Jueves, 26/11/2009, 03:20 h

ELPAIS.COMOpinión

JUAN JOSÉ MILLÁS

Depresión

JUAN JOSÉ MILLÁS 05/10/2007

 
Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 270 votos
Imprimir   Enviar

El pueblo vasco, como el español o el belga, por poner tres ejemplos, existen porque la vida es absurda. Si nuestro paso por la Tierra tuviera algún fin un poco consistente, ¿a quién se le iba a pasar por la cabeza dedicarse a ser un patriota gallego o catalán o sueco (en el caso de que exista esta última variedad, lo que me parecería inconcebible)? Lo difícil, en todo caso, es aguantar la vida a palo seco, sin la protección de una bandera y su correspondiente himno. De ahí que el mundo esté lleno de nacionalidades, algunas lo suficientemente excéntricas como para llenar el vacío de varias generaciones. De alguien que expirara gritando "¡Vivan los Vosgos!", se podría afirmar sin género de dudas que había gozado de una existencia plena. Además, le pondrían una calle.

La noticia en otros webs

Pero el nacionalismo no siempre basta para aliviar el vértigo de no saber quién eres, adónde vas o de dónde vienes. Hay patriotas franceses, alemanes o turcos profundamente insatisfechos de sí mismos. Por eso conviene redondear la identidad nacional con una religión. Ser, por ejemplo, profundamente inglés al tiempo que radicalmente protestante constituye un seguro de vida. No se sabe de ningún español católico, por poner otro caso, que haya sufrido una depresión profunda. Quizá una úlcera sí, pero la úlcera tiene mejor pronóstico que la depresión. Conocemos un sustituto de la religión y la patria, el bricolaje, que no hace daño a nadie y con el que lo único que se matan son las horas. Pero está poco implantado todavía.

El Gobierno, la oposición y los partidos periféricos compiten en los últimos días por ver a quién le gusta más España y su bandera, lo que parece que da votos (y sentido). Me gusta mucho España, repetía Zapatero no hace mucho en una emisora de radio. No habríamos reparado en ello de no ser porque lo afirmaba con tal pasión que daban ganas de decirle que Finlandia tampoco estaba mal. Y no está mal, pero si lo dices en una entrevista te corren a gorrazos. Es como si un arzobispo castrense de Zaragoza dijera que preferiría ser búlgaro y sintoísta, o egipcio y yoruba lo que, a poco que se considere, son combinaciones tan viables o inviables como cualquiera otra. Lo que hace falta es que todo esto sea para bien.

Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 270 votos

¿Qué es esto?Compartir:

Facebook  delicious  technorati  yahoo meneame myspace

Puedes utilizar el teclado:

aumentar texto disminuir texto Texto   

Si te ha interesado esta información, te recomendamos:

Otras ediciones

Última hora

 
Últimas Noticias
Hora Noticia
02:34 ERLICH
00:39 RAMÓN
00:37 La Chureca da un paso adelante
00:28 El Congreso respalda la reivindicación histórica de Ceuta frente a Marruecos
00:28 Una de cada tres jóvenes en América Latina es víctima de la violencia
 
 
 
 
 
asociados otros medios

© EDICIONES EL PAÍS, S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid (España)

Canal de la Sociedad de la Información