Juan Antonio Mañas nace en Carabanchel, Madrid, en 1969. Allí, su hermano pequeño empieza a llamarle Achero. Desde entonces ése es el nombre que le identifica.
Su afición por la escena, que le viene desde la cuna, le lleva a dar sus primeros pasos profesionales en la interpretación. “Mil cuatrocientos noventa y dos: la conquista del paraíso” (1992), de Ridley Scott; “Dispara” (1993), de Carlos Saura, o “La ley de la frontera” (1995), de Adolfo Aristarain, son algunas de las películas en las que interviene como intérprete.
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Pablo tiene 12 años y vive con su padre, su madre y su abuela en Carabanchel, un barrio obrero de Madrid. Es un chaval introvertido marcado por una dura y sórdida situación familiar a quien en el barrio conocen como El Bola, en honor a la esfera metálica que lleva como amuleto. Tras la llegada de un nuevo compañero al colegio, la vida de Pablo comienza a cambiar: va a conocer un mundo completamente distinto al suyo, sin palizas ni miedos y en el que cabe la esperanza. |
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Pero Achero pronto se da cuenta de que prefiere trabajar detrás de la cámara y compagina sus papeles como actor con sus primeros cortos como director. “Metro” (1995), “Cazadores” (1997), premiada con el Goya al mejor cortometraje, y “Paraísos artificiales” (1998) son sus trabajos iniciales.
El gran salto al largometraje llega con el estreno de “El Bola” (2000). Una historia sobre los malos tratos en la infancia que se hace con cuatro Goyas: mejor película, mejor director novel, mejor guión y mejor actor revelación. Este último galardón fue para la afortunada interpretación que Juan José Ballesta, Pablo en el filme, a quien dota de una mirada cuya fuerza traspasa la pantalla.
Por su parte, a Achero Mañas la historia de Pablo, “El Bola”, no sólo le ha valido el reconocimiento como director novel; también el de guionista. Papeles ambos que vuelve a repetir en su última aventura cinematográfica, “Noviembre”, estrenada en 2003. Su segundo largometraje narra la historia de una compañía de teatro independiente con el arte entendido como compromiso social. El filme está protagonizado por Óscar Jaenada e Ingrid Rubio, a la cabeza de un elenco de jóvenes actores españoles.
Hoy, las palabras que el director madrileño pronunció al recoger por primera vez un Goya por su cortometraje “Cazadores” (1997): “Está claro que tengo más futuro como director que como actor”, se han hecho realidad. La cercanía de su mirada comprometida y su forma de rodar han hecho de él un realizador fuera de lo corriente.
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