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JUAN JOSÉ MILLÁS

Agonía

JUAN JOSÉ MILLÁS 29/12/2006

 
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Un médico de prestigio mundial ha viajado a Cuba para hacer un diagnóstico acerca de lo que Fidel Castro no padece. Y no padece cáncer. Seguramente tampoco sufre de cálculos renales ni de sarcoma de Kaposi ni de hidronefrosis, o riñón dilatado, pero eso lo tendrán que determinar otros especialistas de prestigio que quizá viajen a la isla en los próximos días. ¿Qué tiene, pues, que le impide gobernar y pronunciar discursos? Eso no nos lo ha podido revelar el doctor García Sabrido porque forma parte del secreto profesional, al que se debe. Quiere decirse que tu médico de cabecera puede pasarse la cena de Nochevieja relatando a sus amigotes lo que no tienes, pero si cuenta lo que tienes lo enchironan. Personalmente (de qué modo si no), me importa un pito que la gente sepa que tengo genu varo, pero me gustaría mantener en secreto que no tengo tuberculosis (estoy releyendo La montaña mágica).

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Dada la identificación popular existente entre Castro y el régimen cubano, tal vez se nos haya querido señalar subliminalmente que la Revolución goza de buena salud, que no tiene cáncer, en fin, aunque sufre de hemorragias intestinales, lo que quizá sea peor. Podemos imaginar una Revolución con cáncer, pero no una revolución con sangre en las heces, ni siquiera una revolución con heces. En otras palabras, que los responsables de imagen han metido la pata, sobre todo porque nos hemos enterado al mismo tiempo de que Cuba no tiene médicos, que era uno de sus mitos.

Si todo lo que se dice del comandante fuera predicable de la Revolución por antonomasia (qué rayos querrá decir antonomasia), probablemente Cuba tampoco tenga sistema educativo, pues no parece muy cortés ni muy solidario, tal como están las cosas en la isla, fletar un avión con medicinas, aparatos y personal sanitario para atender a un solo hombre. Y aún dice García Sabrido con sorpresa que Castro está de muy buen humor. Si con esas atenciones excepcionales estuviera cabreado, sería para matarle. Nos recuerda a aquellos dictadores que movilizan una flota para hacerse traer el caviar del Báltico (en el caso de que el caviar sea de allí). O sea, que Fidel está bien, pero la Revolución se ha ido al carajo.

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