
ALTERNATIVAS A LA CRISIS
Desde el marketing espiritual hasta la humanización
del mercado bursátil: el net.art propone una nueva lectura
de los altibajos económicos. En Catalogue,
la neoyorquina Kate Armstrong utiliza la metáfora de una tienda
electrónica, que propone objetos a través de imágenes
indescifrables y textos vacíos, para denunciar el consumismo
bulímico de la sociedad occidental y llamar la atención
sobre las relaciones que subyacen en los intercambios comerciales.
Los altibajos bursátiles y su repercusión
en la vida cotidiana protagonizan también el último
proyecto de Lynn Hershman, Synthia
Virtual, un agente
antropomorfo que refleja con su conducta y sus cambios de
humor los movimientos de las acciones. Synthia
Real existe en el
mundo también
como escultura-performance, gracias a una chica que realiza determinados
movimientos en base a la situación
del mercado y en el mundo virtual, como imagen gráfica en
movimiento que responde a los mismos estímulos. Si el mercado
está parado,
Synthia se va a dormir, si los índices suben, se pone a bailar
y cuando bajan se deprime; según los altibajos se ríe
o se desespera, humanizando así las fluctuaciones bursátiles
y representando las contradicciones esquizofrénicas del
liberalismo salvaje y su creciente poder social.
La dificultad de obtener financiación para
proyectos experimentales de arte digital, contribuye a que muchos
artistas vuelvan a una interpretación
minimalista, conceptual y low-tech del arte en Internet. Desde
la aproximación radical de Nonplace,
una no-obra síntoma del malestar
de la creatividad actual a The
Other Hand, una pieza de
Kevin Hamilton, que trata de la percepción de la presencia
del otro a través
de una interactividad primordial y esencial. En pantalla hay dos
espías
luminosas activables por dos usuarios que resultarán conscientes
de la presencia del otro exclusivamente a través de la
pulsación
de la luz roja. La frialdad de la interfaz insiste en el aspecto
místico
del encuentro virtual, renovando el estupor que aún nos
provoca la sensación que en un lugar lejano y desconocido
alguien intente establecer contacto con nosotros.
El impacto provocado por las tecnologías
digitales en la nueva configuración de los ámbitos públicos
y privados es analizado de forma elegante y sútil por la estadounidense
Laura Floyd en JiffyLux
TV, una televisión
que conecta de forma irónica pasado y presente: los años
50 de la eclosión de la TV presentada por primera vez en
la Feria de Nueva York de 1936 y la edad digital, donde la información
no tiene ya un carácter unívoco y donde las personas
pueden ser no sólo espectadores sino también usuarios.
Tras los años del boom del hipertexto,
el poder de las imágenes
vuelve a cobrar importancia. A partir de la afirmación que “el
90% de la comunicación es no verbal”, David Crawford
concibe Stop
Motion Studies, una
obra que analiza el lenguaje del cuerpo en una serie de animaciones
para Internet que investigan los movimientos y los gestos en relación
a las secuencias algorítmicas. La obra, ganadora de numerosos
premios, incluido el del primer Festival de Vídeo y Artes
Digitales (VAD) de Girona, se articula como un work in progress
que reúne
varias series de imágenes por tema y área geográfica.
Imprescindible la Serie
7,
un encargo del Artport, la sección online del Whitney Museum
de Nueva York dirigida por Christiane Paul, que presenta de forma
simultánea las imágenes captadas en el metro de cuatro
ciudades (Boston, Londres, Nueva York y Paris) que el usuario puede
combinar según su gusto y sensibilidad.
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