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Los lectores de Ciberp@ís, ELPAIS.es y CadenaSER.com fueron invitados, en pasadas semanas, a escribir sobre su experiencia con Internet. A continuación publicamos una selección de los relatos recibidos y la lista de los 25 ganadores de una suscripción a ELPAIS.es.

A los 10 años me compre mi primer ordenador. Al pasar unos dias le dije a mi padre: -Papá, papá, como se hace aquello para ver internet? Mi padre cogio el cable del telefono y lo enchufo a ¨nosedonde¨. Yo aún no descubri que aquello era un magnifico mundo que revolucionaria mi joventud. A partir de ese mismo momento empeze a navegar sobre el, descubri messenger, y luego empeze a crearme una web hasta que llege a www.lomucho.com, mi web. Estoy contento de vivir en este mundo, Internet.

No sé muy bien quien soy: si un personaje de ficción o yo mismo. Mi sueño era, y es, ser escritor: escribía sin parar: relatos, poemas, incluso una novela. Daba a leer mis escritos a mis queridos amigos y todos me decían que escribía muy bien que, sin duda, yo era un genio. Pero, por supuesto, mentían: las editoriales a las que les mandaba mis escritos se limitaban a deshacerse de ellos, ni si quiera se dignaban a mandarme una educada carta declinando la publicación...¿Puedo desde aquí, por favor, llamar, a esas editoriales, cabronas hijas de puta? Creé una página Web en un alojamiento gratuito, ahí colgué la totalidad de mis escritos: esperaba que la gente que no me conociera de nada, y por lo tanto no me tuviera estima, escribieran sinceras opiniones sobre mis escritos. La gente tardó mucho en entrar en mi página, mucho más en dejar alguna crítica o comentario pero, cuando por fin lo hicieron, todos coincidían en lo mismo: mis escritos eran una porquería (mierda era el calificativo exacto utilizado). Indagué, estudié sus comentarios. Creí darme cuenta que mis escritos no les gustaban, principalmente, por dos motivos: primero, me faltaban muchas horas de escritura y lectura y, segundo, porque, para capturar al lector hay que conseguir que crea, que vea dentro de su cabeza, lo que se le está contando. Supe que tardaría años en superar lo primero y décadas en adquirir el arte de lo segundo: así que decidí convertir mi vida en una aventura: lo que contaría sería real: un hatajo, pensé, porque si me limito a contar hechos verídicos, me resultará más fácil hacer que el lector las vea dentro de su cabeza. Abandoné la protectora casa de mis abuelos donde vivía y mi aburrido trabajo de vendedor de revistas en un gran centro comercial: me fui a trabajar a una sucia discoteca de la zona turística de la isla donde vivo. Creé un Blog: allí fui contando mis aventuras sexuales con turistas (una historia de auto-superación), rodeado de un mundo lleno de drogas y de violencia y, mientras me metía en esa vida, que iba relatando, día a día, en mi Blog, nunca supe diferenciar si realmente vivía o simplemente, escribía, con actos, sobre la vida. Y, de pronto, pasó. Un escritor de renombre (ganador del premio Nadal) me escribió anunciándome que le gustaba mi Blog y que, si me interesaba, se prestaba a editarlo: yo exploté de júbilo, deje mi trabajo en la discoteca y me recluí en otra isla donde hoy vivo, solitario y concentrado, en reconvertir mi Blog en un diario-novela que, como no, voy colgando, borrador a borrador, en Internet (www.micabeza.com). Ahora, gracias a la red y, aunque finalmente no consiga publicar mi novela, me siento escritor, estoy lleno de ilusión, de proyectos, de lectores que ríen, reflexionan y hasta se masturban con mis textos, 60.000 visitas en 9 meses, lectores desconocidos que me llaman genio, y que impiden que sienta que, como dice G.G. Márquez, escribir sea el oficio más solitario del mundo. .
Recuerdo perfectamente de mi primera experiencia con un ordenador. Eran los primeros 80, y en el Instituto nos habían llevado de visita al Museo de la Ciencia donde tenían varias unidades que se podían utilizar libremente. Cuando conseguí apoderarme de un teclado no dudé un momento y empecé a preguntar cosas al azar en aquella línea de caracteres verdes: ¿Como te llamas? ¿Quién descubrió América? ¿8 + 6?... La respuesta fue en todos casos la misma: "Comando o nombre de archivo incorrecto". Quedé muy decepcionado de unas prestaciones que estaban a años luz de lo que mi imaginación, y probablemente el cine de ciencia ficción, me habían hecho esperar. Pues bien, básicamente esta es la fantasía que ha acabado haciéndose realidad con Internet: hoy el ordenador responde a mis preguntas. En los últimos diez años ha ido aprendiendo más y más cosas hasta llegar a contenerlo casi todo, y ahora contesta con rapidez a cualquier duda por compleja o pintoresca que sea, no solo con múltiples versiones, sino también con fotos, sonidos, películas, enlaces. Sus recursos inagotables le han convertido en el centro del micro universo doméstico. Para empezar ha canibalizado a otros aparatos de su entorno, como el equipo de sonido (que desapareció porque compro únicamente música de la red) o la televisión (que ha pasado a ser un simple visor de noticias, dejándose arrebatar el monopolio de los ratos de aburrimiento). Tengo que admitir que desayuno consultando el correo, las notificaciones de entradas nuevas en los foros a los que estoy suscrito y los avisos de artículos que puede interesarme comprar online. El sonido de correo nuevo se ha vuelto tan familiar como el timbre de la puerta o el teléfono. La comunicación con mis amigos y familiares que tienen e-mail se ha hecho más fluida y frecuente, y lo contrario ha ocurrido con aquellos que todavía se niegan a abrirse al ciberespacio. Comparto aficiones con gente de Siena, Nueva York y Beirut, compro trastos impensables en USA y acabo vendiendo lo que no quiero en Holanda o Japón. Pago y cobro con solo dar mi email, empiezo a llamar a algunos amigos mediante videoconferencia y utilizo con naturalidad palabras tan extrañas como blog, avatar o smtp. Tampoco olvidaré nunca la primera conexión, en 1995, cuando después de configurar mi desfasado ordenador con un modem externo recién comprado, siguiendo las instrucciones telefónicas del proveedor de acceso (que tiempos), intenté la primera llamada, probé escéptico a introducir en el navegador lo primero que se me ocurrió, cocacola.com, y la pantalla empezó, muy poco a poco, a teñirse de rojo y negro. La sensación de ese momento de poder dirigirme con solo mover el ratón a sitios de todo el mundo es de las difíciles de superar. Y sin ir más lejos la mejor prueba del impacto de Internet en mi vida puede ser el hecho de que esté escribiendo este texto para un concurso, porque seguro que jamás lo hubiera hecho de haber requerido formas de envío convencionales.
Cuando en 1999 obtuve Internet en casa me permitió concretizar primero el intercambio escolar que planificaba(pero con correo tradicional...)con mi colega de Córdoba en Argentina .Todo se acceleró gracias a internet , los alumnos se escribían casi diariamente y luego en 2000 fuimos allí y lo repetimos durante 3 años .Ahora son intercambios con Guadalajar en México y siempre lo repitó:nunca todo eso hubiera sido posible sin el internet , claro. ¡Ni hablar de todo lo que nos aporta a nosotros los docentes ! Una fuente inacabable ! Y al nivel personal :los contactos , los envíos de fotos de mis hijos que viven en el extranjero ¡Una maravilla este invento!
Todo fue sucediendo de forma casual. Veía los primeros monitores y los teclados. Compraba revistas. Todo aquello supondría elaborar un "algo complicado y difícil", porque el mundo se estaba acomodando a la presencia de las máqinas. Comencé a alfabetizarme por gusto, y esta circunstancia me hizo investigar, abrir nuevas fronteras hasta descubir que Internet era una "red", un amplísimo océano donde encontrar cómo escriben los niños chinos, el alfbeto árabe, la música del desierto de Gobi. Empecé a descubir que Jung tenía razón, que todo un Inconsciente Colectivo existía como fndamentción de la globalidd de pensamientos. En realidad mi vida no cambió, sino que pude crecer y seguir creciendo junto a un lenguaje y auna tecnología que me son necesarias. Soy bibliotecario en un centro Escolar. Internet es la forma más habitual de acceso ala información, al juego, a la consulta. Ellos, losmás pequeños han nacido con esta inmensa herramienta en las manos. Para mí es como el desayuno por las mañanas, la primera consulta al correo electrónico y ese "juguete inmenso" donde poder seguir aprendiendo. Me sorprende que mi vida pueda continuar muy cerca de las nuevas tecnologías, y confío en que, siendo una creación humana cohexitan paralalelas ala necsida de un humanismo tecnológico;: en mi madurez así lo siento y así lo decribo.