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Reconstruimos aquí la vida de los mineros chilenos que permanecieron 69 días atrapados en la mina San José, a 622 metros bajo tierra. Una emocionante operación de rescate, realizada con una cápsula diseñada con la ayuda de la NASA y seguida en directo por 1.000 millones de personas todo el mundo, devolvió a estos 33 hombres a la superficie.

Por Francisco Peregil

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La mina cruje. No sé cómo no me he vuelto loco

48 años y cinco hijas

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Víctor Segovia

El perforista

El perforista Víctor Segovia escribe todo lo que les acontece en el refugio desde aquel jueves 5 de agosto en que quedaron atrapados. En el vídeo se le ve muy concentrado en los papeles. A la familia le venía contando que todo iba bien. Pero en una carta se sinceró con su ex esposa, Soledad Moreno. “A ti no voy a mentirte’, me dijo. Me dijo también que no sabía cómo no se ha vuelto loco ya en ese cerro, que tenía mucho miedo, que la mina cruje, que estaba desesperado y lo veía todo muy mal.”, comenta Moreno.

La intención de Víctor Segovia es publicar un libro cuando salga. “Él es como muy padentro y se desahoga escribiendo. Pero a él lo que le apasiona es la música. En casa tiene una habitación con un órgano, guitarra eléctrica, acústica, acordeón… Instrumento que ve, instrumento que quiere tocar. Su sueño era comprarse una batería, pero son muy caras”, comenta su ex. Quería formar una banda con algunos familiares. Y los rescatistas estaban pensando en enviarle una armónica”, añade Soledad.

Victor Segovia lleva unos cuatro años separado de Soledad Moreno. Cuatro de sus hijas viven con Soledad y una de ellas, Marisa, de 23 años, con él. Marisa es la que espera al padre en el campamento levantado al pie de la mina: “Él quería muchísimo a esa señora [Soledad Moreno, madre de Marisa]. Estuvieron casados 20 años. Pero de un día para otro ella llegó embarazada de otro caballero. Decía que se había acabado el amor entre ellos. Y él lloró muchísimo. Enterarse de aquello fue terrible. Yo le decía que era un hombre bueno, pintoso (atractivo), que podía encontrar una mujer mejor. Pero no lo superó. La sigue queriendo. O, al menos, le sigue doliendo”.

Marisa cuenta que el accidente está transformando al padre. “Nosotros nunca fuimos de abrazos, de besos y de decir te quiero, por eso me sorprendió esa carta de mi padre. Espero que a partir de ahora sea más cercano y expresivo. Mire lo que me ha escrito…: ‘Hija, cuando salgas vas a ver el cambio de mi vida. Gracias por la muestra de cariño, que harta falta me hace en esta eterna soledad”.

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