Expedición 2005
los40.com CadenaSer ELPAIS.es El Pais Universidad AS.com
Ruta Quetzal, de las ciudades de los Reyes al Amazonas y a la tierra de los Vascos
RUTA QUETZAL BBVA
Bienvenida
Qué es Ruta Quetzal
Participantes
Itinerario
Crónicas
Enviados especiales
Bernardo Marín
Cristina Machado
José Luis Regueira
Álbum fotográfico
Fotos de Perú
Fotos de España
Las voces de la ruta
Quién es quién
Foro
Enlaces
Ediciones Anteriores
 Enviado Especial - 26-06-2005
Bernardo Marín
ELPAIS.es
Perú
Mercados y piedras sagradas


Los bomberos de Cuzco dan una ducha a los jóvenes (José Luis de la Cuesta).

BERNARDO MARÍN, Cuzco
Un consejo muy importante para el viajero que visite Perú que no suele aparecer en las guías de viaje: lleve usted abundante moneda fraccionaria. Aquí nadie parece tener cambio: ni en las tiendas, ni en los mercadillos ni en los bares. El visitante incauto que pretenda pagar los dos soles -medio euro- que cuesta una carrera urbana de taxi en Cuzco con un billete de diez puede perder el tiempo que ha ganado por no ir andando buscando a alguien que se lo cambie. En algunas tiendas resulta más sencillo adquirir algún objeto más para redondear el precio de la compra que esperar a que el vendedor encuentro monedas para darle la vuelta.

Los jóvenes de la Ruta Quetzal BBVA han comprobado ésta circunstancia estos días en las tiendas y mercadillos que han visitado en los alrededores de la ciudad de Cuzco, el ombligo del mundo del imperio Inca, su base de operaciones hasta el próximo día 28. Allí, los expedicionarios han podido medir su habilidad para el regateo con los vendedores locales. Pulseras de cuero o de hilo, gorritos andinos de lana de alpaca y colgantes con la cruz del Cuzco parecen ser los objetos preferidos de los muchachos a la hora de darse un capricho o escoger un regalo para sus familiares y amigos. Nada que no se pueda aquirir en un puesto ambulante en Madrid, México o Berlín. Pero la gracia está en comprarlos en su tierra de origen, la sierra peruana, a más de 3.000 metros.

Los mercadillos locales, todo hay que decirlo, ha perdido mucho encanto a medida que el turismo ha ido invadiendo la región. En cualquier tienda de Cuzco pueden encontrarse exactamente las mismas bufandas, bolsas o muñecas andinas que en el mercado de Chinchero, uno de los más afamados de la región. Si de verdad los vendedores son artesanos hay que concluir que no son demasiado originales. Además, los nativos han comprendido el encantoque tienen para los visitantes, lo que amenaza precisamente con prostituir su estilo de vida tradicional. Cuando vemos a un individuo cerca de un lugar de interés turístico ataviado con un poncho con los colores del tawantisuyu (enseña inca con las tonalidades del arco iris) y acompañado de una llama podemos estar seguros de que se trata de un actor que pretende cobrar a los extranjeros por posar para unas fotos.

Así se ganan un soles extra José (14 años, siete hermanos), Esther (once años, cinco hermanos) y Verónica (10 años, seis hermanos). Entre semana van a al colegio pero los fines de semana se pasean con su llama Inti (sol) y su loro Poli por la fortaleza de Sacsayhuamán, en la parte alta de Cuzco. Hoy les ha tocado fotografiarse con los jóvenes de la Ruta, que han visitado la extraordinaria construcción, la cabeza del puma de la ciudad, construida con piedras de más de 300 toneladas unidas sin agarmasa y tan bien pulidas que es imposible meter el filo de una navaja por entre sus junturas. Es esta una de las excursiones previstas para estos días, en los que los jóvenes también han visitado el complejo arqueológico de Ollataytambo y las fabulosas ruinas de Pisac, enclavadas en las colinas del Valle del Urumbamba.

La visita estrella, naturalmente, está siendo la de Machu Picchu. Para proteger las ruinas, los jóvenes están subiendo en grupos de cien. Mañana subirán los últimos, entre los que se encuentran los integrantes del grupo de música que, bajo la batuta de Javier Lázaro tienen previsto dar un concierto en semejante escenario. Por cierto, que la visita al santuario ha supuesto ya una aventura para los expedicionarios que lo visitaron el primer día. Sus responsables confundieron las 16.30 con las 18.30 y perdieron el tren de vuelta. Afortundamente las autoridades de Aguascalientes se apiadaron de los muchachos y les permitieron pasar la frío noche cuzqueña (ocho bajo cero según algunas fuentes) bajo cubierto.

Annick, de Urugay, Marina, de Madrid, y Amaia, de Vitoria, que ya son reincidente en este tipo de desaguisados -su barco naufragó en el Pacaya - cuentan la historia entre risas y aseguran que por la aventura mereció la pena perder el tren. Marina sufrió lo indecible para subir los 1.700 escalones del monumento por haber llenado su mochila de cosas innecesarias (las pinzas de la ropa, el jabón, los regalos para sus padres, el anuario...así hasta completar 18 kilos). Pero luego se alegró de haber incluido otro objeto absolutamente absurdo, según se planteaba la excursión, y que luego resultó vital para combatir la congelación: un saco de dormir que compartió como buena amiga con sus dos compañeras.

© Prisacom S.A. - Ribera del Sena, S/N - Edificio APOT - Madrid [España] - Tel. 91 353 7900