Expedición 2005
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Ruta Quetzal, de las ciudades de los Reyes al Amazonas y a la tierra de los Vascos
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 Enviado Especial - 5-07-2005
José Luis Regueira
ELPAIS
Perú
A la vista de la Ciudad de los Reyes
JOSÉ LUIS REGUEIRA, Lima
Los expedicionarios de Ruta Quetzal-BBVA llegaron a las proximidades de
Lima, la antigua Ciudad de Los Reyes fundada por Francisco Pizarro en la
Epifanía de 1535, después de sortear en los últimos días alturas de 4.800
metros y refugiarse durante las noches a temperaturas inferiores a los dos grados bajo cero.

Los jóvenes visitaron, antes de cruzar la cordillera de Huancavelica y
llegarse a los parajes más templados de la capital peruana, las excavaciones
mineras de Castrovirreyna donde aún se llevan a cabo extracciones de mineral
de plata, oro, zinc y cuarzo a 4.800 metros de altitud. La mina está
operativa ininterrumpidamente desde 1540 cuando el virrey Hurtado de Mendoza emparentó por padrinazgo con el cacique de la zona que ofreció al
representante del rey de España en el Perú las excavaciones para su uso.
Mendoza tuvo a bien dar el nombre del apellido de su esposa, Castro, a las
nuevas minas que llegó a confiar que fueran más ricas que las de Potosí.

Hoy, unos 500 hombres, la gran mayoría indios quechuas de Huancavelica
trabajan en las mina El Mañoso, la única abierta y para todos ellos
resultó una fiesta la llega de la Ruta y la pacífica invasión de los 300
expedicionarios que pudieron aproximarse a la comprensión del trabajo minero
y la raudas condiciones que lo rodean, si bien, alguien con buen criterio
hizo que no pernoctaran allí mismo -en la noche la temperatura llegó a los
15 grados bajo cero- sino en la misma ciudad de Castrovirreyna a menor
altura. De día, en cambio, el ambiente es casi bochornos en las minas, pero
conviene tomárselo con calma y caminar de tal modo que el paso a cámara
lenta se antoje un récord de velocidad, pues de lo contrario llega
inevitablemente el sofoco, la falta de aire en los pulmones y el soroche golpea en la cabeza y el ánimo.

Después de cruzar lás últimas montañas y las pampas repletas de ganados
trashumantes de llamas y alpacas, la Ruta alcanzó el Pacífico, al sur de
Lima, para acampar junto a las ruinas del templo y oráculo más importante
del Incario, Pachacámac.

En esos parajes de miles de kilómetros cuadrados, donde no hay un árbol, se
protege el cuidado de las vicuñas que simbolizan el nuevo tesoro del Perú y
que resulta ser el objetivo deseado por los cazadores furtivos dispuestos a
ganar más de 1.500 dólares por un animal vivo, aunque asuman el riesgo de ir
a prisión por un tiempo no inferior a los 10 años.

Cuentan los cronistas de Indias que fue el propio inca Atahualpa, preso por
los hombres de Pizarro en la ciudad de Cajamarca, el que indicó a modo de
reconciliación el sitio de Pachacámac como un templo lleno de riquezas que
ofrecía de buen grado a sus conquistadores. Efectivamente, Hernando Pizarro,
hermano del conquistador, y su partida acarrearon una gran cantidad de oro
tras el saqueo, pero se cumplió con ello la venganza secreta del Inca para
que el templo fuera arrasado como él mismo deseaba desde que su oráculo
fracasó sobre el destino de Huayna Capac, su padre, al que se predijo
grandes éxitos, pero que murió al poco tiempo del vaticinio. La historia
cuenta que Atahualpa no era partidario de medias tintas y tenía la violencia
como el arma efectiva de poder.

A partir de ahora, los jóvenes tendrán acitividades académicas al pie del
antiguo oráculo y visitas a la Ciudad de los Reyes antes de emprender el camino hacia España, la segunda etapa de la expedición, momento que se acerca porque los primeros expedicionarios en mebarcarse hacia el otro lado del Atlántico lo harán el próximo viernes 8.

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