Ya no importa el vértigo que pueda llegar a sentir, o las palpitaciones en el cuello de mi corazón desbocado. Lo sabes, la primera vez que sentí mi sangre correr por cada uno de los rincones de mi cuerpo fue por ti, y hoy vuelve a ser igual pero al mismo tiempo tan, tan diferente. Infinitos sentimientos confusos, irreconocibles palabras que nunca llegué a pronunciar y ahora luchan por salir… No hace falta hablar para comunicarnos, sino que nuestras miradas acaban encontrándose y mi piel se eriza con sólo imaginar el roce de la tuya. Tenemos un lenguaje propio, íntimo, quizá tan secreto que ni tú lo percibas. Sí, tal vez no te llegue el sonido de mi voz, ni ese eco que resuena como una melodía inacabada.
María Perea Mediavilla