Cuzco-Curahuasi
Emilio Puig Ruiz (Toledo)
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Emilio. |
Como es costumbre en la Ruta, hoy nos hemos levantado temprano, a
las cinco de la mañana. Los titiriteros del grupo Libélula,
acompañados por el habitual megáfono de Jesús
Luna, han colaborado en nuestro despertar con algunas de sus cómicas
y ruidosas canciones. Esto nos sirve de gran ayuda, ya que salir de
las tiendas cuando uno está bien calentito dentro de su saco
y en el exterior está helando, no es nada fácil.
Ya que hoy partíamos de Cuzco y necesitábamos hacerlo
en el menor tiempo posible, nos hemos vestido y recogido el campamento
rápidamente. Después nos tomamos el desayuno de pan
con mermelada y hoy con un chocolate caliente. Todo compuesto, subimos
a los autobuses que nos llevaron hasta la ciudad de Curahuasi. Nos
distribuimos casi respectivamente un grupo de chicas y un grupo de
chicos.
Después de tres horas y media de viaje, hemos parado para
disfrutar de una supuesta sorpresa que al final no se ha podido realizar.
Se trataba de bañarnos en aguas termales, pero la capacidad
de la piscina era sólo para veinte personas, imposible para
nuestro gigantesco grupo.
Seguimos, por tanto, hacia nuestro punto de destino, Curahuasi, donde
nos han recibido con una calurosa bienvenida. Nos reunimos en la plaza
del pueblo junto con diferentes jóvenes locales, además
de las correspondientes autoridades y organizadores de la Ruta Quetzal
BBVA, con el fin de llevar a cabo un acto de hermanamiento.
El Alcalde, un representante de las autoridades y el Subdirector
de la Ruta Quetzal BBVA nos han dedicado unas palabras. Acto seguido,
la representante de los expedicionarios españoles entregó
la placa conmemorativa de la Ruta, así como un ejemplar de
El Quijote con motivo del IV Centenario de su publicación.
Posteriormente nos obsequiaron en el Ayuntamiento con una comida típica
del lugar.
He tenido la oportunidad de conversar con algunos chicos y chicas
de la ciudad. Me ha sorprendido muchísimo la madurez con que
argumentan sus ideas, ya que tan sólo tienen trece años.
Todos estudiaban en el Colegio "Jesús Evangelizador".
En Cuzco fuimos testigos de cómo niños de temprana
edad vendían objetos por la calle. Estos jóvenes estudiantes
de aquí me han contado que algunos lo hacen para alimentar
a sus familias, pero que muchos otros son abandonados por sus padres,
frecuentemente alcohólicos o drogadictos. En el grupo de chicos
y chicas con los que hablé me contaron que alguno de ellos
trabajan para poder pagarse los materiales que necesitan para ir a
la escuela, lo cual me resulta muy egoísta por nuestra parte,
puesto que con un poquito de esfuerzo por parte de todos podríamos
evitarlo.
También me han contado que son grandes fans de la música
y el fútbol de España y que su deseo es seguir estudiando
para lograr obtener una titulación, generalmente Turismo, que
es muy popular y tiene muchas salidas aquí. Me ha resultado
muy bonito el que me dijesen que, entre sus mayores sueños,
está cambiar la situación de Perú.
Dicen que quieren unir a una población peruana desunida, ensalzar
la identidad y el nacionalismo peruanos, entre otras cosas, sin olvidarse
por supuesto de la pobreza. Como ellos me han dicho "un país
que tiene veintiocho de los treinta y dos climas que hay en el mundo,
se merece algo más".
Llegada la tarde, la expedición se ha divido en dos. Una parte
ha ido a visitar un cañón impresionante sobre el río,
que algunos consideran como el más alto del mundo, y otra parte
hemos ido a recoger anís. Curahuasi está considerada
como la capital mundial del anís por la inigualable calidad
de este producto. En una plantación hemos tenido la oportunidad
de obtener y practicar nosotros mismos la recolección y producción
del anís. La verdad ha sido muy curioso y, sobre todo, muy
divertido.
Ya por la noche, nos hemos instalado en un campamento que el pueblo
nos ha prestado. Está junto a un riachuelo y se pueden ver
miles de estrellas en el cielo. Es un lugar precioso. Nos han dado,
para desventura de muchos, pollo y arroz para cenar.
Para finalizar nuestra jornada, los habitantes de Curahuasi han tenido
la amabilidad de trasladar hasta nuestro campamento una de sus fiestas
populares. Tuvimos, por tanto, la oportunidad de bailar, charlar y
divertirnos con ellos. Jesús Luna, como es costumbre también,
nos ha llamado a dormir, está vez sin los titiriteros, alrededor
de las diez menos cuarto de la noche. Es ahora, algo más tarde,
cuando yo escribo este pequeño resumen de nuestra intensa actividad.
Hoy ha sido un día largo, variado y entretenido. Hemos aprendido
muchísimo y espero que ustedes, gracias a mi crónica,
lo hayan hecho también y les haya gustado.
Desde la Tierra de los Reyes, un saludo.
