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Agustín
Sciammarella
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PABLO
ORDAZ
Su historia
está marcada por una fotografía en blanco y negro. Fue
tomada el año 1977 en Zumárraga (Guipúzcoa) y en
ella aparece Jaime Mayor junto a su tío Marcelino Oreja y cuatro
hombres jóvenes, fundadores de la Unión de Centro Democrático
(UCD) en el País Vasco.
-Dos años después, sólo quedábamos vivos
mi tío y yo. ETA fue matando a todos los demás, uno a
uno; a tres de ellos -José Ustarán, Jaime Arrese y Juan
de Dios Doval- en el plazo de un mes.
Desde entonces, Jaime Mayor Oreja, nacido en San Sebastián en
1951, ingeniero agrónomo de carrera y político de profesión,
casado y padre de cuatro hijos, trabaja para una obsesión: terminar
con ETA. A ello le ayuda la presencia constante en su despacho de aquella
fotografía, del recuerdo de aquellos hombres y también
del tiempo gris en que murieron...
-Hay que reconocer -admite Iñaki Anasagasti, portavoz del PNV
en el Congreso- que la transición en Euskadi fue muy difícil
para aquellos partidos, como la UCD, a los que nosotros identificábamos
con el franquismo. Se lo hicimos pasar muy mal. Quizás por eso
hay en él una especie de resentimiento histórico hacia
el PNV.
No es difícil adivinar, por tanto, que los mandamientos políticos
de Mayor Oreja -de profundas convicciones religiosas- se cierran en
dos: acabar con ETA y aislar de paso el nacionalismo vasco. A una y
otra cosa se dedicó casi en exclusiva durante sus últimos
cinco años al frente del Ministerio del Interior. Y también
son ésos y por ese orden sus objetivos desde que el 27 de febrero
fuese nombrado oficialmente candidato del Partido Popular (PP) a la
presidencia del Gobierno vasco.
No es la primera vez que Mayor Oreja lo intenta -ya lo hizo en 1990
y 1994-, pero sí la única con posibilidades reales de
conseguirlo: a sus buenas expectativas electorales se une el previsible
apoyo de los socialistas vascos, tan comprometidos como él en
asistir a la proclamación del primer lehendakari no nacionalista
de la historia.
Si es verdad que Mayor Oreja se juega mucho en las próximas elecciones
vascas, también lo es que no tenía otra opción
que aceptar la apuesta. Si es cierto que deja en Madrid un rincón
tranquilo y un futuro prometedor -seguía siendo el ministro mejor
valorado y el preferido por los votantes del PP para sustituir al actual
presidente-, también lo es que tiene un compromiso ineludible
que cumplir. Y no sólo con sus viejos amigos de la UCD asesinados
por ETA; también con los concejales y cargos públicos
del PP a los que él -personalmente y tras cada atentado terrorista-
ha venido pidiendo, exigiendo casi, que resistieran en sus puestos el
acoso terrorista. Algunos de ellos le hicieron caso y no lo contaron.
Otros prefirieron marcharse. La inmensa mayoría sigue aguantando,
aunque, como en el caso de Carlos Iturgaiz, hayan tenido que cambiarse
hasta seis veces de domicilio para intentar despistar al peligro. Ahora,
queda claro, Don Tranquilo no podía echarse atrás.
-Sí, sí, siempre le llamamos Don Tranquilo, pero eso no
es rigurosamente cierto
El senador del PP Gonzalo Quiroga fue compañero de pupitre de
Mayor Oreja en el colegio de los Marianistas de San Sebastián.
Juntos recibieron las clases de francés de don Rafael Robredo,
preceptor del ahora candidato:
-Lo recuerdo como un chaval muy religioso, pero sin beatería.
Y tranquilo, muy tranquilo, aunque sólo por fuera. Mayor Oreja
esconde tras su aparente flema -'ese aspecto de abad mitrado que tan
bien da el pego', en palabras de Iñaki Anasagasti- un interior
en continua ebullición. Se le nota en su pierna izquierda, que
mueve constantemente cuando está nervioso y su rostro no lo refleja;
en sus broncas esporádicas a sus colaboradores, a los que siempre
riñe utilizando el plural -'no podemos volver a equivocarnos
así'-, y en su genio en la cancha.
-Alguien que lo viera jugando al fútbol o al paddle, no saldría
de su asombro. Es muy buen deportista y no le gusta perder. Se faja
mucho y se enfada con los compañeros -cuenta el periodista Cayetano
González, quien, junto a la secretaria Miren Aguirre, forman
el equipo de Mayor Oreja. Con él estuvieron en Interior y con
él estarán ahora en Vitoria, donde ya han alquilado pisos
y oficinas para cubrir la campaña electoral.
Cayetano González repasa 47 nombres -los de las víctimas
de ETA durante el mandato de Mayor Oreja al frente de Interior- para
detenerse finalmente en uno: Miguel Ángel Blanco.
-Fue el momento más duro, cuando yo lo vi peor. Durante el secuestro
y también después, en la UVI del hospital Nuestra Señora
de Aránzazu, mientras Miguel Ángel agonizaba.
-¿Lloró entonces? ¿Se sintió de alguna manera
responsable de aquel desenlace?
-No, no lloró. Y tampoco se sintió moralmente responsable
de aquella muerte. Tenía claro que el Gobierno no podía
ceder al chantaje de ETA.
Mayor Oreja tiene desde siempre una fe ciega en la línea recta,
lo que constituye una prueba de coherencia para sus amigos y de intransigencia
para sus adversarios. Su tío Marcelino Oreja, actual presidente
de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), fue quien lo metió
en política:
-Jaime siempre ha tenido un gran respeto por la lengua y la cultura
vasca, pero siempre haciéndolo compatible con una idea clara
de España.
Y es eso precisamente lo que no está tan claro en Euskadi. Sus
adversarios políticos ya le echan en cara que intente convertirse
en el primer lehendakari que ni intenta siquiera aprender euskera. Y
también que su bagaje político más inmediato sea
el de jefe de policías y guardias civiles en una tierra donde
ni los crímenes horribles de ETA consiguen hacer olvidar un pasado
muy oscuro de abusos policiales. Tampoco se entendió demasiado
su postura durante la tregua.
-Nos dolió -dice un antiguo compañero de estudios-. Nos
dolió y así se lo dijimos. Debería haber apostado.
Aquí fuimos felices durante unos meses sin tiros. Y aunque ETA
finalmente le diera la razón y se volviera más loca que
nunca, seguimos sin entender que Jaime no lo intentara.
No sólo recibió las críticas fraternales de sus
amigos. Los únicos problemas de Mayor Oreja en el seno del Gobierno
de Aznar se produjeron durante la tregua de ETA. Mientras el entonces
ministro de Interior la calificaba una y otra vez de 'trampa', su secretario
de Estado, Ricardo Martí Fluxá, dialogaba con los terroristas
por orden de Aznar y ejecutaba el plan de acercamiento de presos. 'Sólo
su gran amistad personal', admite un estrecho colaborador de ambos,
'evitó entonces que uno y otro airearan sus discrepancias'.
El día que finalmente el actual lehendakari, Juan José
Ibarretxe, fijó la fecha de las elecciones, Jaime Mayor admitió
ante una compañera de partido que aquel anuncio le reportaba
una cierta dosis de alivio.
-Es que es muy duro tener que meter cada día en la maleta la
corbata negra de los entierros.
Pero también el anuncio de Ibarretxe encerraba una preocupación.
Si la fijación de ETA contra PP y PSOE ya hacía presagiar
una campaña electoral muy peligrosa, la presencia del ex ministro
de Interior la complica aún más. Un amplio dispositivo
de seguridad y un diseño nuevo de campaña -más
entrevistas y menos actos de calle- intentarán contrarrestar
el peligro.
-¿Y si pierde? ¿Se quedará Mayor Oreja a hacer
oposición en Euskadi o volverá a la política de
Madrid?
-No perderá -dice Cayetano González-. Pero si pierde,
que se quede o no dependerá de cómo pierda.