
EL ARTE DEL CÓDIGO
El primer evento importante del año digital, la Transmediale
de Berlín, que se celebra la primera semana de febrero,
relanza un lema ya consolidado en muchos campos: Do it
yourself. La edición 2001 anima los artistas a
concebir obras donde el visitante sea usuario y creador a
la vez y premia los proyectos que requieren una acción
creativa por parte del público. Resulta ganador el
británico Adrian Ward con Auto-illustrator,
un software generativo de gráfica vectorial similar
al Adobe Illustrator, si no fuese que cuando el usuario utiliza
sus herramientas, éstas se resisten a las acciones
predeterminadas y parecen actuar según su propia voluntad.
En la estela trazada por trabajos como Glasbead,
los programas dejan de ser un mero recurso tecnológico
para convertirse en un elemento creativo más en manos
de los internautas, nuevos demiurgos digitales. El arte del
software ha alcanzado un buen nivel de madurez y se va consolidando
como uno de los terrenos de experimentación más
trabajados por la avanzadilla del net.art: artistas que se
han convertidos en programadores con un nuevo enfoque de la
programación.
Es el caso de otro inglés Tom Betts, webmaster durante
los últimos seis años del sitio de la Tate Gallery
de Londres y creador de WebTracer,
un software artístico que permite a los usuarios visualizar
gráficamente la estructura de la información
contenida en cualquier página web, convertida en un
diagrama molecular tridimensional. "WebTracer revela
las tendencias predominantes en el campo del diseño
de web, así como las intenciones del diseñador
del sitio. Evidencia sus propósitos más recónditos
y pone visualmente de manifiesto su voluntad de enfatizar
o minimizar cierto tipo de información" explica
Betts.
Del otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, Scott Draves
lanza Electric
Sheep, un programa que va generando figuras abstractas en
movimiento con el cual, a finales de noviembre, ganará en
Madrid el primer premio del concurso internacional de creación
artística con tecnologías de vida artificial
Vida 4.0. El proyecto, que debe su nombre a la novela
de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas
eléctricas?, basa su arquitectura en el célebre
SETI@home,
un software que permite a todos los internautas conectar su ordenador
a un servidor central para contribuir a la búsqueda de señales
de vida extraterrestre. De forma análoga Electric Sheep genera
complejas animaciones de formas fractales y las envía, a
través de Internet, a un ordenador central que se encarga
de elaborarlas y distribuirlas a todos los ordenadores participantes.
Estas imágenes, denominadas ovejas eléctricas, llegan
al monitor de los usuarios en un flujo continuo y en constante evolución.
Además Draves, activista del movimiento para el desarrollo
de softwares participativos y de distribución gratuita (Open
Source), ha conseguido crear alrededor de este proyecto una comunidad
de usuarios y desarrolladores muy activa.
Los artistas digitales experimentan con todo lo que tienen a su alcance. Sus
diferentes enfoques demuestran las variadas interpretaciones artísticas
posibles, no sólo de los programas informáticos, sino
incluso de lo que hasta hace poco era considerado uno de los símbolos
del Mal: el virus. Tras abrir su ordenador al público con
el proyecto Life
Sharing producido por el Walker Art Center de Minneápolis,
los italianos 0100101110101101.ORG
participan en la Bienal de Venecia con Biennale.py,
un virus activo que reproduce al infinito su código fuente,
es decir el texto que determina y programa su acción. "No
nos interesan las potencialidades destructivas de los virus, para
nosotros se trata de un juego intelectual.
Consideramos el código fuente
un producto estético y la forma de arte más
genuina y emblemática de las que se han originado en y desde
la Red. El
Biennale.py es el cuadrado de Malevich en virus" explican los
artistas que,
para este proyecto, han contado con la colaboración del
colectivo epidemiC.
Éstos añaden: "La programación no es un
medio para producir arte, sino arte
en sí misma y como tal debe ser valorada según criterios
de belleza,
elegancia, proporción y eficacia. No se trata de trabajar
con la tecnología
más sofisticada, sino de utilizar la tecnología de
forma sofisticada". El
mítico curator de la Bienal, Harald Szeemann, les da la
razón
y en una
entrevista televisada afirma: "es el proyecto más innovador
de esta
edición".
Jodi (http://www.jodi.org),
los enfants terribles del net.art, ya no son
niños ni terribles, lo cual significa que se han convertidos
a su vez en
padres y ya no insultan a los periodistas, sino que conceden entrevistas
como los demás. Su parcial rendición les lleva hasta
la feria de arte
contemporáneo Arco 2001, donde presentan su, en aquel entonces,
última
versión multiusuario de CTRL-Space, una modificación
artística de un clásico
de los vídeojuegos, Quake. Si su actitud ha cambiado, lo que
se mantiene
invariado es su afán de experimentación y su tozuda
genialidad, que se
materializa en WrongBrowser (http://www.wrongbrowser.com),
un navegador
artístico dotado de vida propia disponible en cuatro versiones
y en el
proyecto Untitled Game (http://www.untitled-game.org/),
producido para la
inauguración del Virtual Space, el espacio expositivo en Internet
del Center
for Contemporary Art (CCA) de Glasgow en Gran Bretaña. Untitled
Games reúne
doce vídeojuegos modificados que se pueden descargar de la
red en versión
para PC y Macintosh y están disponibles también en
CD-ROM. A pesar de que
utilizan el motor de un juego tan conocido como Quake, resulta complicado
entender sus reglas e imposible interactuar según los mecanismos
habituales.
Una vez más los proyectos de la pareja más célebre
del net.art consiguen
convertir el código en una experiencia estética y
dejar el usuario
desconcertado.
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