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CENTENARIO DE ELIAS CANETTI

Todo era teatro

C. D. 16/07/2005

 
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EL TEATRO de Canetti, a pesar de su originalidad e intensidad dramática, ha tenido muy poca presencia en los escenarios, tanto alemanes como extranjeros. Y no debido a la falta de desarrollo psicológico de los personajes o la crudeza de los sucesos escénicos, según el reproche más común -el teatro de Elfriede Jelinek es canettiano ciento por ciento e internacionalmente exitoso-, sino al desplazamiento temporal sufrido por la expulsión de su autor de Viena. Si Canetti hubiese podido acompañar las representaciones de sus feroces piezas de los años treinta, La boda (1932) y Comedia de la vanidad (1934), en vez de esperar cuarenta años su puesta en escena, habrían tenido una acogida muy distinta. El exilio ahogó el ímpetu teatral de Elias Canetti.

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"Creo que todo lo que hago es, en su núcleo, de naturaleza dramática", afirma en La lengua salvada. Como dramaturgo, el joven autor de Auto de fe se mostró aún más duro que como novelista; la severidad de los parámetros éticos compite con lo inexorable de su figuración. El teatro de Canetti es teatro de tesis: su modelo es Aristófanes; su método, la abstracción. Con tal finalidad despoja a sus personajes de cualquier atributo de humanidad y de sus corsés morales, y los hace actuar impulsados únicamente por instintos primarios. La boda enfila con rigor el sistema de ansias y delirios de una comitiva nupcial pequeño-burguesa, aplicada a enriquecerse y a aprovecharse del otro. La comedia de la vanidad conjuga, con los medios de lo grotesco, toda la gama de manipulación demagógica y sometimiento individual de un estado totalitario en el que está proscrita la vanidad. Los emplazados (1953), la manifestación más radical y racionalizada de la rebelión contra la muerte en la obra de Canetti, imagina una sociedad apresada en una dictadura de la muerte que predetermina a cada ciudadano, desde que nace, el día y la hora de su fallecimiento. Durante décadas la incomprensión de las turbadoras propuestas estéticas y el recelo a enfrentarse con el contenido denunciatorio del teatro de Canetti han impedido su (re)descubrimiento; ya es hora de atreverse con sus propuestas.


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