Sábado, 5/12/2009, 09:40 h

ELPAIS.COMSociedad

REPORTAJE

El cura del 'Gallinero'

El padre Agustín Rodríguez tiene como objetivo integrar a los gitanos de la Cañada Real de Madrid

YAQUELINE MALDONADO BARJA - Madrid - 09/08/2008

 
Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 10 votos

No es uno de ellos, pero en cinco años se ha convertido en parte de la familia. Con su barba crecida, una coleta canosa y las ropas 'hippies', el padre Agustín Rodríguez, de 45 años, acude todos las semanas al 'Gallinero', un asentamiento chabolista de 150 familias rumanas (mil personas aproximadamente), situado en la Cañada Real de Madrid, muy cerca de la carretera de Valencia. No oficia misas en el 'Gallinero' pero ayuda a los gitanos en sus papeleos y sus demandas.

El asentamiento chabolista lleva cinco años
Ampliar

De las 1500 personas que viven en el 'Gallinero', la mitad son níños- YM

La noticia en otros webs

Las viviendas de cartón y madera se arremolinan entre los restos de una antigua fábrica, donde empieza la vieja calle de Francisco Álvarez. Esta vía, prácticamente en desuso desde la construcción de la autovía de circunvalación, es un atajo estratégico para los camiones de la basura y volquetas con escombros que se dirigen a la incineradora y escombrera de Valdemingómez. Muy cerca de la desviación muchos niños juegan despreocupados por los camiones que pasan cada día rozando el asentamiento.

La llegada del sacerdote alborota la tranquilidad de los habitantes. Las mujeres están en la puerta de sus chabolas mirando y escuchando atentas lo que dice el religioso, de vez en cuando se nota su presencia por el resplandor de sus dientes dorados. Los hombres desfilan para darle la mano.

Los gitanos ya conocen de memoria el jeep rojo del párroco que los lleva y los trae, según la urgencia. Los niños se amontonan a su alrededor y apenas puede caminar en medio de ese mar de chavales semidesnudos. Con un montón de papeles y pasaportes pasa por las chabolas donde queda pendiente algún trámite.

"Falta una copia de los pasaportes de los niños, debes sacar una y luego dármela para que las lleve otra vez al Ayuntamiento". El rumano escucha con atención las indicaciones del párroco y mueve afirmativamente la cabeza de rato en rato.

El padre Agustín ayuda a los rumanos a empadronarse en el distrito de Villa de Vallecas y gestionar sus tarjetas de sanidad. Los traslada a la ciudad para que regularicen sus papeles o al médico cuando el caso es urgente y cualquier otro trámite. Además vela para que los niños en edad escolar sean incorporados en alguna escuela cercana.

Ion Stefan y su mujer, Lucía, han acudido el martes a hacer sus papeles de residencia. El sacerdote los acompañó hasta la Junta Municipal del distrito para renovar su permiso y fue él quien gestionó los documentos mientras ellos esperaban afuera del edificio. Otra parada obligatoria fue el hospital donde debían renovar la tarjeta de sanidad, pero la falta de algunos requisitos pospuso el trámite unos días. En el trayecto de retorno al Gallinero, la pareja le consulta a Rodríguez sobre un posible derribo de chabolas. "Ante esa situación procuren tener a mano sus papeles y pasaportes, es lo mas importante que deben salvar", les aconseja, mientras los tranquiliza afirmando que en caso de desalojo la Comundiad debe buscarles un nuevo lugar donde ubicarlos.

La mitad de la población son niños

A unos metros de las chabolas una unidad del Servicio de Salud de la Comunidad de Madrid atiende a una decena de niños delgados y sucios que en brazos de sus madres parecen enfermos. Uno de los principales problemas, especialmente los menores de dos años, son las infecciones estomacales porque viven en medio de la basura y hay muchas ratas en el lugar, explica uno de los médicos.

No hace muchos días estas mismas madres tenían que hacer guardia para que las ratas no atacaran a sus hijos pequeños. La proliferación de los roedores movilizó a los gitanos y a la parroquia. El padre Agustín peregrinó hasta al Ayuntamiento para que al menos los camiones basureros recojan la basura que los gitanos amontonaron al borde de la carretera, compraron veneno y aunque no se extinguió la plaga, al menos la población de roedores ha disminuido.

De las mil personas que viven en el Gallinero, la mitad son niños. Es por eso que una de las prioridades del padre y otros voluntarios es apoyar la escolarización de los menores.

"Al principio cuesta convencer a los padres que sus hijos tienen que ir a la escuela. Para ellos un hijo representa una fuente más de ingreso y por eso tampoco controlan la natalidad", sostiene Rodríguez quien ha logrado que este año 150 niños gitanos acudan a diferentes centros del distrito de Villa de Vallecas, 100 más que el año pasado.

Pese a los problemas de adaptación, el miedo y la autoexclusión cada vez son más los menores que acuden a las escuelas. "La marginación en las escuelas es uno de los inconvenientes, especialmente cuando los niños van sucios o son violentos. En algunas los han recibido bien pero en otras les han puesto pegas" lamenta el sacerdote.

"La gente cree que porque los niños están en la carretera pidiendo limosna sólo están ahí para robar, los rechazan y tienen miedo de ellos. Los medios de comunicación han hecho que la sociedad los estigmatice como peligrosos", afirma con preocupación. Su lucha es demostrar que los gitanos rumanos de El Gallinero pueden reinsertarse con apoyo de los demás.

La iglesia de los dolores de cabeza

Dejando a un lado el Gallinero, el sacerdote también debe supervisar las obras de la Iglesia de la Cañada Real, que se encuentra en otro sector, el más peligroso de la zona. El trapicheo y la presencia de toxicómanos es el 'pan de cada día'. Los tiroteos y raptos expréss hacen del ingreso a la iglesia, 'la calle de la amargura'. "Un día me dirigía a la iglesia y empezó un tiroteo, tuve que refugiarme detrás del contenedor de la basura", relata el sacerdote.

Al final de un terreno baldío y al lado de un vertedero clandestino se levanta la construcción humilde de la iglesia, sin vallas ni protectores. Está rodeada por decenas de carros en cuyo interior varios toxicómanos se inyectan. El hall de la iglesia ha sido tomado por los drogadictos quienes se cubren con cartones para no ser molestados. Con signos evidentes de un incendio y convertida en urinario, la iglesia además debe soportar el robo de los cables de electricidad. "No podemos echarlos y aunque lo hiciéramos no se irían, entonces debemos aprender a convivir con ellos" dice resignado el cura de los gitanos.


Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 10 votos

¿Qué es esto?Compartir:

Facebook  delicious  technorati  yahoo meneame myspace

Puedes utilizar el teclado:

aumentar texto disminuir texto Texto   

Otras ediciones

Comentarios - 13

Página 1 de 3

  • 13

    Santiago ( http://opinionciudadano.blogspot.com ) - 09-08-2008 - 20:24:12h

    Es un cura católico, como lo es el cura de pueblo que da los últimos sacramentos a los ancianos y enfermos de un pueblo perdido, el monseñor que es obispo en una diócesis llena de problemas y que procura ayudar a todos como sucesor de los apóstoles, el párroco de una iglesia céntrica donde no va nadie, etc. etc. No podemos ser demasiado simples y pensar que sólo el cura que hace una labor social es el cura. La Iglesia está llena de carismas. Pero la Iglesia no es una ONG. Para salir de dudas, se puede leer Deus Caritas Est.

  • 12

    Luis - 09-08-2008 - 18:47:34h

    Católicos como este sacerdote son los que necesita la iglesia, mujeres y hombres que opten de verdad por los valores de Jesús. Hacen brillar en la Iglesia el mensaje de Jesús, el Evangelio, que es sobretodo una Buena Noticia para los pobres, los oprimidos, como lo hizo Francisco de Asís, el obispo Oscar Romero, Teresa de Calcuta y miles de personas anónimas que dieron y dan su vida por los mas desfavorecidos. Todos tienen en común que optaron por Jesús de forma radical pero también que continuaron dentro de la Iglesia amándola con sus virtudes y defectos

  • 11

    valen - 09-08-2008 - 18:26:27h

    No dudo del buen trabajo de este cura, pero el asunto no es religioso. Los gitanos se pasan la vida de aqui para allá pero sin intención de permanecer en un sitio. A cuántos conocen que se levanten pronto para ir a trabajar ? Siguen viviendo sometidos a sus leyes y de ahí no los sacan, ni a los españoles ni a los rumanos. No les interesa aprender a escribir, culturizarse, etc. lo demás son cuentos y si no, miren a su alrededor.Eso sí, hay gente que va fuera de vacaciones solidarias.

  • 10

    Miguel - 09-08-2008 - 17:26:45h

    Mientras los obispos rezan por la vuelta al rebaño de los descarriados que están a favor del divorcio, del aborto, de la investigación con células madres y de la asignatura Educación para la Ciudadanía, el cura del "Gallinero" se sale del guión y pierde el tiempo ayudando a cuatro pobres marginados que, además de rumanos, son gitanos. ¿Pero de dónde ha salido este cura? ¿A qué espera Rouco para leerle la cartilla?

  • 9

    Roberto ( http://www.robertonavia.com ) - 09-08-2008 - 17:18:31h

    Bien Yakelin, espectacular reportaje. Sos un orgullo para los bolivianos. Escribir en ELPAIS no es poca cosa. Sigue adelante que tu pluma promete mucho. Roberto Navia

Página 1 de 3

Normas de uso
Esta es la opinión de los internautas, no de ELPAIS.com
No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.
Comentario
Datos personales

Última hora

 
Últimas Noticias
Hora Noticia
09:27 Manuel Prado muere a los 78 años en su domicilio de Sevilla
08:22 Triplazo triunfal de Kobe Bryant
04:16 Cae el jefe de Los Zetas en un tiroteo con el Ejército mexicano
03:06 Condena de prisión para los acusados del crimen de Perugia
02:38 ERLICH
 
El angel guardián de los gitanos
Ampliar

El padre Agustín (al medio y de azul) conversa con dos mujeres del Gallinero sobre los problemas que aquejan a éstas- YM

 
 
 
 
asociados otros medios

© EDICIONES EL PAÍS, S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid (España)

Canal de la Sociedad de la Información