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José Comas, Berlín

La presentación de 'Crónicas del linfoma', del corresponsal de EL PAÍS, coincide con la segunda edición del libro

JUAN CRUZ - Madrid - 20/05/2009

 
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José Comas, el corresponsal de EL PAÍS en Berlín que murió de cáncer hace un año y dos meses, escribió durante el periodo de su enfermedad, un linfoma, una serie de crónicas que encabezó como si fuera un enviado especial a su propia enfermedad; envió las crónicas, que alternó hasta el momento de su muerte con su trabajo como periodista en la capital alemana, a un grupo de amigos a los que llamaba el cuerpo místico; esos amigos, a su vez, enviaron las crónicas a otros, hasta que esta rueda de corresponsales de Comas se convirtió en una gran orquesta de amistad.

"A los que ahora dicen que hay crisis él les hubiera enseñado qué es de verdad una crisis, porque las vivió en América, en Europa..."

Ahora esas crónicas que conocieron sus íntimos y sus seguidores, una legión de amigos, está en libro. Este miércoles se presentó en el Centro Asturiano de Madrid, ante un público que siguió con emoción las peripecias de Pepe; el acto acabó con la interpretación de Asturias patria querida. De todo lo que se dijo a Pepe le hubiera extrañado una cosa: no se habló de fútbol, su pasión casi religiosa.

La presentación del libro, editado por Rey Lear, ha coincidido con la aparición de la segunda edición de Crónicas del linfoma, según anunció el editor, Jesús Egido. "En estos tiempos", dijo Egido, "llegar a una segunda edición es como el milagro de Lourdes". El milagro se debe a la constancia con la que Ana Lorite, la mujer de Comas, se empezó en lograr que estas crónicas fueron la expresión de su compañero por agarrarse a la vida, con valentía, entereza y sentido del humor. Esos valores son precisamente los que destacó el periodista Miguel Ángel Aguilar para subrayar la actitud profesional con la que Comas no sólo abordó el oficio sino esa misma contingencia dramática de la vida, la lucha por sobrevivir al ataque de un enemigo tan artero y terrible como el cáncer.

Acaso fue el carácter asturiano de Pepe, que creía que sus paisanos y él descendían directamente del arrojo de Don Pelayo, el que le dio fuerza para plantear esa lucha que en Crónicas del linfoma se cuenta sin dramatismo, como una consecuencia natural del hecho de estar vivo... La historia que se cuenta, dijo Aguilar, "es emocionante y certera", como suelen ser las crónicas que hace, dijo el veterano periodista, "la gente que cree en este oficio". Como en otras asignaciones profesionales, "el estaba ahí para contarlo", sin vuelo en el verso, derechamente, y con la capacidad de externalización de su dolor que distingue, por cierto, no sólo el libro sino el propio concepto del periodismo que ejerció Pepe Comas.

Un joven colega, Guillermo Altares, habló de la actitud profesional de Comas como un ejemplo de lo que es capaz un periodista en tiempos de crisis; "a los que ahora dicen que hay crisis él les hubiera enseñado qué es de verdad una crisis, porque las vivió en América, en Europa...", y las vivió en propia carne. "A los colegas jóvenes nos regaló la esperanza en el oficio".

Ana Lorite, su compañera, leyó un poema de Dylan Thomas, No entres sumiso en esa gran noche", que termina así: "Rebélate contra la muerte de la luz". Comas se rebeló, como se rebeló Favila, el hijo de Don Pelayo (y Ana Lorite llamaba Favila a Pepe), y esa rebelión convierte este Crónicas del linfoma "en un libro sobre la vida, no en un libro sobre la muerte". Aquí, dijo Lorite (así la llamaba él, en sus crónicas), "está Pepe en estado puro", "un enviado especial, como decía su gran amigo Melchor Fernández, su colega, a su propia enfermedad".

Después de escuchar Asturias patria querida, interpretada por el músico Mario Cordero, alguien comentó al oído del cronista: "¡Que hubiera dicho Pepe si está en un acto en el que nadie cita al Sporting!" Pues no lo citó nadie, pero ahí estaba presente, en una fotografía que colocó Miguel Munárriz, delegado de Asturias en Madrid, periodista también, e hijo del que fue legendario portero del equipo favorito del cronista de Cangas.


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