"El policía debería ser un licenciado en seguridad"

Al verle cruzar la puerta del restaurante, Paquita abraza al comisario Joan Miquel Capell (Barcelona, 1960). Ha llovido desde que jugaba al dominó en el Aiguafreda como policía raso, hasta hoy, que es comisario de los Mossos d'Esquadra. "Hacía mucho", admite Capell, mirando el local de suelo embaldosado, las mesas de mármol y los ventiladores en el techo. Llega de uniforme con todos los galones de su cargo (es el responsable de todas las comisarías de Cataluña), y con el reloj pisándole los talones. Viene de la Ciudad de la Justicia, donde 50 antidisturbios entraron hace dos semanas en busca de seis indignados.
"Hace falta más formación en la policía", admitirá Capell más adelante en la comida, sin relacionarlo con el incidente. El ideal, a su entender, pasa porque el cuerpo tenga "una licenciatura en seguridad". Algo que ya se exige a los comisarios, pero vale cualquier materia; él es doctor en Derecho. "Tener una filología hebrea está muy bien, pero de poco servirá para gestionar un dispositivo policial", apunta.
Capell pide una cerveza sin alcohol, que bebe en un santiamén. Del menú elige setas, que en minutos están sobre la mesa, guisadas a la plancha. Pan en mano, relata cómo el hijo del conserje que soñaba con ser arqueólogo sirvió comidas en el bar de sus padres, fue taxista nocturno y lavó platos en Londres antes de ser policía.
Como mosso de la primera promoción, empezó haciendo el rodaje de vehículos oficiales. "La cara de la gente al ver llegar a su pueblo la caravana de 50 coches...". El teléfono le interrumpe por cuarta vez. Pero es breve, por lo que no se enfría el rape. En la cúspide de su carrera, se ha propuesto mejorar la imagen de los Mossos escribiendo Ser policía (Plataforma Editorial). "Me gustaría dignificar, normalizar la profesión", dice. Una imagen que se ha visto deteriorada por las polémicas actuaciones con los indignados el 27 de mayo, en la plaza de Cataluña, y el 15 de junio, en el cerco al Parlamento catalán. Capell admite que el 15-M les ha pillado por sorpresa. "No tenemos precedentes. Y en el desorden público, se suele actuar con precedentes", justifica. "Solo se equivoca el que trabaja", añade, con el tiempo justo de hacerse la foto y volver al tajo.

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