Sadam Husein

ASÍ LO CONTÓ 'EL PAIS'

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La invasión de Irak (20/03/2003)

“EE UU ataca Irak”. El 20 de marzo de 2003 comenzaba la guerra en Irak. Los ejércitos de Estados Unidos y del Reino Unido iniciaban la ofensiva terrestre desde el vecino Kuwait. EL PAIS recogía la noticia de la entrada de las “tanques del legendario Séptimo de Caballería avanzando a toda velocidad en territorio iraquí sin hallar resistencia”. También la oleada de protestas en España y en otras ciudades europeas por la invasión. El entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, lanzaba un mensaje institucional para justificar los bombardeos. Sadam Husein se convertía en el enemigo número uno del planeta y en el más buscado.

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La detención de Sadam (15/12/2003)

“EE UU captura a Sadam sin disparar un solo tiro en su escondite de Tikrit”. El 15 de diciembre de 2003 dos fotos del dictador iraquí ocupaban la portada de EL PAIS. En el momento de su detención con barba, desaseado y heridas superficiales en la piel. Y la segunda, un poco mejor, ya afeitado. “Del fondo del agujero salió un hombre con el pelo largo y desaliñado y una barba abundante y canosa. Se le veía envejecido y no opuso ninguna resistencia a sus captores”. Así se encontraron al dictador en un zulo las tropas estadounidenses, el 14 de diciembre. El entonces administrador estadounidense de Irak, Paul Bremer, anunciaba exultante a los periodistas la detención del dictador: “Señoras y señores, lo tenemos”.

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Sadam, condenado (05/11/2006)

“Sadam, condenado a la horca por una matanza de iraquíes.” No por esperada fue menos polémica. El cinco de noviembre de 2006 y tras 11 meses de juicio, el dictador iraquí era condenado a la horca por ordenar la muerte de 148 civiles chiíes de Dujail en 1982. Husein, presente en el juicio, dio un grito histérico y autoritario tras conocer el veredicto: "¡Alahu Akbar!" (¡Dios es el más grande!) y "¡Larga vida a Irak!". Una sentencia que provocó la alegría de la comunidad chií y la kurda oprimida durante la presidencia de Sadam. En el otro lado, asociaciones de derechos humanos y numeroso países cuestionan aún la legalidad del proceso y la condena al dictador.

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