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ANÁLISIS: ANÁLISIS

Otra verdad incómoda

Enrique Baca García 17/04/2008

 
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Los trastornos mentales son la causa más importante de discapacidad en el mundo occidental. En otras palabras, y desde un punto de vista menos estadístico y más humano, son responsables del sufrimiento de muchas personas en nuestro entorno. Sin duda la forma más extrema en que se manifiesta este sufrimiento son las conductas suicidas. Se calcula que detrás del 90% subyace un trastorno mental. El suicidio es una tragedia por la que mueren cada año un millón de personas en el mundo. Esta cifra es superior a la de muertes por conflictos bélicos y actos violentos. También es mayor que las muertes por otras enfermedades como el sida o el cáncer de pulmón.

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Recientemente, la opinión pública está siendo consciente del drama de los accidentes de tráfico. Los intentos de suicidio y las muertes por suicidio son una realidad comparable por el número de personas afectadas. En ambas situaciones nos queda la idea de que en un instante ha cambiado nuestra existencia y la de nuestros seres queridos de forma irreversible; nos queda la sensación de que se podía evitar y, por qué no, una profunda culpa. Al igual que los accidentes de tráfico, el suicidio no discrimina por sexo, ni por edad, ni por estatus socioeconómico.

En este punto hay que preguntarse qué se puede hacer para prevenir la conducta suicida. Hay dos perspectivas: la orientada hacia el paciente y la orientada hacia la sociedad. En relación a la primera, la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud incluyen la conducta suicida entre sus prioridades de salud pública y salud mental. En los pilares de esta estrategia está la identificación precoz y tratamiento adecuado de los trastornos mentales evitando la estigmatización y discriminación. Aunque la situación ha mejorado mucho en los últimos años, en España aún existe un estigma considerable asociado a estos trastornos, y es posible que el temor a ser etiquetado como enfermo mental haga que muchas familias sean reticentes a solicitar ayuda. La investigación es otra arma imprescindible. En este sentido, la UE ha aceptado recientemente el proyecto Save Young Life in Europe (SAYLE) para la promoción de hábitos saludables y la prevención del suicidio, dentro del 7º programa marco. En nuestro país, la constitución del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Salud Mental va a facilitar los esfuerzos que ya se hacen en este campo.

Con respecto a la prevención orientada a la sociedad, quizás el primer paso es que ésta sea consciente de la existencia del problema. Los medios, las campañas de sensibilización y los programas educativos deben abordar el tema evitando sensacionalismo, estigmatización y el tan temible efecto Werther o imitación. Pero con todo el cuidado y con toda la delicadeza necesarios tenemos que ser capaces de hablar de ello, silenciarlo sólo sirve para perpetuar el sufrimiento que genera.

Enrique Baca García es psiquiatra de la Jiménez Díaz y profesor en Columbia (Nueva York).

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