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En la ciudad sin límites
ANTONIO HERNÁNDEZ 
Antonio Hernández
       
 
 

Antonio Hernández nace en Peñaranda de Bracamonte, Salamanca, en 1953. Desde pequeño tiene muy clara su vocación. Por eso, tras estudiar Ciencias de la Imagen en la Universidad Complutense de Madrid, funda, con 23 años, la productora Micrafilm. A través de ella realiza varios cortos, como “Soldado” (1975) o “Gustavo y la modelo” (1977), alternándolos con algunos anuncios publicitarios.

 
 
 

Los fantasmas del pasado pueden ocultarse, pero es imposible hacerlos desaparecer. Aunque eso Víctor todavía no lo sabe. Él ha llegado a París porque su padre, Max, se está muriendo. Sin embargo, el hombre que encuentra en el hospital se comporta como un extraño: finge no recordar, miente y desconfía de todos. Mientras su familia se pelea por la herencia, Víctor trata de ayudar a su progenitor, pero, por más que lo intenta, no consigue averiguar cuál es el secreto que tanto le perturba. Hasta que las piezas encajen en el rompecabezas. Entonces lo sabrá.

 

Su debut en el largometraje llega con “F.E.N.” (1979), protagonizado por Héctor Alterio y José Luis López Vázquez, entre otros. Al año siguiente estrena “Apaga... y vámonos” (1980), en la que colabora por primera vez con Fernando Fernán-Gómez. Tras más de 10 años sin rodar largometrajes, dirige “Cómo levantar mil kilos” (1991). Le sigue “Lisboa” (1999), con Carmen Maura, Federico Luppi y Sergi López dando vida a los personajes de un “thriller” con estructura de “road-movie”. En 2001, Antonio Hernández da un giro a su carrera con “El Gran Marciano”, un curioso experimento de cámara oculta protagonizado por los concursantes del primer programa de televisión “Gran Hermano”.

Un año después estrena “En la ciudad sin límites” (2002), una película sobre la locura senil y los secretos de familia en la que refleja parte de su experiencia personal ante la enfermedad y muerte de su padre. Rodada en nueve semanas entre París y Madrid con un presupuesto de tres millones de euros, la cinta obtiene un gran éxito de crítica y público. La excelente acogida en el Festival de Berlín 2002 repercute en el aumento de popularidad de este filme, que cuenta con intérpretes de la talla de Fernando Fernán-Gómez, Leonardo Sbaraglia y Geraldine Chaplin, quien consigue el Goya a la mejor actriz de reparto. No es la única estatuilla que obtiene la película en la edición de ese año de los premios de la Academia de Cine: por primera vez en su carrera, Antonio Hernández sube al escenario para recoger el Goya al mejor guión original.

En sus muchos años en activo, Antonio Hernández ha dado forma a una filmografía poco prolífica pero fuera de lo corriente. El director asegura que sólo rueda aquellas historias que despiertan algo en su interior, a la vez que reconoce en sí mismo a un actor frustrado. Quizá por eso no puede resistirse a la tentación de aparecer, aunque sea brevemente, en muchas de las películas que realiza.

 

 
   
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