Un
paseo por IquitosMar Fernández Aliseda,
Sevilla, Grupo 8
Abel Arnaiz, Santander, Grupo 12
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Mar y Abel.
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Son las 5:00 de la mañana cuando
Jesús Luna, nuestro jefe de campamento, nos despierta a golpe de megáfono.
Por suerte para nosotros, la mañana venía con sorpresa. Nos dieron
permiso para tomar una ducha fría rápidamente y poder marchar más
tarde. Sin desayunar y limpios, sin saber lo que nos esperaba, salimos al desfile
por las calles de Iquitos de decenas de motocarros como si de un enjambre de avispas
se tratara. Toda la expedición mezclada con los habitantes de la ciudad
en motocarro.
Para todos nosotros la visita se convierte en algo nuevo y
distinto. Los sentidos se disparan, especialmente el olfato, sobresaturado con
los múltiples y diversos olores; así como los sentimientos tras
ver las insalubres condiciones de vida de la región. Después de
una visita al Mercado de Belén, subimos de nuevo a los motocarros que nos
aguardaban, nuestro destino era el ansiado desayuno.
Una vez repuestas las
fuerzas, marchamos en los famosos autobuses de época hacia el Centro de
Estudios Docentes de Zungarococha. Allí asistimos a charlas sobre la docencia
y la educación, así como de dos representaciones con temas autóctonos
y nuevos para nosotros. Mientras tanto, el segundo grupo de expedicionarios, la
otra mitad, estaba aún disfrutando de los cómodos asientos del avión,
de la comida y del aire acondicionado.
Tras la comida, la tarde se presentaba
calurosa, húmeda y larga. Una vez finalizada nuestra visita a Zungarococha,
pasamos a las instalaciones de IIAP en Quistococha, Instituto de Investigaciones
Avanzadas de Perú, para observar principalmente el desarrollo en cautividad
del paiche y su posterior reimplantación al medio.
A media tarde
volvimos al Complejo Naval de Iquitos, base de nuestro campamento. Una vez allí
comenzamos la tortuosa labor de organizar la mochila. Por fortuna pudimos dejar
de lado el calor dándonos un chapuzón en la piscina del Complejo
Naval. Llega la hora de la cena y una vez dejadas las mochilas en su sitio, nos
equipamos correctamente y partimos hacia las embarcaciones que nos aguardan en
el puerto para nuestra travesía por el Amazonas.
Para finalizar el
día y después de cargar las cajas del grupo primero, llegó
el segundo grupo directamente del aeropuerto y con él la noche y el sueño,
que quedó a un lado con las presentaciones y la alegría de vernos,
por fin, todos juntos.
