JORGE MARIRRODRIGA - Buenos Aires - 22/05/2008
La sociedad argentina asiste entre el horror y el desconcierto a la revelación de los detalles de la muerte de una niña de dos años. Ocurrió el domingo en la localidad bonaerense de Lomas de Zamora. Milagros Belizán fue primero golpeada en la cabeza, luego colgada en una pared y finalmente apaleada sin piedad con tablas y asfixiada poco a poco hasta que murió. Los forenses aseguran que sufrió una "larga agonía" y que ni aun así logró la piedad de sus asesinos. Sus verdugos, una vez detenidos, relataron con toda frialdad hasta los mínimos detalles de su acción y se mostraron, según la magistrada que los interrogó, plenamente conscientes de lo que habían hecho.
Los hermanos pertenecen a una familia violenta y desestructurada
Hasta aquí, el horror; el desconcierto viene cuando resulta que los dos torturadores tienen siete y nueve años y los informes psicológicos subrayan que "fueron fríos y de alguna manera
[el asesinato de la pequeña] les dio placer". En un principio, el crimen fue atribuido a un adulto, cuya casa, situada en una barriada pobre, fue asaltada en una noche de pesadilla. Y los agentes antidisturbios tuvieron que intervenir para impedir su linchamiento.
Pero algo no le cuadraba a la policía. El acusado no respondía como suelen hacerlo los culpables y por la zona alguien había visto a dos hermanos llevando a palazos a la pequeña por la calle. Una vez frente a los agentes, los niños comenzaron a echarse la culpa el uno al otro, pero los policías ya tenían claro que habían sido ambos. El testimonio de los hermanos fue calificado de "conmocionante y durísimo" por los propios expertos encargados de interrogarlos, hombres y mujeres en principio acostumbrados a esta clase de situaciones. Los niños tan pronto pueden ser "ángeles" como convertirse en "auténticos demonios", reza el informe. Los menores pertenecen a una familia desestructurada en la que se repetían episodios de violencia.
El padre había dejado el hogar hacía tiempo y la madre no ahorraba en golpes. Incluso obligaba a una niña a lavar a mano la ropa de todos cada día. Si la pequeña protestaba, la respuesta llegaba en forma de bofetadas. Los investigadores creen que el sadismo demostrado por los niños ha sido aprendido dentro de casa. Los hermanos están en una comisaría, pero las autoridades planean sacarlos del barrio porque los vecinos amenazan con matarlos.
Esta historia ha eclipsado a la de un hombre al que la prensa se ha apresurado a calificar de monstruo de Amstetten argentino, por el parecido de su historia con la del electricista austriaco Josef Fritzl. Eleuterio Soria, que tiene 74 años, encerró a su hija durante una década, desde que la niña cumplió 11 años, abusó de ella y tuvo dos hijos. Por ello, ha sido condenado a 16 años de cárcel. Al escándalo de la historia se ha sumado la de la condena. Cada año de secuestro y abusos sexuales sobre una menor apenas supone, en este caso, una pena de poco más de un año de prisión.
"Solamente se pudieron demostrar tres hechos de abuso sexual, producto de los cuales habrían nacido dos menores, y un tercer hecho que desembocó en la huida de la víctima de su casa" cuando tenía 22 años, indicó el fiscal Sergio Antin en declaraciones a la televisión, informa Efe. Antin destacó que la mujer, de 28 años, vive hoy en pareja y ha tenido otros dos hijos.
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- 22-05-2008
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