W. O. - Londres - 31/10/2006
Tony Blair ha lanzado la alarma. El primer ministro británico ha advertido de que el cambio climático puede tener consecuencias "desastrosas" y ha hecho un llamamiento para que se tomen medidas de inmediato. El Gobierno británico dio ayer a conocer un informe sobre el impacto que puede tener el calentamiento del planeta en la economía. Las medidas que hay que tomar para evitar graves consecuencias -como la pérdida de parte de la agricultura, la sequía, el calor, la subida del nivel del mar o el aumento de las enfermedades- debido al calentamiento del planeta costaría el equivalente a un punto del PIB mundial. Si no se invierte, advierte el informe, las pérdidas multiplicarán por 20 esa cifra.
Nicholas Stern propone cuatro maneras de recortar las emisiones: reduciendo la demanda de bienes y servicios intensivos en emisiones, incrementando la eficiencia, actuando en emisiones no energéticas (como la deforestación) y cambiando hacia tecnologías limpias en electricidad, calefacción y transporte. El economista británico enfatizó ayer que una de las actuaciones más baratas y más eficientes sería frenar la deforestación, causante de un 18% de las emisiones en 2000: es la segunda causa más importante de emisiones, detrás de la electricidad (24%) y por delante de la industria, el transporte y la agricultura (14% cada una).
Tan solo ocho países acumulan el 70% de la deforestación, con Brasil (que pierde 3,10 millones de hectáreas de bosque al año), Indonesia (1,87 millones), Sudán (589.000), Myanmar -la antigua Birmania- (466.000) y Zambia (445.000) a la cabeza. Los países más desarrollados tendrían que ayudar a los países forestales compensándoles por las pérdidas que supondría dejar de explotar esa fuente de actividad. Primero, porque son más ricos, y, segundo, porque son históricamente los que más han contaminado.
Stern sostiene que las políticas de reducción de emisiones no sólo son deseables, sino que en ciertos aspectos son rentables económicamente porque crean nuevas oportunidades (los mercados para productos de energía baja en carbono pueden tener un valor de 500.000 millones de dólares al año en 2050) y pueden reducir ineficiencias (los gobiernos gastan cada año 250.000 millones de dólares en subsidios energéticos).
Stern propone que las políticas para reducir emisiones se basen en tres elementos esenciales: poner precio a las emisiones de carbono, fomentar las políticas tecnológicas para hacer más rentables las energías no fósiles y eliminar las barreras que impiden un cambio de comportamiento frente al problema del cambio climático.
Poner precio al carbono significa que quien más contamina, más paga. Con ello se consigue desincentivar las actividades económicas más contaminantes al encarecerlas. Hay varias formas de poner precio al carbono: con medidas fiscales, con mercados de carbono o con regulaciones que penalicen la contaminación. El mercado de emisiones tiene a juicio de Nicholas Stern la ventaja de que introduce factores de eficiencia porque hace más rentable para las empresas el producir sin contaminar: cuanta más necesidad tengan de contaminar más tendrán que pagar porque deberán comprar a otras empresas sus derechos de emisiones.
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