EFE / ELPAÍS.com - Barcelona / Madrid - 11/12/2008
Ana María C., la madre de Alba, la niña maltratada en Montcada i Reixac (Barcelona), ha declarado hoy en la primera sesión del juicio a ella y su compañero sentimental, Francisco Javier P., en la Audiencia de Barcelona que no pensó que su hija pudiera correr peligro cuando en marzo de 2006 se quedó a solas con su pareja, que propinó a la menor -que entonces tenía cinco años- una brutal paliza. Completamente opuesta ha sido la versión que ha ofrecido Francisco Javier P., que ha asegurado que Alba estaba en su habitación jugando con Maite -hija del procesado y su anterior pareja- cuando Ana María C. y él oyeron un fuerte golpe, por lo que acudieron al cuarto y encontraron a la niña tendida en el suelo.
La madre de Alba se ha negado a responder a las preguntas del fiscal y de las acusaciones y únicamente ha contestado con frases muy breves y monosílabos a su defensa. Ha asegurado que nunca vio que su hija tuviera moratones y que sólo en dos o tres ocasiones se percató de que, cuando la niña se quedaba a solas con Francisco Javier P., ésta la llamaba, pero no le dio importancia, por lo que el 5 de marzo de 2006, cuando el acusado se quedó a cargo de la menor y la golpeó, no pensó que la niña pudiera correr peligro. La paliza recibida dejó en coma a la pequeña, que quedó en situación de incapacidad absoluta. Francisco Javier P. ha negado haber puesto la mano encima a Alba y ha apuntado que tres o cuatro veces observó en la menor moratones, pero que cuando él preguntaba a Ana María cómo se los había hecho ésta le contestaba que en el colegio.
Según mantiene el escrito del fiscal, los dos procesados, de mutuo acuerdo, maltrataron en varias ocasiones a la niña en su domicilio familiar ya antes de la paliza que la dejó en coma. El fiscal pide 19 años de prisión para la madre y su compañero sentimental por intento de asesinato, violencia doméstica habitual y delito continuado contra la integridad física. La fiscalía también plantea que ambos paguen una indemnización de millón y medio de euros por las secuelas causadas a la niña.
El caso Alba puso en evidencia la descoordinación de las administraciones en la protección de los menores -con anterioridad la pequeña fue atendida por otras lesiones que fueron denunciadas por los médicos- y provocó la firma de un protocolo de actuación entre distintas instituciones para mejorar la atención a la infancia.
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