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Reconstruimos aquí la vida de los mineros chilenos que permanecieron 69 días atrapados en la mina San José, a 622 metros bajo tierra. Una emocionante operación de rescate, realizada con una cápsula diseñada con la ayuda de la NASA y seguida en directo por 1.000 millones de personas todo el mundo, devolvió a estos 33 hombres a la superficie.

Por Francisco Peregil

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Esta mina llora demasiado

48 años, 13 hermanos y seis hijos (tres de su antigua pareja y tres de la actual)

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Darío Segovia

El veterano

Llevaba tres meses en la mina y esperaba montar un negocio de verduras con el dinero que ganase en ella. Desde abajo le escribió a su madre, Margarita Rojo, de 71 años: “Perdóneme mamita, si como hijo fui malo. Fuera vamos a conversar”. “A lo mejor lo dice porque se acordó de que una vez llegó a levantarme la mano y fue para salvar a la señora de él, a la Dina”, cuenta Margarita. “Él estaba casado con la Dina Páez. Se separó de boca, no más. Ahora vive con otra desde hace tres o cuatro meses”

“Pero mi hijo es bueno. Últimamente me pasaba platita. Tres semanas antes del derrumbe lo vi y me despedí de él diciéndole: `Ponga cuidado, cuídese. Y ya no lo vi más”, añade Margarita.

A Yésica Chilla, su actual pareja, solía decirle Segovia: “Esta mina llora mucho”, en referencia a las piedras que se desprendían del techo. “Llevaba 40 años de minero. El día anterior al 5 de agosto, el miércoles, me dijo que la mina estaba a punto de asentarse y que no le gustaría ser uno del turno de trabajo cuando llegara el derrumbe. Pero necesitábamos la plata. Y él había acabado su turno de siete por siete (una semana de trabajo en jornada de doce horas y otra de descanso). Pero le ofrecieron horas extras y nadie se niega a las extras, porque te pagan el doble. Ese día iba a ganar 90.000 pesos (140 euros). Pero él quería dejar ese trabajo para comprarse un camión y hacer fletes. En los días de descanso salía a vender verduras con la Nissan mexicana que tiene”.

En el vídeo, Segovia manda saludos a “la Andrea (15 años), la Mariana (13) y la Barbarita (6), que son las hijas que Yésica engendró con un hombre “que ya pasó, ya no existe”. “Él se separó hace 20 años de la única esposa que tuvo. Y había empezado los trámites del divorcio. Los papeles iban a llegar en marzo y entonces nos íbamos a casar”, comenta Yésica. “Hasta ahora, el golpe más duro que recibió en su vida fue cuando se separó de su mujer y ella se llevó los niños muy pequeños. Y cuando volvió a verlos eran muy mayores. Se sentía culpable. Tiene dos mellizos de 22 años y una chica de 26. A la hija le dice en una carta que lo disculpe por no haber respondido como padre y que ya hablarían cuando saliese”.

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