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Reconstruimos aquí la vida de los mineros chilenos que permanecieron 69 días atrapados en la mina San José, a 622 metros bajo tierra. Una emocionante operación de rescate, realizada con una cápsula diseñada con la ayuda de la NASA y seguida en directo por 1.000 millones de personas todo el mundo, devolvió a estos 33 hombres a la superficie.

Por Francisco Peregil

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Le estaba haciendo una carreta para su cumpleaños

56 años y dos hijos

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Jorge Galleguillos

Perforista

En las primeras cartas que Jorge escribió a sus familiares, igual que Yonni Barrios, Álex Vega y muchos de los 33 mineros enterrados, Jorge dio instrucciones para que se pagaran sus deudas. Se había separado de su esposa unos años atrás y se había ido a vivir a Tierra Amarillo, el mismo pueblo de dos hermanas suyas.

Le apasionaba su profesión, coleccionaba minerales de todos los yacimientos por los que había pasado a lo largo de casi 40 años. De joven trabajó en un campamento minero de El Salvador, en el desierto de Atacama. Y de allí se llevó para toda la vida, la imagen de una carreta abandonada cuya estampa se puede ver en Internet, acompañada por una canción muy triste: "Aquí en medio de la pampa se ha dormido en la quebrada, compañera del minero, con su humilde y vieja estampa, la carreta abandonada. Abrasada por el sol y besada por el viento, sus compañeros, el polvo y aires del desierto. La carreta solitaria, a la vera del camino, se ha dormido en la quebrada. Habla de tiempos pasado, tiene historias legendarias. Noble símbolo de esfuerzo, en este suelo nortino".

El minero se enorgullecía de que su hijo Jorge, de 21 años, sacara buenas notas en la carrera de electricidad. Jorge le estaba fabricando una carreta de madera, para regalársela por su cumpleaños: "Mi papá es muy alegre, le gusta mucho el folclor chileno, el baile de la cueca, las rancheras. Participa en un grupo folclórico de Copiapó. Él ya sufrió dos accidentes en 2009. En el primero se fracturó una costilla al caer sobre una máquina. Y en el segundo le cayó una piedra en el casco, le rebotó y le rebanó un trozo de piel de la espalda que le quedó colgando. Entre los dos accidentes pasó unos cuatro meses con licencia médica (de baja). La última vez, en el hospital, tenía a la izquierda a un compañero y enfrente otro. Podían haber bautizado aquella sala con el nombre de la mina. Él tenía presente que si entraba en esa mina igual un día no salía, pero en Chile, a su edad, es difícil encontrar trabajo".

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