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  LA OFENSIVA TERRORISTA Y LA DISOLUCIÓN DE LA CÁMARA MÁS INFORMACIÓN


El año 2000 en el País Vasco

La división entre nacionalistas y no nacionalistas a la que dio pie el pacto de gobierno firmado por PNV, EA y EH en 1999 se agravó a lo largo del año 2000. Ya a principios de enero, el día 5, las dos formaciones que lideran el nacionalismo democrático se manifestaron en Bilbao junto a IU-EB para pedirle a ETA una nueva tregua y solicitar “movimiento” a los gobiernos español y francés para facilitar un proceso de paz en el País Vasco.

La brecha se seguía abriendo y la reelección de Xabier Arzalluz por séptima vez consecutiva como presidente del PNV no iba a favorecer su cicatrización. En abril, cuando ETA ya se había cobrado sus tres primeras víctimas en lo que iba de año (el Teniente Coronel Pedro Antonio Blanco, el dirigente socialista Fernando Buesa y el ertzaina que lo escoltaba, Jorge Díez), el presidente Aznar reiteró su intención de no pactar con el PNV si los nacionalistas permanecían en el Pacto de Estella.

La complicada situación en la que estaban envueltos tanto el PNV como el Gobierno vasco se vio agravada días después, el 7 de abril, cuando EH hizo pública su decisión de acudir al Parlamento de Vitoria tan sólo en momentos puntuales. Ibarretxe se iba quedando solo y el PP comenzó a pedir un adelanto electoral. La respuesta del lehendakari fue retar a la oposición para que presentara una moción de censura.

Durante ese mes, abril, ETA permaneció prácticamente inactiva, pero su cantera, las organizaciones juveniles Jarrai y Gazteriak, dio un gran golpe de efecto fusionándose en un acto multitudinario celebrado al otro lado de los Pirineos. La asociación juvenil resultante de esta suma de esfuerzos fue Haika.

Ya en junio, después de los asesinatos del periodista José Luis López de Lacalle y el concejal del PP en Durango Jesús María Pedrosa, Aznar e Ibarretxe se reunieron para limar asperezas. Durante la cita, el presidente del Gobierno y el lehendakari constataron que su único punto en común era la condena de la violencia y acordaron mantener el diálogo institucional.

Pero lo peor estaba por llegar. ETA decidió tomar la iniciativa durante el verano y comenzó perpetrando cinco atentados durante el mes de julio que acabaron con la vida del concejal popular malagueño José María Martín Carpena y el ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jáuregui. La violencia de los terroristas acabó con algunos pactos de gobierno firmados entre PNV y EH en varios ayuntamientos y sirvió para que Ibarretxe reconociera, por primera vez, que el acuerdo de Lizarra había fracasado.

La intranquilidad del mes de julio se trasladó a agosto, cuando ETA recrudeció su ofensiva. Los terroristas comenzaron recibiendo un duro mazado. El día 7, cuatro etarras, entre ellos el jefe del comando Vizcaya Patxi Rementería, fallecieron al estallarles la bomba que transportaban en coche por las calles de Bilbao. Un día después, mientras los radicales rendían homenaje a los terroristas muertos, ETA volvía a matar.

En una semana, la organización asesinó al presidente de la patronal guipuzcoana, José María Korta, y al subteniente del Ejército Francisco Casanova. Los guardias civiles Irene Fernández y José Ángel Encinas y el concejal de Zumárraga Manuel Indiano también fueron ejecutados por los terroristas durante ese mes.

Los golpes de ETA radicalizaron aún más a la sociedad vasca y los enfrentamientos entre ciudadanos contrarios a la violencia y simpatizantes de EH se hicieron continuos en los plenos municipales dedicados a condenar atentados. La parte silenciosa de la sociedad vasca y navarra, desquiciada por los asesinatos terroristas, comenzó a alzar su voz en la calle y el propio Arzalluz tuvo que reconocer que el acuerdo de Lizarra había quedado “invalidado” por la violencia.

El nuevo curso político arrancó con sorpresas. El ministro de Interior inició los contactos políticos con el PSOE para luchar contra ETA y llegó a reunirse con el PNV para tratar el tema. A los nacionalistas democráticos esta apuesta por la paz les resultó cara: EH decidió abandonar definitivamente el Parlamento vasco dejando así a su aliado, el Gobierno de Ibarretxe, en una precariedad absoluta.

PP y PSE intentaron fomentar la debilidad del lehendakari presentando sendas mociones de censura en el Parlamento vasco. Estos intentos por acabar con el Ejecutivo nacionalista y forzar un adelanto electoral fracasaron al conseguir tan solo 32 de los 38 votos necesarios para salir adelante en la Cámara de Vitoria. PP y PSE fueron los únicos que sumaron sus esfuerzos para desbancar a Ibarretxe.

ETA , mientras tanto, siguió sumando nombres a su lista de víctimas y, entre septiembre y octubre, se cobró la vida de José Luis Ruiz Casado, concejal del PP en la localidad catalana de Sant Adrià de Besòs, Luis Portero, fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia, Antonio Muñoz Cariñanos, médico militar, Máximo Casado, funcionario de prisiones, y a José Francisco Querol, magistrado de la Sala Quinta de lo Militar del Tribunal Supremo, su escolta, Jesús Escudero, su chófer, Armando Medina, y Jesús Sánchez, conductor de autobús de la Empresa Municipal de Transporte madrileña.

Noviembre fue un mes clave en la política vasca. ETA criticó duramente a PNV y EA desde las páginas de Gara por no tener “intención de impulsar un proceso soberanista” y asesinó en Barcelona al ex ministro socialista Ernest Lluch. En la manifestación de condena al atentado celebrada en la capital catalana, la periodista Gemma Nierga pidió a los partidos políticos más diálogo para acabar con la barbarie terrorista. Las palabras de Nierga, pronunciadas tras la lectura de un comunicado conjunto consensuado por todas las fuerzas políticas, fueron duramente criticadas por el Partido Popular, pero recibieron el aplauso de los manifestantes y de la mayoría de los partidos.

Una semana después de la muerte de Lluch, PP y PSOE comenzaron a dar los primeros pasos para alcanzar un pacto antiterrorista. La primera propuesta para el nuevo compromiso político la hicieron los socialistas, que recibieron del PP un texto formado por siete preguntas que pretendían crear una alternativa al gobierno del PNV en Euskadi. Zapatero no dio su visto bueno al pacto redactado por los populares y hubo que sentarse a negociar.

El texto final del acuerdo, con diez puntos, se hizo público dos semanas después, el día ocho de diciembre. El pacto estaba abierto a la firma de otros partidos, pero ponía serias trabas a PNV y EA al solicitar la renuncia de estos partidos a la vía soberanista y vincular el futuro del País Vasco única y exclusivamente a la Constitución y el Estatuto de Autonomía. PNV, CiU, IU y BNG criticaron duramente el acuerdo al considerarlo excluyente. Coalición Canaria, el Partido Andalucista, UA y UPN decidieron sumarse a él.

Los terroristas también quisieron dar su respuesta al pacto propuesto por PP y PSOE y asesinaron, a mediados de diciembre, al concejal popular de Viladecavalls Francisco Cano Consuegra y al policía urbano Miguel Ángel Gervilla.

El nuevo año comenzó con la sombra del adelanto electoral planeando sobre el País Vasco. En su discurso de fin de año, el lehendakari evitó hablar del posible cambio de fecha de los comicios autonómicos. Pero ya era imposible eludir el tema. En apenas cinco días, entre el 6 y el 11 de enero, Ibarretxe pasó de anunciar el fin de su mandato para el mes de otoño a adelantar la fecha a mayo o septiembre.

Las presiones de la oposición iban recogiendo su fruto y la tensión entre PP y PNV crecía cada vez más. De hecho, el propio Aznar consiguió que el Partido Popular Europeo condenase al PNV, uno de sus miembros. La aparición conjunta de todos los partidos democráticos en la manifestación de condena al atentado que costó la vida al cocinero de la Comandancia de Marina de San Sebastián, Ramón Díaz, fue tan sólo un espejismo.

En plena lucha dialéctica, fracasó una nueva propuesta de diálogo de Ibarretxe y las reuniones entre el Ejecutivo vasco y el Gobierno de Aznar para revisar el Concierto Económico de la comunidad cayeron en saco roto. La situación se hizo insostenible y el lehendakari tuvo que salir a la palestra para anunciar lo que ya era un secreto a voces: el adelanto de las elecciones vascas al día 13 de mayo.

 
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