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Los secretos de 'Una vida con Karol'

El secretario del anterior Papa descubre algunas anécdotas del libro que saldrá a la venta mañana en Italia

EFE - Ciudad del Vaticano - 23/01/2007

 
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Una vida con Karol, el libro en el que el secretario de Juan Pablo II, el cardenal Stanislao Dziwisz, cuenta sus recuerdos y las anécdotas vividas junto al Papa, saldrá a la venta mañana miércoles en Italia y posteriormente en el resto de Europa, informó ayer la prensa local.

Karol Wojtyla

Juan Pablo II

A FONDO

Nacimiento:
18-05-1920
Lugar:
Wadowice
    Ciudad del Vaticano

    Ciudad del Vaticano

    A FONDO

    Capital:
    Ciudad del Vaticano.
    Gobierno:
    Estado eclesiástico.
    Población:
    824 (est. 2008)

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Las memorias de Dziwisz, al que el actual pontífice, Benedicto XVI, nombró cardenal de Cracovia (Polonia), han sido escritas con la colaboración del periodista Gianfranco Svidercoschi y serán publicadas por la editorial italiana Rizzoli. En algunos fragmentos del libro, adelantados ayer por la editorial, se describen anécdotas inéditas de la vida y pontificado del Papa polaco, enmarcadas en su contexto histórico.

Entre estas, Dziwisz cuenta cómo le dejaron entrar a la cena de los cardenales electores, realizada justo después de la elección de Karol Wojtyla, para poder saludarle y éste le susurró al oído una popular expresión en dialecto romano: "Mi hanno eletto Papa. Che li possino...!" (¡Me han elegido Papa, ya les vale...!).

El libro recorre la vida del cardenal polaco desde el momento en que Juan Pablo II le pidió que fuera su secretario, cuando Wojtyla era arzobispo de Cracovia, en 1966. Dziwisz cuenta que cuando Wojtyla era arzobispo de Cracovia ambos sabían que todo el edificio arzobispal estaba repleto de micrófonos y que, por ello, el entonces cardenal se divertía hablando en voz alta, diciendo las cosas que quería que todos oyeran, y elegía la montaña para sus encuentros privados.

El secretario relata que en la frontera polaca, cuando Wojtyla se disponía a viajar a Roma para participar en el Cónclave, la policía le requisó el pasaporte diplomático y le dio uno turístico. "Pase, pase, que ya haremos cuentas cuando vuelva", dijo el funcionario de fronteras a Wojtyla, según su secretario.

El libro revela también detalles del importante viaje de Juan Pablo II a Polonia en 1983, cuando se entrevistó por primera vez con el entonces presidente polaco, el general Wojciech Jaruzelski. Pocas horas después, Juan Pablo II se reunió en un refugio de montaña en Zakopane con Lech Walesa, líder del sindicato Solidaridad, a quien le dijo: "Sólo le quería decir que rezo cada día por todos vosotros".

El atentado contra el Papa

Un capítulo especial es el dedicado al atentado de la Plaza de San Pedro, en 1981, en el que Dziwisz da detalles inéditos sobre las horas posteriores a los disparos y las graves condiciones en las que el Papa llegó al Policlínico Gemelli de Roma, distante varios kilómetros del Vaticano. Pero también reflexiona sobre quién organizó el atentado y se pregunta si "todos los indicios no apuntan al KGB", al tiempo que desmiente que hubieran advertido al Vaticano de la posibilidad de un ataque contra el Papa. El secretario también comenta que sólo tras el atentado, Juan Pablo II comenzó a interesarse por el Tercer Secreto de Fátima, que como se reveló varios años más tarde se refería a dicho episodio.

Dziwisz también explica que la idea de realizar la histórica reunión de todas las confesiones religiosas en Asís le llegó del teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer, asesinado por el ejército nazi y que había imaginado "una asamblea de las Iglesias cristianas contra la guerra".

El cardenal repasa otros episodios vividos por Wojtyla, como el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, "que siguió por televisión y acudiendo a rezar a la capilla" y "que le dejó enormemente preocupado ante la posibilidad de que pudiese desencadenar una oleada de violencia sin fin".

El arzobispo de Cracovia cuenta también algunos momentos de la muerte de Juan Pablo II, como cuando el Pontífice en sus últimas horas de vida buscó con la mirada a una de las monjas que le asistieron durante años, Sor Tobiana, y susurró: "Dejadme ir a la casa del Padre", y todos los presentes cantaron la oración del Te Deum de agradecimiento y no el Réquiem.


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