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Como si fuera una premonición, IU eligió
una planta sótano para celebrar la noche
electoral. Cinco horas después del cierre
de los colegios, se confirmó lo peor para
la coalición: sus nueve escaños
han pasado a ser cinco. Gaspar Llamazares, su
coordinador general, ha admitido el "severo
retroceso" y asumido la responsabilidad personalmente.
IU, como ya es tradicional, no es capaz de bailar
con la ley de D'Hondt: ninguno de los cuatro escaños
que bailaban a las 21:00 horas de la noche eligió
al final a IU como pareja para los próximos
cuatro años. Sin dotes para bailar con
D'Hondt, los militantes y la dirección
de IU no han tenido más remedio que conformarse
con la derrota del PP y reivindicar su papel en
la victoria de la izquierda. "Me planteé
el voto útil. Pero una es demasiado comunista",
aseguraba con resignación una votante de
IU mientras Zapatero proclamaba su victoria en
las pantallas de televisión.
Esta noche IU se ha secado las lágrimas
con ZP. Eso sí, ver las celebraciones socialistas
ya era demasiado: comunista pero no masoquista.
Decenas de militantes se han ido a casa con una
doble sensación: cabizbajos por la derrota,
pero con el gesto de quien cree que ha hecho bien
su trabajo.
Al final, y cuando la sala de prensa abucheaba
a uno de los derrotados de la noche, Alfredo Urdaci,
un joven militante, antes de regresar a la superficie,
se llevó los caramelos que habían
resistido toda la noche en un platito. Fue lo
más dulce que se llevó de las catacumbas
del hotel Convención.
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