LOURDES MORGADES - Sidney - 28/07/2008
Emma Louise Foster murió sola en su casa, a las afueras de Melbourne (Australia), el pasado 4 de enero. La encontraron abrazada a un oso de peluche que sus padres le habían regalado en su primer cumpleaños. Emma se suicidó cuando tenía 26 años por una sobredosis. Ella y su hermana menor, Katherine, que ahora tiene 22 años, fueron repetidamente violadas cuando iban al colegio del Sagrado Corazón de Oakleigh, al sur de Melbourne, entre 1988 y 1993, por el sacerdote Kevin O'Donnell, sentenciado, en 1995, a 19 meses de cárcel por numerosos abusos sexuales y fallecido en 1997.
Emma se suicidó a los 22 años y su hermana Katerina se volvió alcohólica
Eric Fleissig sufrió abusos durante los dos años que vivió en la rectoría
Emma jamás superó el trauma: a los 17 años era adicta a las drogas y sufría bulimia. Katerine se hizo alcohólica en la adolescencia y, en 1999, fue atropellada por un conductor borracho. Sufre graves secuelas físicas y mentales. La trágica historia de las dos hermanas, cuyas vidas destrozadas por los abusos de un sacerdote han conmocionado a toda Australia en la reciente vista del Papa a Sidney, es el más conocido de los varios miles de casos declarados de abusos sexuales cometidos por clérigos católicos en el país.
La incansable campaña de denuncia emprendida por los padres de Emma, que durante años batallaron ante los tribunales rechazando toda compensación económica de la Iglesia, responde a su objetivo de lograr que otros padres estén más atentos ante el peligro de la pederastia. "Éste es el legado que nos ha dejado Emma, ayudar a prevenir casos como el suyo", afirman Anthony y Christine Foster, que el pasado lunes abandonaron Sidney decepcionados por no haber sido recibidos por el Papa. Habían solicitado una audiencia para obtener no sólo disculpas del Papa en nombre de toda la Iglesia, sino también el compromiso de Benedicto XVI de que tomaría medidas para evitar futuros abusos sexuales del clero.
Según los datos de Broken Rites, asociación australiana que asiste a víctimas de abusos sexuales de la Iglesia, más de la mitad (55%) de los denunciantes de casos de abusos sexuales en la infancia son hombres. Las mujeres, que representan el 45%, también padecieron, en su mayoría, abusos durante la niñez, aunque un significativo número los sufrió de adultas, en momentos de vulnerabilidad, como los de soledad, una separación o un matrimonio infeliz. La mayoría de las denuncias se hacen muchos años después de haberse producido los abusos.
Geoff Fitzpatrick, de Tasmania, reconoce haber sido un niño rebelde. Hijo de familia numerosa, sus padres, alcohólicos, no podían con él y, en 1969, cuando tenía 12 años, le ingresaron en el orfanato católico de San Agustín, al oeste de Melbourne. Afirma que allí fue violado, al menos en 14 ocasiones, por el sacerdote William Stuart Houston y que fue objeto de numerosos abusos físicos durante los dos años que permaneció en el orfanato. Casado desde hace 18 años y con hijos, Fitzpatrick denunció su caso a la policía en 1996. Houston fue encausado por sodomía y abusos indecentes -la fiscalía decidió no presentar acusación- y ahora vive retirado en una residencia de Hermanos Cristianos de Melbourne.
"Me he pasado media vida del psicólogo al psiquiatra y no consigo quitármelo de la cabeza", afirma Fitzpatrick, quien sufre de angustia y pesadillas. Los informes médicos coinciden en que los abusos sexuales de que fue objeto en la infancia han afectado seriamente su capacidad para hacer frente a la vida, en especial a la familiar. "¡Quiero que admita su culpa! ¡Quiero arrancar toda la maldad que me hicieron! ¡Quiero que nadie vuelva a pasar por lo que yo pasé!", clama.
Stephen Woods, de 46 años, es profesor en un instituto de Melbourne. De niño fue a la escuela Saint Alipius, en Ballarat, donde fue objeto de abusos sexuales por parte de dos sacerdotes, cuando tenía entre 11 y 14 años. "Cuando llamé a las puertas de la catedral para pedir ayuda sólo conseguí que otro clérigo me violara. He padecido fuertes depresiones durante años y sigo teniendo un sentimiento de incapacidad e impotencia que impide que mi vida sea normal", explica Woods. Él, como muchas otras víctimas, esperaba que la visita del Papa a Australia ayudara a curar sus heridas: "No ha habido reparación. Las víctimas no hemos encontrado consuelo. No pidió perdón como lo hizo el primer ministro Kevin Rudd cuando se disculpó ante los aborígenes por el mal hecho en el pasado".
"He perdido la fe y no consigo mantener durante mucho tiempo ni un trabajo ni una relación sentimental", confiesa Eric Fleissig, de 41, de Queensland. Acudió al refugio juvenil de la parroquia de San José, en Tweed Heads, cuando tenía 13 años y carecía de hogar. El párroco, Paul Rex Brown -declarado en 1996 culpable de delitos de pornografía infantil-, le ofreció vivir en la rectoría, donde abusó de él durante dos años. "El Papa era el único que podía ayudarme. Ha sido devastador. Sólo él podrá ayudar a cerrar esta herida", dice.
Rose, nombre bajo el que esconde su identidad, tiene 68 años. Hace cuatro declaró que había sido objetos de abusos sexuales a los 10 años por parte del religioso de la orden de La Salle, Brendan George Carroll, en Cootamundra (Canberra). Brendan, que murió en 1983, se masturbaba delante de ella y otros niños a los que, al igual que a Rose, practicaba penetraciones digitales. "¿Por qué tardé casi 60 años en contarlo? Pues porque nadie me habría creído, y menos acusando a un sacerdote respetado como Brendan", cuenta. Decidió romper el silencio cuando comprendió que su confesión podía ayudar a otros. "La Iglesia católica me robó mi inocencia cuando tenía 10 años y eso ha arruinado mi vida. Siempre he odiado el sexo y eso destrozó mi matrimonio. Entiendo que mi silencio ha sido injusto y desleal con otras víctimas", dice.
Según Broken Rites, 107 clérigos han sido condenados en Australia por abusos sexuales.
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GIRA EL MUNDO, GIRA.
- 28-07-2008 - 20:40:16h
El Clero español está tan ocupado intentando cargarse el gobierno electo de nuestro país, que está descuidando la protección de los niños y niñas, hijos de católicos, que acuden a sus centros religiosos. Y como los padres de estas pobres criaturas están demasiado ocupados manifestándose contra el aborto y la asignatura de EpC, no están velando por la seguridad de sus hijos. ¡ Y alguien tendrá que hacerlo, por el bien de los menores!
50
marlow
- 28-07-2008 - 20:14:38h
A 44. Te recuerdo que la Iglesia se define así misma como la organización más perfecta, pues según ella "es obra de Dios". Así pues, merece más atención que cualquier otro colectivo... Pues pregona la perfección que le viene de origen divino...
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Yogurfres
- 28-07-2008 - 18:56:05h
pues a mi me parece que decir que el celibato hace a los curas pederastas es simplificar demasiado. es cierto que el numero es alarmante, pero no se, hay mucha gente que no practica el sexo y no por ello van por ahi abusando de ninos. tiene que haber algo mas...
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malena
- 28-07-2008 - 18:48:31h
El tema de la violacion no pasa por lo sexual , pasa por el abuso del poder. El problema es el abuso, sexual o no. El tipo te tiene en sus manos y se abusa del poder que tiene sobre tí.La culpa es de los padres que les dan ese poder, de los que los mandan a que sacerdotes católicos( tipos que viven en un tupperware y no tienen idea de sentimientos, pulsiones o de como vivir en este mundo) eduquen a los hijos. Como los van a educar en democracia, solidaridad, libertad, alegría y buenhacer si los tipos estos son unos castrados sociales , reprimidos sexuales, etc etc? No hay que pedir peras al olmo. Que los padres busquen mejores educadores para sus hijos y que el estado proteja a los pobres chicos que no tienen padres ,de esta lacra. La educación tiene que ser laica, si o sí.
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La Iglesia no tiene sentido
- 28-07-2008 - 17:56:41h
El problema está en el sentimiento de poder que llegan a tener, tanto curas en colegios, como polis y demás... El ser humano se corrompe cuanto más poder tiene, se pervierte en gran manera, y desde luego, tener a tu cargo a muchos niños indefensos debe ser para la mayoría, más que una responsabilidad, como una oportunidad de ejercer su poder de las formas más denigrantes que existen. Yo preferiría que me pegaran un tiro antes que sufrir toda la vida el cargo de haber sido maltratadada sexualmente por alguien que debía cuidarme y respetarme.
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