En
barco por el AmazonasMireia Crispín, Valencia,
Grupo 7
Lucía Piernini, Argentina, Grupo 7
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Mireia y Lucía.
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Ha sido un día algo
especial, los planes que teníamos para hoy se cambiaron por completo, y
sin embargo lo pasamos en grande. Ya nos hemos acostumbrado a levantarnos a horas
intempestivas, a ir llenos de crema solar, antimosquitos y mugre porque la Amazonía
lo merece.
Hoy nos sorprendió encontrarnos con un grupo de barcos
un tanto peculiares que nos iban a llevar a lo largo del río Pacaya. Las
paredes de madera, los techos de paja y el ruido del motor nos hicieron sentirnos
parte de la selva. Dentro de la barca habitaban una familia de indios peruanos.
Mientras nosotros nos preocupábamos por los mosquitos portadores del paludismo
y los peces asesinos, ellos iban de un lado a otro, en manga corta, pantalón
corto, descalzos y sin miedo a ser pasto de las pirañas.
A través
de las ventanas, sin cristales, del barco podíamos observar la inmensidad
de ramas entrelazadas amenazando con devorarnos de un momento a otro. La maleza
salvaje nos contempla alerta, atenta al mínimo gesto de descuido para rodearnos.
Hemos tenido la gran suerte de haber podido ver delfines rosados, que según
nos explicó un biólogo especialista de la reserva Pacaya Samira,
son unos de los animales más emblemáticos de la zona. También
había en las orillas del río grandes comunidades de garzas que hicieron
que más de uno se quedara sin fotos en la cámara.
En lo que
se refiere a las comidas, hoy no fue arroz con pollo, como venía siendo
habitual, sino suculentas raciones del Ejército Español. No todo
el mundo vio con buenos ojos el cambio, todo dependía del número
de menú que te hubiera tocado; pero hay que reconocer que no sobró
nada de chocolate ni de leche condensada del desayuno.
Pero si había
algo que hacía este día muy especial era la de que Luchi, una de
las dos reporteras que hacen esta crónica, cumplía 17 años.
No todos los días se celebran cumpleaños en una barca perdida en
el río Pacaya, en mitad de la selva amazónica, y esto lo hacía
verdaderamente único e inolvidable. A pesar de extrañar, como es
normal, a los amigos de cada día, los ruteros hicieron cuanto estuvo a
su alcance para hacer una linda celebración de cumpleaños. Haciendo
uso de un poco de maña e imaginación, elaboraron originales regalos
para Luchi, utilizando por ejemplo, los cartones de las maravillosas raciones
del Ejército español.
Algunos compañeros se sintieron
indispuestos por la dureza de las condiciones del viaje, pero eso no fue obstáculo
para el optimismo predominante entre los expedicionarios, que les hace superar
cualquier adversidad y conseguir las metas que se proponen, dejándose llevar
en todo momento por la aventura, el aprendizaje y la amistad.
