JAVIER SAMPEDRO - Madrid - 22/03/2007
"Un amigo está infectado por un virus y planea contagiar a otros. Algunos morirán. Tu única opción es dejar que ocurra o matarle. ¿Aprietas el gatillo?" Lo preguntan los neurocientíficos Marc Hauser y Antonio Damasio, pero es un dilema moral clásico. ¿Matarías a tu hijo para salvar a 10 personas? La mayoría de la gente responde que no, aun cuando admitan que deberían responder que sí, pero los pacientes de Hauser y Damasio apretarían el gatillo. El estudio demuestra por vez primera que las emociones son esenciales para el juicio moral.
Los pacientes de Hauser y Damasio creen que hacen lo moralmente correcto, puesto que matan a uno y salvan a diez. "Debido a su daño cerebral, tienen unas emociones sociales anormales, carecen de compasión y de empatía [la capacidad para ponerse en la piel del otro]", dice el miembro del equipo Ralph Adolphs, del Instituto Tecnológico de California (Caltech, en Pasadena).
"Los dilemas morales de esas características dividen internamente a la mayor parte de la gente, pero no a estos pacientes que hemos estudiado", afirma Damasio, último premio Príncipe de Asturias de investigación. El enfoque filosófico dominante ha sido el racionalista, que sostiene que la moral del individuo proviene de unos principios abstractos y del razonamiento consciente sobre ellos. Desde los años noventa, sin embargo, los estudios que han examinado la actividad cerebral asociada a tareas morales han apuntado una y otra vez a circuitos emocionales bien conocidos. Pero esa mera correlación no es ninguna amenaza para el racionalismo: podría no deberse a que la moral sea emocional, sino a que sea emocionante.
Los laboratorios de Antonio Damasio, de la Universidad de Iowa, y Marc Hauser, de Harvard, presentan hoy en Nature la demostración de ese nexo causal: la primera prueba experimental de que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos.
Damasio y Hauser han examinado a seis personas con daños muy localizados en el córtex prefrontal ventromedial (VMPC), uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro, muy estudiado desde el 13 de septiembre 1848, cuando una explosión accidental disparó una barra de hierro de un metro de largo y seis kilos de peso exactamente hacia el VMPC de Phineas Gage, el capataz de una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril. Sobrevivió, y sin daños en la capacidad del lenguaje ni en otras funciones intelectuales. Pero como dijo poco después un amigo suyo: "Este hombre ya no es Phineas Gage".
"Lo que es absolutamente asombroso", prosigue Hauser, "es lo selectivo que es el déficit. El daño en los lóbulos frontales deja intacto un conjunto de capacidades para resolver problemas morales, pero daña específicamente los juicios en los que una acción repugnante se pone en conflicto directo con un fuerte resultado utilitario".
El "utilitario" viene del utilitarismo, la moral del "mejor cuanta más gente quede satisfecha", o feliz, según versiones.
"Nuestro trabajo aporta la primera evidencia causal del papel de las emociones en los juicios morales", afirma Hauser. "Esto no quiere decir, sin embargo, que todo el razonamiento moral dependa de las emociones de manera tan fuerte".
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Agustin
- 23-11-2008 - 17:04:53h
El comentario adecuado seria "no comment" . No obstante es tal su frivolidad que la cosa merece unos comentarios: 1º El gran logro de estos señores es convertir la charlataneria en su "modus vivendi" -claro que para ello hay que estar comodamente aposentado- Hasta el hombre menos inteligente sabría que el resultado obtenido depende de los actos realizados, y no al contrario como pretenden estos señores plantear la cuestión, muy en la línea, prágmatica, reacionaria y sofista del mal menor..., enfin la charlatanería está de moda hasta en los circulos ilustrados...
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Angel F.
- 23-03-2007 - 00:54:34h
Tiene razón un comentario anterior que recordaba la "Investigación sobre los principios de la moral" de Hume, donde ya se decía esto (pero a Hume le habría agradado la corroboración empírica, claro). Y el emotivismo ha sido precisamente una de las teorías éticas dominantes en el siglo XX. Está claro que Sampedro está más al día en ciencias que en filosofía; y da la impresión de que flojea también en lógica, porque todo el artículo es víctima de una falacia: pensar que si los juicios morales BROTAN de las emociones, entonces las emociones SON juicios morales (como si dijéramos que los árboles son semillas porque brotan de semillas). John Dewey dixit.
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Benjamin
- 22-03-2007 - 21:38:52h
Decididamente es impensable que haya normas fijas para calificar una actuación como moral. Los racionalistas tuvieron éxito porque al dar un valor absoluto a la norma lo que en el fondo supone eludir el dilema moral. Dicho de otra forma Bentham dio en el clavo: la moralidad se puede cuantificar, lo difícil es completar la ecuación que siempre será de caso y nunca genérica. Algún internauta compara la notica con la publicada por ABC que prefiere tomarlo como un juego de ¿niños? Un poco de seriedad aunque lo cierto es que nuestros moralistas deben andar preocupados ya que este descubrimiento lo que viene a poner en solfa es la idea de la bondad y maldad como bien absoluto e identificable.
21
Dondelasdanlastoman
- 22-03-2007 - 17:43:21h
Otro experimento más de los muchos que demuestran la falacia que representa la autodenominada "posmodernidad". Y la enorme superioridad del enfoque empirista anglosajón sobre el idealismo, subjetivismo y existencialismo de la filosofía continental.
20
Menoslobos
- 22-03-2007 - 17:30:40h
El artículo está escrito desde un punto de vista posmoderno. Y qué se puede esperar de un posmoderno cuando analiza algo que tiene que ver con datos empíricos, con la experiencia, vamos, con la ciencia. Pues nada mas que confusión. Y eso es el artículo, confusión pura y dura. El experimento indica que determinadas emociones están localizadas en un punto determinado del cerebro. Y que si esa parte no funciona, las decisiones que se toman son otras. Por lo demás, siempre es mejor que muera una sola persona a que lo hagan cinco. Exactamente igual (aunque esto no sea una decisión moral) que ante una situación de peligro los conductores no suelen frenar con suficiente fuerza, pero cualquier conductor experto sabe que con ABS lo mejor es frenar a tope, de modo que hay cursos para aprender a frenar, cursos para aprender a controlar las emociones cuando se conduce. Eso sí, según el esquema de pensamiento del autor del artículo habría que seguir frenando a medias.
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