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ANÁLISIS

Contra Casandra

Xavier Vidal-Folch 23/08/2008

 
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Hay que llevar la contraria al sindicato de los tristes. Contra los Casandra, los periódicos todavía existen. En todo caso, pervive el periodismo.

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Nuestra prensa afronta una doble crisis. La específica del sector, pespunteada por la caída de las difusiones en el mundo desarrollado (UE y EE UU), desde hace un largo decenio, sólo compensada por su ascenso en los zonas emergentes (India, Suráfrica y Latinoamérica).

Y la que es consecuencia de la incipiente estanflación económica general: drástico derrumbe de la publicidad, erosión de las promociones... Esta crisis, por grave, gravísima, dejará secuelas. Pero se remontará: los ciclos; la vida, ya todo se comprende.

La crisis específica exhibe peor cornamenta. Arrastra un cambio de paradigma: emisores y receptores se ecualizan en la Red; se acabó lo vertical, impera lo horizontal. Implica una revolución, por la que la imprenta- industria cede paso a la pantalla-servicio. Supone un hermoso revolcón al oficio del periodista: hay que escuchar más, dictar menos, esa vuelta a los orígenes.

Y así, la némesis del papel al digital, o mejor dicho, del papel a la mezcla de papel y digital (y al mestizaje de otros soportes, como ayer la televisión y anteayer la radio), genera novedades apasionantes.

Nace el citizen’s journalism: ustedes, enviando fotos desde Londres el 7 de julio, aupándose a los blogs, contrariando a nuestros santones... Surge la información hiperlocal, que crea comunidades virtuales, partiendo de la información concretísima, para trenzar lazos de comunicación próxima, de barrio. Se funden las técnicas de papel y digital, una empuja a la otra, muchas veces abocando a la integración de las redacciones, esa apuesta por lo virtual. Aunque los resultados aún lo deben casi todo al diario convencional. Se exploran nuevos soportes, como las noticias por teléfono móvil: paisista adicto, todo a su alcance.

A su alcance, y a su modelaje, esta hermosa revolución estructural, que ahora se complica y dobla de reconversión coyuntural, más difícil todavía.

Más difícil. Faltan reglas. El periodismo añejo las consagraba en códigos deontológicos, manuales, libros de estilo: no confundir información y opinión; contrastar en varias fuentes; buscar la independencia, especialmente respecto de uno mismo... O sea, la calidad. ¿Cómo las traducimos ahora a los nuevos soportes?

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