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22 de junio

Visita a dos comunidades indígenas
Jonás Monge, Toledo, Grupo 17
Jorge Vela, Madrid, Grupo 16


Jonás y Jorge.

Nuestros barcos se acercaron a la orilla y comenzó una de las experiencias más interesantes: visita a comunidades indígenas. En primer lugar nos acercamos a la Comunidad Indígena de San Juan de Pancar, que cumplía ahora 69 años de su fundación. El "mancar" es un pájaro muy luminoso que cuelga sus nidos cerca del río.

El teniente de la localidad nos ha hecho de guía turístico y nos ha enseñado cómo viven. Destaca sobre todo la amabilidad de sus gentes que nos han agasajado con yucas de 1 y 2 kilos y la bebida tradicional "masato" elaborada con yuca fermentada.

La visita comenzó en el puerto y escuchamos las palabras de bienvenida. A continuación, custodiados por plataneros y árboles, fuimos recorriendo el pueblo, acompañados de niños indígenas sonrientes, mientras los titiriteros abrían fila tocando la dulzaina, tambor y platillos.

Es curioso ver cómo todo el pueblo está construido, teniendo en cuenta la época de crecidas e inundaciones del río que les obliga a levantar no sólo las casas sino también los baños y servicios, colocados en lo alto sobre postes de madera. Debajo de cada casa picotean patos y gallinas con sus crías. Los perros pasean tranquilamente, mientras unos pequeños cerdos negros remueven la tierra en busca de comida.

A continuación se representa en la escuela una pequeña obra con títeres, que siguen atentamente los habitantes de la comunidad. Cuando acaba el teatro, regresamos todos hacia los barcos. En el camino, un señor nos enseña unas pieles de boa y se muestra orgulloso diciendo que las ha cazado él. Algunos se interesaron por ellas, pero está prohibida su compra porque fomentaría la caza ilegal. Eran baratas, pero no deben comprarse.

Tras despedirnos efusivamente de aquellas gentes, volvimos de nuevo al barco para tomar el desayuno. Tuvimos un tiempo libre y nos dieron una conferencia sobre las culturas indígenas.

Un nuevo poblado: A las 4.30 arribamos a un segundo poblado indígena, llamado Nuevo Progreso. Desembarcamos en una zona reservada y lo hicimos tomando un camino de cemento, dejando casas a ambos lados. Al final, llegamos a un gran prado libre, donde nos enseñaron a tejer hojas de palmera para los techos de sus cabañas.

La expedicionaria representante de Malta, a ritmo de instrumentos de percusión que tenían allí los nativos, nos hizo un baile muy interesante al compás de ritmos indígenas. El siguiente número espontáneo corrió a cargo de un expedicionario de Cádiz que nos brindó unos ritmos africanos y, ante el clamor de los espectadores, volvió a salir al centro del corro. Una expedicionaria de Panamá salió a bailar acompañada de ritmos de su tierra y una canción de los titiriteros. Naturalmente, cuatro chicas andaluzas bailaron unas sevillanas, acompañadas por palmas. Al bajar de allí, encontramos en una casa un lorito con muy malas pulgas.

Ya en el barco, tuvimos otras dos conferencias, una sobre los problemas de la Amazonía y la forma de remediarlos, insistiendo en que no ha de prohibirse el uso de los recursos sino fomentar la explotación racional de los mismos. La otra conferencia nos informaba de las propiedades medicinales de las plantas de la selva: da miedo pensar en la cantidad de plantas que se pierden cada año, sin que se hayan podido estudiar sus valores medicinales.

Como es costumbre, después de cada conferencia, surge el turno de preguntas, donde los ruteros expresan también sus opiniones sobre los temas tratados. Es increíble lo bien que se expresan y ordenan sus ideas y la fuerza con que emiten sus mensajes. Los conquistadores sembraron el idioma en tierra fértil: estos jóvenes sudamericanos se expresan mucho mejor que algunos universitarios de la metrópoli.

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