Llevo varios días intentando mandarles a ustedes un relato maravilloso que tuve que ir podando para que se ajustase a la estricta medida de 800 caracteres máximo. Después de la poda (drástica) observé que la historia era aún mejor, había ganado en inmediatez, en firmeza y claridad. Deduje que había puesto demasiadas palabras en mi relato y eso me recordó que los buenos escritores consiguen centrar la atención de los lectores sin grandes circunloquios, con las palabras precisas y la solidez sintáctica. Borges decía que de joven era muy barroco "como el que quier demostrar...". Yo no tengo ese problema, no soy Borges.
José Luis Iglesias Diz