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2004 EN EL MUNDO 2004 EN ESPAÑA ESPECIAL GOOGLE
El fin de una utopía
Las derivas del Net.Art
Más allá de la Red
Entre cine y televisión
Más Bush y más guerra
El desafío de la información
El pixel cumple 50 años


2004 EN EL MUNDO

ENTRE CINE Y TELEVISIÓN

 

Gravity

Las fronteras del denominado expanded cinema siguen ensanchándose en el espacio virtual de la red con diversos proyectos que investigan las conexiones, tanto conceptuales como tecnológicas, entre narración cinematográfica, vídeo arte e Internet. Entre éstos destaca Time Resequenced (Networked Cinema), un proyecto de Cyril Tsiboulski que explora las formas en qué los nuevos medios pueden afectar a la estructura cinemática tradicional. La obra se basa en una escena de cuatro minutos extraída de la película Solaris del director ruso Andrey Tarkovsky, fragmentada de modo que los usuarios puedan recomponerla con su intervención. La nueva secuencia, que se edita en tiempo real, responde y depende exclusivamente de la participación virtual de la audiencia. Como no podía ser de otra manera, la televisión constituye un importante referente a la hora de buscar nuevas soluciones para la creación y el disfrute de las obras de net.art. Es un ejemplo NonTVTVstation, un proyecto del colectivo sueco Beeoff, que se encuentra instalado de forma permanente en varios museos del norte de Europa, como el Kiasma de Helsinki y el Museo de Arte Contemporáneo de Roskilde. NonTVTVstation es un canal concebido para acoger arte en tiempo real, es decir que los artistas pueden presentar cualquier tipo de trabajo, interactivo o no, con la Única condición que se desarrolle en tiempo real.

Las obras seleccionadas se retransmiten en la web, 24 horas por día durante un mes. Pertenece a esta línea de investigación también 56K TV - Bastard Channel, la primera televisión online dedicada exclusivamente a la programación de obras de net.art, promovida por la fundación cultural suiza Pro Helvetia y realizada por la productora independiente de Basilea, Xcult. Los proyectos se presentan en una interfaz que reproduce un televisor de estética años 60, según el clásico formato de la parrilla televisiva. Esto significa que las obras no están siempre disponibles y que, para verlas, el usuario debe consultar la programación, que varía segœn los días y las franjas horarias, directamente en la web o en la típica guía tv que se puede descargar en formato pdf. Para ayudarle en la elección, 56K TV pone a su disposición los trailers de las obras e información básica sobre los artistas y sus trabajos. Segœn sus creadores, la nueva plataforma implica una forma más consciente y voluntaria de ver los proyectos de net.art, así como un rechazo del incesante bombardeo audiovisual, a menudo vacío de significado, al que estamos sometidos. Mucho más drástica resulta la respuesta de Mitch Altman, un ingeniero e inventor de San Francisco, que ha creado TV B Gone , un sencillo mando a distancia capaz de apagar cualquier televisor. Según Altman la contaminación audiovisual ha llegado a niveles intolerables: ya no se trata sólo de las paredes de pantallas de los grandes almacenes, hay vídeos en las salas de espera y las peluquerías, en los bares de periferia y en los de diseño, en los transportes pœblicos, en los elevadores y hasta en los lavabos.

En las metrópolis, incluso hay pantallas en los cruces para que los conductores atrapados en el tráfico puedan tener su dosis de noticias y sobretodo de publicidad. "No queremos convertirnos en espectadores pasivos. TV-B-Gone nos permite reapropiarnos de nuestro poder de decisión" explica Altman, que ha fundado una empresa para producir el aparato y lo vende por 15 dólares a través de su web. Sin tener pretensiones de obra de arte, el invento enlaza con las formas primordiales de activismo y desobediencia civil, además de resultar especialmente emblemático de las contradicciones de nuestro tiempo.

ACTIVISMO Y ALREDEDORES

El activismo online toma mœltiples formas y derroteros. El veterano festival de media art Transmediale de Berlín premia Recode, un proyecto de tactical shopping de los colectivos Conglomco y The Carbon Defense League, que ofrece al usuario las herramientas necesarias para crear códigos de barras listos para imprimir y utilizar en los grandes almacenes, para modificar el precio de las mercancías pegándolos encima de los oficiales. "Formamos una comunidad que comparte técnicas avanzadas para luchar de forma creativa contra el capitalismoÓ afirman, al amparo del anonimato, los creadores del proyecto. Sin embargo, el status de obra de arte, el premio y el haber sido expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, no le impide recibir una querella por parte de la cadena de supermercados Wal-Mart. Los artistas son obligados a cerrar la base de datos y a retirar del sitio una aplicación denominada Barcode Generator, a través de la cual se podía incluso verificar la creación del código de barras en tiempo real. Actualmente en la web se encuentra un anuncio de "cerrado por censuraÓ y dos vídeos explicativos sobre el proyecto, realizados para defenderse de los abogados de Wal-Mart. El significado de comunidad se amplía en proyectos muy distintos entre sí, comunes sólo en su capacidad de aglutinar grandes sectores de usuarios. Los Prix Ars Electronica, que celebran su 25 aniversario precisamente con la introducción de la nueva categoría de Comunidades Digitales, premian dos experiencias emblemáticas. Una es Wikipedia , una enciclopedia colaborativa online (disponible en más de 50 idiomas, además de ser la œnica en esperanto) basada en Wiki, un software que permite a los usuarios modificar directamente todos los contenidos. La otra es The World Starts With Me, una iniciativa ugandesa que ofrece una aproximación lúdica y cotidiana a la sexualidad, la violencia doméstica y la prevención del Sida, a la vez que familiariza los jóvenes africanos con Internet y las dinámicas de las redes. En la vertiente más intelectual se sitúa Agoraexchange, un proyecto inspirado en la obra Utopia di Thomas More, que la estadounidense Natalie Bookchin realiza por encargo de la Tate Online, la galería virtual del célebre museo londinense. La idea del proyecto es crear una comunidad online que, tras identificar en un fórum los principales problemas mundiales, se propone utilizarlos como base para la creación de un juego multiusuario, cuyo objetivo es combatir la violencia del sistema político. A partir de la consideración que la injusticia de nuestra sociedad es provocada por leyes e instituciones, que no son naturales ni inevitables, los jugadores deberán concebir un nuevo orden mundial basado en la creatividad y la libertad.

A pesar del optimismo que embarga muchos proyectos, hay motivos para la preocupación. Steve Kurtz, uno de los miembros fundadores del colectivo Critical Art Ensemble, es incriminado por terrorismo biológico. El clima de alarma generalizada, la ampliación de las leyes antiterroristas reunidas en el tristemente noto Patriot Act y la escasa familiaridad de los agentes federales con el arte, les hacen tomar por armas biológicas el attrezzo que el artista utiliza en sus performances y el material documental de sus œltimos proyectos, centrados en el análisis de la investigación biotecnológica. La larga trayectoria de Kurtz en el ámbito del arte político y de los medios tácticos (tactical media), con proyectos que combinan investigación, crítica social, performance y nuevas tecnologías, no le impide ser denunciado. El juez desestima la acusación de terrorismo biológico, pero le reenvía a juicio por fraude postal por haber adquirido 256 dólares de bacterias, completamente inofensivas, necesarias para uno de sus proyectos centrados en los principios y peligros de la biotecnología. En su último trabajo, Free Range Grains , Kurtz pone a disposición del pœblico los servicios de un laboratorio móvil que permite extraer el ADN de los alimentos sospechosos, para detectar posibles contaminaciones transgénicas. En el frente de la lucha ecologista se alinean también Josh On y Amy Balkin con Exxonsecrets , un proyecto que, a partir de una base de datos proporcionada por Greenpeace, revela las conexiones entre ExxonMobil, la más grande compañía petrolífera del mundo (también conocida como Esso y Mobil), e individuos y grupos seudo-científicos que se dedican a desacreditar las teorías ambientalistas. El proyecto demuestra que, desde 1998, Exxon ha destinado más de 12 millones de dólares a la financiación de una red de "escépticos", aparentemente de las más variadas naturalezas y procedencias, dirigida a minimizar los riesgos del calentamiento global y ridiculizar las propuestas ecologistas. Una red en la que se sustentó la negativa del gobierno de los Estados Unidos a firmar el Protocolo de Kyoto para reducir las emisiones de gases tóxicos, producidos en gran medida por las empresas petrolíferas y sus derivadas. A través de la interfaz del multipremiado They Rule, Exxonsecrets descubre las intricadas y obscuras relaciones (en su gran mayoría de tipo financiero, pero también familiares y personales) entre los más activos elementos del movimiento anti-ecologista, a partir de los miembros de la administración Bush, primeros entre todos Condoleezza Rice y Donald Rumsfeld.

 
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