En los inicios del net.art, el desconocimiento del medio
y la necesidad de reconducirlo a parámetros conocidos
generó un debate ficticio que enfrentaba el arte al
diseño. En el terreno del arte tradicional la polémica
podía tener sentido, pero en el espacio de la creación
virtual los confines más fluidos, indefinidos y en
todo caso distintos, la deshincharon rápidamente. Pronto
apareció una generación de artistas que rechazaban
definiciones y reivindicaban poder utilizar todas las herramientas
a su alcance, de modo que el web design de autor encontró
su sitio junto a las obras más conceptuales. Los Webby
Awards de San Francisco lo ratificaron premiando a artistas
tan dispares como los coreanos YOUNG-HAE CHANG HEAVY INDUSTRIES
y los ingleses Hi-Res!. YOUNG-HAE
CHANG HEAVY INDUSTRIES realizan obras en Flash que
rehuyen de los recursos y los efectos típicos del net.art,
para concentrar toda su fuerza en el poder de un texto que
se desarrolla a ritmo de jazz en la pantalla del ordenador.
No hay interacción posible con el usuario que queda
excluido de la relación íntima e indisoluble
que se establece entre la música y las palabras. Para
agradecer el premio, los ganadores de los Webby no pueden
superar las cinco palabras, pero Y-H.C.H.I. tan sólo
necesitó tres para dejar claro el carácter reivindicativo
de sus proyectos y su voluntad de continuar en su insólita
línea de investigación: "The
struggle continues", la lucha continúa,
que también es el título de una de sus obras
más logradas.
Hi-Res!,
un estudio de producciones digitales multimedia fundado en
Londres en 1999 por Alexandra Jugovic y Florian Schmitt, es
galardonado por la página web de Requiem
for a dream, una reconstrucción en formato
de trailer interactivo de la película homónima
que relata la dramática historia de un joven y su madre,
cuyas vidas se ven destrozadas por sus respectivas adicciones.
Hi-Res! consigue materializar on line el delirio mental de
los personajes mediante un torbellino de sonidos, imágenes
y efectos especiales, que involucran profundamente al usuario,
demostrando que el diseño también puede provocar
emociones y reflexiones.
La nueva generación de artistas-designers no tiene
problemas morales en combinar su actividad creativa y de investigación
con los trabajos comerciales. Internet les ha quitado la paranoia
de la autoría que afectaba a sus predecesores generacionales,
así que abogan por los programas de código abierto
y comparten el resultado de sus investigaciones. Es el caso
del estadounidense Joshua Davis que, a sus 30 años
de edad, está considerado uno de los nombres de referencia
de la historia del diseño de páginas web. Muchos
expertos del sector afirman que si no fuera por Davis, Internet
no sólo tendría un aspecto distinto, sino que
también funcionaría de forma diferente. Los
Prix Ars Electronica que concede el homónimo centro
artístico de Linz en Austria, premian Praystation,
el laboratorio on line donde Davis concibe, desarrolla y pone
a disposición de los usuarios los proyectos artísticos,
que posteriormente reelabora en sus trabajos comerciales para
el estudio Kioken y que, al mismo tiempo, constituyen una
inagotable fuente de inspiración para una entera generación
de jóvenes diseñadores.
Otros comparten con él la responsabilidad de haber
ido definiendo los paradigmas del diseño de páginas
web a lo largo de estos años: el israelí Amit
Pitaru, un pianista jazz reconvertido en programador
y el inglés James
Paterson, un virtuoso del Flash. Desde que descubrieron
casualmente que vivían en la misma calle del barrio
de Brooklyn de Nueva York, Pitaru y Patterson trabajan juntos
en un sitio compartido Insert
Silence y en proyectos comerciales como la página
web interactiva para el disco Pagan Poetry Project de la cantante
islandesa Bjork.
Entre los más jóvenes destaca el inglés
Danny Brown, que lanzó su primer entretenido laboratorio
on line Noodlebox
en 1997 cuando tenía tan sólo 20 años
de edad. Desde entonces su estética, procedente de
los vídeojuegos, ha ido evolucionando en trabajos que
exploran los límites actuales del diseño de
web. La interactividad de obras como Bits
and Pieces provoca una respuesta instintiva en los
usuarios, haciéndoles olvidar la sofistica tecnología
que las rige. Brown mantiene su espontaneidad y frescura también
cuando reinterpreta temas tradicionales como en Flowers
y Butterflies,
ambas inspiradas en la naturaleza.
En la vertiente del diseño gráfico más
brutalista destaca el estadounidense de origen cubano Antonio
Mendoza. En su obra, la cultura underground, la estética
psicodélica años 70 y el mundo de los comics,
se mezclan con la iconografía tradicional hindú
y las chicas sexy de las películas japonesas de animación
para adultos. Más allá de la búsqueda
de sus múltiples referencias destaca el contenido de
sus obras: una crítica despiadada e irónica
de la sociedad contemporánea, que pasa por una mitificación
descarnada de su lado oscuro. De ese modo nacen el Internet
Crime Archive y el proyecto Serial
Killer, que han servido de base para el libro Killers
on the Loose, disponible desde febrero 2002. Todas sus
experimentaciones se encuentran en dos sitios entrelazados
Mayhem
y Subculture,
donde se encuentra lo más actual de su trabajo artístico
que ha sido definido por los críticos: simple y complicado,
descorazonador y excitante, organizado y caótico, sin
sentido y muy profundo. "Hay páginas epilépticas
con datos enloquecidos y páginas que arrojan un collage
surrealista de imágenes sexuales. Cada vez que el usuario
vuelve al indice uno script aleatorio le hace encontrar algo
nuevo. No hay instrucciones ni ayuda para facilitar la navegación,
sólo un consejo: saltad en el ombligo de la bestia"
dice Mendoza que se profesa profundamente anti copyright.
Por ello en todas sus páginas web se puede leer: "Utilizad
lo que queráis como queráis: el copyright es
un ataque contra el pensamiento creativo".