
El germen del corazón más descarnado
“Me da vergüenza tu programa. Esta gente son gentuza”. Fueron las palabras de Chabeli Iglesias en el primer programa de Tómbola, emitido en 1997, por el Canal 9 valenciano. Acto seguido, se levantó de su asiento y se fue. La primogénita de Julio Iglesias abandonó el plató después de permanecer atónita unos minutos, mientras colaboradores como Jesús Mariñas, Karmele Marchante o Lydia Lozano se dispensaban a gusto con frases como: “¿Nos podemos ir, que nos está aburriendo como monas?”. Ninguno de ellos reparó en que ese instante, cargado de confusión, sería el encargado de sentar un precedente en los programas televisivos de contenido rosa. Los excesos que los periodistas y los famosos invitados cometían en directo despertaban la curiosidad de la audiencia, que generaba suficiente rentabilidad económica como para justificar cualquier escándalo. Tómbola consiguió el día de su estreno una cuota de pantalla media del 28´2% con picos del 64,3%. Fue líder de audiencia durante toda la emisión.
Tal inyección de éxito no tardó en hacer la boca agua a otras televisiones autonómicas. En menos de un mes, Telemadrid y Canal Sur emitieron <i>Tómbola</i> y consiguieron resultados de audiencia semejantes, al menos durante laprimera temporada. Con el fenómeno, proliferaron los debates sobre los criterios de financiación de las televisiones públicas y la delgada línea que había sido traspasada con la complicidad del espectador. <i>Tómbola</I> se acabó en 2004, pero creó escuela para multitud de alumnos rosas.

La eterna reposición
La emisión de Friends en Estados Unidos fue, en 1996, el tercer programa más visto del país. La audiencia media por capítulo rondaba los 25 millones de personas. Canal + la trajo a España un año después. La cadena privada echó el anzuelo y emitió las cuatro primeras temporadas de la serie en abierto. Y los españoles se engancharon a estos seis amigos neoyorkinos, a sus cafés en el Central Perk, al piso de Mónica y Rachel y al de Joey y Chandler, a las excentricidades de Phoebe y a los conocimientos paleontológicos de Ross. Los seis abrían una puerta por la que más tarde entrarían el monologuista Seinfeld o el psicólogo radiofónico Frasier Crane.
Casi dos millones de personas siguieron cada uno de los episodios y la cadena privada decidió hacer caja y emitir las otras seis temporadas sólo para sus abonados. Pero la emisión en codificado no iba a durar siempre y la cadena decidió exprimir hasta la última gota de rentabilidad y repuso la serie desde el principio con buenos resultados de audiencia, fórmula repetida ahora por Cuatro.

Sigues con nosotros
En el verano del año 2000, los chicos usaban sombreros de flores y las chicas camisetas de “palabra de honor”. En cualquier rincón alguien se preguntaba: “¿quién me pone la pierna encima?” y otro seguía: “para que no levante cabeza, ¿quién?”. La primera edición de Gran Hermano los había tocado. La forma de vestir y de hablar de los concursantes, la música del programa, la decoración de la casa… Todo marcó tendencia. El formato de telerrealidad pionero en España tuvo una audiencia media de 8.189.000 espectadores (un 50,7% de share) en sus programas semanales de prime time. Tras él llegarían buses, selvas, granjas y teatros, que intentarían arañar con mayor o menor éxito los índices de audiencia de su predecesor.
El reto de Telecinco consistía en tomar el testigo de Holanda y Alemania, meter a 10 personas en una casa de casi 200 metros cuadrados durante 90 días y esperar a ver qué pasaba. Y pasó de todo. Así nació Gran Hermano, el reality show más longevo y de mayor éxito de audiencia en España, el único país del mundo en emitir nueve ediciones.

El médico más entrañable
Casi once millones de personas presenciaron la boda entre el Doctor Nacho Martín (Emilio Aragón) y su cuñada, Alicia (Lydia Bosch). Fue el episodio más visto de Médico de Familia, la serie de ficción nacional que más espectadores ha congregado con una media de 7.617.000 (43,6% de share) por capítulo, el registro más alto obtenido en la historia de la televisión en España desde el inicio de las privadas.
Emilio Aragón volvía a la televisión con un papel de yerno apetecible para cualquier suegra. Médico de profesión, viudo, torpe en cuestiones amorosas y al cargo de una familia formada por sus tres hijos, un sobrino y su padre jubilado. Después de acabar en 1999 con cinco años de éxito en España, el Doctor Martín convenció también a las suegras portuguesas, italianas y venezolanas. La serie de Telecinco traspasó fronteras y se convirtió en la serie española con más proyección internacional. La adaptación de Médico de familia triunfó en países tan lejanos como Costa Rica, México, Uruguay, Ecuador, Finlandia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Argentina, Polonia y la ex-Yugoslavia.

El culebrón más joven
Una generación de adolescentes se sentó a comer el postre cada día durante cinco años mientras los chicos de Al salir de clase iban y volvían del instituto Siete Robles. Los responsables del proyecto manifestaron desde el primer día que su intención no era contar “una historia de guapos, sino las historias reales de aquí, sin estereotipos edulcorados importados con barras y estrellas”. Y es que, hasta entonces, la sobremesa, franja de alto consumo joven, era territorio de series extranjeras y cederlo a una española era todo un reto. Y a Telecinco no se le dio mal del todo. Más de 1.200 capítulos entre 1997 y 2002 convierten a Al salir de clase en la serie de producción propia de mayor duración en una televisión de ámbito estatal, con un seguimiento medio de cerca de 2,5 millones de espectadores.
Entre esa abultada audiencia se encontraban algunos directores de cine. Para ellos Al salir de clase fue un cómodo escaparate del que escoger a Pilar López de Ayala como protagonista de Juana la Loca o a Elsa Pataky para El arte de morir.Para los chicos que terminaron el bachillerato antes que alguno de esos personajes, la serie ya forma parte de su legado común.

La delgada línea nocturna
Crispín Klander, La Veneno o Pepelu representaban una cara de la moneda. El tratamiento de temas tan escabrosos como el asesinato de las niñas de Alcásser representaban el otro lado. El problema en Esta noche cruzamos el Mississippi surgió cuando las dos caras pasaron a fundirse en una, la menos divertida. Pepe Navarro estrenó en 1995 el <i>late night</i> en España. El formato revolucionó completamente una franja horaria hasta el momento “marginal” y se convirtió en líder absoluto de las noches televisivas con una media del 30,4% (2.431.000 espectadores) en su primera temporada. Pero la avaricia rompe el saco y el Mississippi tuvo que cerrar por vacaciones indefinidas, aunque luego reapareciera disfrazado en La sonrisa del Pelícano. Cuando Xavier Sardá, Manel Fuentes, Andreu Buenafuente y Eva Hache relevaron a Navarro en las noches de la televisión contaron con una ventaja en el negocio. La raya trazada por el Mississippi era ancha, visible e infranqueable.

El azote llegó vestido de negro
Fue el primero en darnos clases de Ética Periodística, el primero en el que todos los presentadores vestían de riguroso negro y el primero en sacarle los colores al mismísimo Rey. Caiga Quien Caiga se convirtió en un surtidor constante de sorpresas y sobresaltos. ¿Cómo podían atreverse a hacer lo que hacían? Al Gran Wyoming, provisto de uno de los humores más finos del país y encargado de conducir al equipo, el puesto le iba como un guante. Sus reporteros y él fueron pioneros en formular preguntas “políticamente incorrectas” a todo tipo de personajes públicos. Pasará a la historia como el primer programa que abordó la actualidad desde un punto de vista mordaz. En su presentación, sus responsables dijeron: “no es un informativo, aunque informa. Tampoco es un programa de humor, pero más de uno se regocijará”. Menos claro, imposible, pero a la audiencia le picó la curiosidad y CQC concluyó su primera etapa en 2002 con una media de 2.380.000 espectadores. Manel Fuentes lo retomó en 2005 con unos índices de audiencia aún mejores. La pasada temporada el programa pulió las cifras de Wyoming y obtuvo una media de 2.8620.000 seguidores.