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REPORTAJE

Un torturador en Madrid

Una víctima argentina lleva al ex policía Fotea a la Audiencia Nacional

JORGE MARIRRODRIGA - Buenos Aires - 27/12/2006

 
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"Era de color naranja". María Alicia Milia recuerda perfectamente el color del coche a bordo del cual fue introducida a la fuerza el 27 de mayo de 1977. Varios hombres la interceptaron mientras caminaba por una calle de Florida, en la provincia de Buenos Aires la golpearon y la metieron en un Ford Falcon, el vehículo utilizado normalmente por los servicios argentinos para llevarse a las víctimas de la represión política y que -cosas de las crisis argentinas- todavía pueden verse transitando por las calles de la capital argentina. Milia fue trasladada a la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) y allí comenzaron casi dos años de pesadilla. Entre sus secuestradores se encontraba Juan Carlos Fotea, un suboficial de la Policía Federal argentina implicado en numerosos casos de secuestros y torturas. La Audiencia Nacional ha decidido que Fotea sea juzgado en España por el secuestro de Milia y luego extraditado a Argentina para ser procesado por otros crímenes.

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Fotea figura como propietario de un restaurante y una tienda de frutos secos en Las Rozas

"Una de las razones por las que tiene sentido el haber pasado por un campo de concentración es poder transmitirlo", subraya esta profesora de castellano y ciencias sociales, superviviente de uno de los símbolos máximos del régimen de terror instaurado por la Junta Militar Argentina. Sobrevivir para transmitir que existía en los sótanos de la ESMA un pasillo al que los carceleros habían llamado "la avenida de la Felicidad", donde la música a todo volumen de los Rolling Stones o de Joan Manuel Serrat no lograba acallar los aullidos de los torturados. O que en lo alto estaba "la capucha", donde los detenidos estaban tumbados en una especie de ataúdes, esposados, encapuchados y en silencio la mayor parte del tiempo.

"La ESMA y los demás centros de detención eran máquinas de hacer picadillo que formaban parte de un sistema para acabar de una manera casi industrial con una forma de concebir Argentina", subraya. Un sistema que incluía mantener con vida a las detenidas embarazadas. Su existencia era valiosa hasta justo el momento del parto. Luego el recién nacido era secuestrado y la madre eliminada como el envoltorio de un caramelo ya consumido. En junio de 1977 Milia ayudó a dar a luz a una joven, Ana Rubel de Castro. "Era un varoncito", recuerda. Del niño hace 29 años que no se sabe nada. De la madre, tampoco.

Y en aquel ambiente se movía a sus anchas Juan Carlos Fotea Dimieri, alias Lobo, alias Fernando. Formaba parte del Grupo de Tareas 3.3 de la ESMA, formado por individuos pertenecientes a diferentes cuerpos del Ejército y policía y que se dedicaban a la captura, tortura y asesinato de los que estimaban enemigos del régimen. Tal es el caso, en el que también se encuentra implicado Fotea, del secuestro y desaparición de 15 mujeres, entre ellas la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo y de dos monjas francesas cuando se hallaban reunidas en una iglesia en diciembre de 1977. O el asesinato del periodista y escritor Rodolfo Walsh, perpetrado en el centro de la capital argentina el 25 de marzo de 1977. A pesar del clima de detenciones indiscriminadas que se estaba viviendo en Argentina, Walsh había decidido seguir escribiendo y denunciando los atropellos del Gobierno militar. Tras ser acribillado, su cuerpo fue trasladado a la ESMA y en la actualidad forma parte de la lista de desaparecidos. Fotea tiene concedida la extradición a Argentina para ser procesado por este caso.

"Estos procesos son importantes porque permiten conocer la verdad y ejercer la justicia no sólo a través de la condena de los culpables sino del conocimiento del porqué de las luchas de los 30.000 desaparecidos", destaca Milia, quien durante 20 años ha vivido en Alicante. Recuperó la libertad el 19 de enero de 1979, con un billete a París y el dolor sufrido en carne propia y ajena. Su marido, un ingeniero químico llamado Roberto Pirles, fue fusilado en la noche de Reyes de 1977 con la excusa de que había intentado fugarse.

Fotea se trasladó a España por primera vez en 1985. Figura como propietario de un restaurante y una tienda de frutos secos en la localidad madrileña de Las Rozas. Detenido en varias ocasiones, durante años ha tratado de eludir la acción de la justicia. "Lo importante es que se le juzgue y lo antes posible", destaca Milia, quien resalta que hasta el momento Fotea está acusado de más crímenes en España que en Argentina.


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