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Encender el ordenador para visitar a los abuelos

AMY HARMON - Nueva York - 20/12/2008

 
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Su abuelo quería jugar a tomar el té, pero Alexandra Geosits, de 2 años, insistía en que solo tenía zumo de manzana. Sostenía una taza de plástico, dejando escapar unas risitas mientras esperaba a ver si su abuelo aceptaba el cambio.

El hecho de que estuviesen a más de mil kilómetros de distancia y que su visita semanal tuviese lugar en sendas pantallas de ordenador en sus respectivas casas, no desconcertaba a ninguno de los dos. Como muchos otros nietos y abuelos que viven lejos , Alex y Joe Geosits, de 69 años, se han acostumbrado a manejar con soltura la cámara web.

"Riquísimo", exclama Geosits desde Florida, haciendo como que bebe un sorbo de la taza que sujeta la pequeña mano de Alex en Nueva York.

Las videollamadas, antaño cosa de ciencia ficción, se están colando en la vida cotidiana. Y dos grupos demográficos que no son precisamente conocidos por ser expertos en nuevas tecnologías figuran entre sus primeros usuarios.

La cámara web, en comparación con las fotos enviadas por e-mail, brinda la posibilidad de superar tanto la distancia como la incapacidad de los pequeños para sostener la parte que les corresponde de una conversación telefónica.

Algunos abuelos entusiastas afirman que esta última moda de comunicación virtual hace que la separación real sea más dura. A otros, las visitas mediante webcam usando servicios como Skype e iChat les ayudan tanto que hacen menos visitas en persona. Y nadie sabe con certeza lo que supone para una generación de niños de 2 años que unas versiones ligeramente pixeladas de sus abuelos sean figuras habituales en sus vidas.

Pero en una época en que millones de personas de todo el mundo están empezando a transmitir sus imágenes a través del éter, las peripecias con la cámara web de los párvulos y sus abuelos dan una idea de lo que puede conseguirse ?y lo que puede perderse? al estar casi juntos. "Seríamos unos desconocidos para ellos si no tuviésemos la cámara web", dice Susan Pierce, de 61 años y residente en Shreveport, Louisiana, refiriéndose a sus nietos de Jersey City, NuevaJersey.

A lo largo del año pasado, Pierce y su marido vieron a través de la cámara web cómo Dylan, de 17 meses, aprendía a andar y a hablar, y fueron testigos de cómo los dibujos de personas que hacía Kelsie, su nieta de 4 años, pasaban de manchas amorfas a figuras con brazos y dedos en las manos y los pies.

Pero la intensa ilusión de proximidad física también hace que se agudice su dolor por la ausencia de lo real. "Estás deseando acercarte a ellos y abrazarles", dice Pierce, catedrática de enfermería. "El verles hace que les añores aún más".

Casi la mitad de los abuelos estadounidenses vive a más de 320 kilómetros de al menos uno de sus nietos, según la Asociación Estadounidense de Jubilados. Merril Silverstein, catedrático de Sociología en la Universidad de Southern California, ha averiguado que aproximadamente dos tercios de los nietos ven a sus abuelos maternos o paternos sólo una vez al año, o incluso menos.

Pero muchos abuelos opinan que la cámara web facilita la transición que se produce durante las visitas en persona, cuando los nietos pueden mostrarse reacios a sentarse en sus rodillas o rechazar sus abrazos porque no les reconocen. Como escribía una defensora de la cámara web en su blog, www.nanascorner.com: "Puedes retomar la relación donde la dejaste sin esos momentos de adaptación tan incómodos".

Los hijos adultos de la familia tienen sus propios motivos para favorecer el entusiasmo por la cámara web de las generaciones más jóvenes y más mayores. Cuando Martha Rodenborn descubrió que Elena, que ahora tiene 4 años, se sentaba alegremente delante del ordenador en su apartamento de la ciudad de Nueva York mientras su abuela le leía montones de libros con dibujos desde Ohio, la cámara se convirtió rápidamente en un sistema para tener una canguro a distancia.

"Me salvó la vida", dice Rodenborn, que terminó sus estudios en la facultad de Derecho de Columbia (Nueva York) la primavera pasada.

Dado que la conexión mediante cámara web es gratis, los padres suelen dejarla hasta que el abuelo se cansa de poner caras graciosas e imitar sonidos de animales.

La reciente inclusión de cámaras web en la mayoría de los ordenadores portátiles explica el crecimiento del 20% que han experimentado las videollamadas durante el último año, según Rebecca Swensen, analista de la empresa de investigación tecnológica IDC.

Swensen afirma que, durante el último mes, alrededor de 20 millones de personas de todo el mundo han realizado una videollamada por motivos personales. Los soldados estadounidenses destinados en Irak transmiten imágenes a sus hogares mediante cámaras web; los padres en viaje de negocios (incluido el presidente electo Barack Obama) dan las buenas noches a sus hijos través de una pantalla.

Los abuelos también usan a sus propios hijos como sustitutos para salvar la distancia física. En una ocasión, Barbara Turner estuvo cantando desde Ottawa para su lloroso nieto recién nacido hasta que se durmió, mientras veía cómo su hijo le acunaba en Indiana.

Pero, hace poco, Turner y su marido se marcharon a Indiana para estar a mano cuando naciese su segundo nieto. "Para eso no vale la cámara. Hay que estar allí", dice.


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El padre de Alexandra Geosits la enfoca con su cámara 'web' en su casa de Nueva York- JAMES ESTRIN

 
 
 
 
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