ROCÍO GARCÍA 22/03/2008
Desde niño buscaba una ventana al mundo. Era un chico de 14 años y, "en medio de un franquismo gris, con curas, monjas y churros", entraba en el cine y salía diferente. Es entonces cuando Gerardo Vera inicia su colección única de carteles de cine. Se llevaba así a casa los sueños que había encontrado en la oscuridad de la sala. "Cuando salí de ver El demonio del mar yo quería ser Richard Widmark". También quiso ser Frank Sinatra o Clark Gable. Tantos como películas veía en el cine de su infancia, en Miraflores de la Sierra (Madrid). Ahora esos carteles inundan la vivienda madrileña de este escenógrafo, cineasta y dramaturgo, actualmente director del Centro Dramático Nacional y con una versión del Rey Lear en cartel en Madrid. Detrás de las puertas, en el pasillo, por el suelo de su estudio... A cada paso te topas con parte de la historia del cine. Los 101 carteles de esa colección se mostrarán a partir del 4 de abril dentro del marco del Festival de Cine Español de Málaga. La selección la ha realizado el propio Vera, buscando, entre los más de trescientos que guarda en trasteros y buhardillas, los títulos que a él más le fascinaron de joven y que puedan ser significativos para el público. Se entusiasma repasándolos una y otra vez y te acompaña por todas las habitaciones de la casa para ir mostrando sus tesoros. Los ha cuidado de manera especial, sobre todo los más antiguos, y los ha ido enviado a restaurar a Estados Unidos para lograr que los pliegues del papel -"te los daban doblados en cuatro"- se difuminen y que los dibujos no pierdan sus colores originales. En el dormitorio guarda una joya: el cartel que el pintor norteamericano Norman Rockwell hizo para la película El filo de la navaja. Y en el estudio muestra el primero que compró en 1952, El mayor espectáculo del mundo, o el último, que lo tiene todavía extendido en el suelo y que lo adquirió en Barcelona hace poco, Como un torrente, con Frank Sinatra y Dean Martin de protagonistas. Dice Gerardo Vera que todavía le quedan 30 o 40 piezas importantes para completar esta colección tan personal. Por ello viaja cada año a una subasta que se celebra en Barcelona para buscar aquellos que anhela desde hace tiempo, como el de Niágara o Río sin retorno. Allí, por ejemplo, encontró, hace tres años lo que este artista de 61 años considera el gran tesoro de sus tesoros y como tal será el eje de la exposición: el tríptico de Lo que el viento se llevó, por el que pagó 3.000 euros y en el que junto al cartel central del filme aparecen dibujados a cada lado los rostros de Vivien Leigh (en rojo) y Clark Gable (en azul).
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