a la Guerra Civil
La muestra comienza cronológicamente en el umbral del siglo XX. Las obras de Sorolla, Dupuis, Huc y Etcheverry saludan al visitante. Con el primero, en la estela de Monet y Manet con una nueva concepción del instante, la luz y los efectos ópticos, la exposición apunta que los movimientos artísticos previos a las vanguardias irrumpieron en Euskadi. Sin embargo, "no cambió la temática", explica Edorta Kortadi, comisario de la muestra.
Unos metros más allá, el costumbrismo, con obras de mayor tamaño, aparece ante los ojos del visitante. Zuloaga demuestra que el dibujo con carboncillo y las representaciones de las élites lo elevaron a la cumbre de pintores representativos de la región. Más adelante, Eduardo Lagarde mezcla vanguardia cubista con tradición temática.
Y el visitante llega a los años 30 del siglo XX, en los que el surrealismo de Nicolás de Lekuona y el primitivismo de Oteiza demuestran que algo había empezado a remover las bases del arte vasco.
El recorrido por la exposición muere con una presentación fotográfica que pone ambiente y caras a todos aquellos artistas y personajes sin relevancia pública que escribieron con sus acciones y sus obras las primeras décadas del siglo XX en Euskadi.
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