José Luis Rodríguez Zapatero, primer presidente de la democracia que presume de “optimismo antropológico”, ha afrontado con energía la primera jornada del debate sobre el estado de la nación más difícil de sus cinco años de mandato. Tras una primera legislatura de incesante crecimiento económico y abundante creación de empleo, Zapatero llegó a la sesión estelar del Congreso con un arranque de segunda legislatura cargado de catástrofes económicas, con un paro gigantesco, un déficit insaciable y un futuro incierto. El presidente anunció una batería de medidas destinada a detener la destrucción de empleo, plantear una alternativa al modelo productivo que huya de la construcción como uno de sus motores principales y articular soluciones para animar el consumo.
El presidente, que gobierna un país con más parados que nunca en su historia, puso a prueba su optimismo antropológico en un debate en el que despejó algunos interrogantes:
Fue un reconocimiento a medias. Lo expuso así: "Ha sido éste un año tan largo como difícil, en el que la economía se ha dado la vuelta con una rapidez inusitada. Durante el primer semestre de 2008, empezó a cambiar el viento pero nadie podía esperar que ese cambio fuese el preludio de la tempestad que azotó al mundo a partir del final del verano (..) Es evidente que el Gobierno se ha equivocado, sucesivamente, en sus previsiones durante este último año. Es un error que comparte, debo decirlo, con los demás Gobiernos y organismos internacionales. No es un consuelo. Pero tampoco una justificación, porque ese error no le ha impedido reaccionar dentro de sus posibilidades".
Muchas y variadas. Las más importantes, por orden de gasto:
- 5.000 millones de euros para un nuevo plan de financiación de obras municipales vinculadas al medio ambiente y a la atención social.
- 400.000 ordenadores para los alumnos de colegios públicos y concertados de quinto de primaria.
- 500 euros de ayuda a la compra del automóvil.
Le preguntó Gaspar Llamazares al filo de la medianoche. Y Zapatero, que eludió el tema durante toda la jornada, respondió: “Esto está en fase de diálogo con sindicatos y empresarios. Será necesario también un diálogo con las comunidades autónomas. Quiero tranquilizarle en el sentido de que estamos trabajando alguna hipótesis de responsabilidad compartida”. Y ahí se quedó. De momento, sólo buenas palabras.
Guiño silencioso a los sindicatos. Ni una palabra sobre la necesidad de una reforma laboral. Conclusión: las reglas del juego que más afectan a los trabajadores siguen intactas. Rechazo a la propuesta empresarial de flexibilización en la contratación y abaratamiento del despido que apoyan los sectores más ultraliberales del PP.
Guiño ruidoso a los pequeños y medianos empresarios. Anuncio (el primero importante que hizo en su discurso) de un recorte del 5% en el pago del impuesto de sociedades vinculado al mantenimiento del empleo para empresas de menos de 25 trabajadores.
500 euros, aunque lo vendió como si fueran 2.000 euros porque cuenta con la ayuda de comunidades y fabricantes de automóviles para alcanzar esa cifra.
Ofreció un acuerdo a muchas bandas: agentes sociales, comunidades autónomas y partidos políticos para cambiar el modelo productivo y pactar la reforma de las pensiones. .
Ni una mención en su discurso
No dio una cifra pero sí dio fecha. Antes del 15 de julio reunirá a todas las comunidades en el Consejo de Política Fiscal y Financiera para buscar uno de los pactos más importantes de los últimos años para el futuro autonómico.
Ni una sola palabra.
Ni rastro de la corrupción.
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