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Reconstruimos aquí la vida de los mineros chilenos que permanecieron 69 días atrapados en la mina San José, a 622 metros bajo tierra. Una emocionante operación de rescate, realizada con una cápsula diseñada con la ayuda de la NASA y seguida en directo por 1.000 millones de personas todo el mundo, devolvió a estos 33 hombres a la superficie.

Por Francisco Peregil

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Nunca pierde la fuerza mi papá, es un hombre de batalla

31 años y dos hijos

Así salió a la superficie

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Florencio Ávalos

El capataz firme y derecho

Es capataz, el segundo en jerarquía después del jefe de turno, Luis Urzúa. De hecho, ambos son muy amigos. A Florencio no le gusta dejarse ver y encontró la excusa perfecta ejerciendo de camarógrafo. Valiéndose de su condición de capataz y de su antigüedad de más de tres años en la mina San José, colocó allí a su hermano Renán y a su cuñado, Osman Araya.

Alfonso, padre de los hermanos Ávalos, recuerda la pesadilla que vivió durante 17 días en que no sabía nada sobre el estado de sus hijos: “Lo peor ha sido la impotencia, saber que ellos estaban ahí y que uno no podía hacer nada. Los primeros días fueron terribles. Teníamos la esperanza de que los podían sacar por una chimenea y, de pronto, la chimenea se derrumbó. Y una sonda que parecía que iba a llegar al sitio donde podían estar ellos, se terminó desviando; otra pasó de largo… Surgió la idea de que unos pirquineros (mineros de pico y pala) podían ir hasta donde estaban ellos. Pero los ingenieros dijeron que no era factible. Muchos familiares proponíamos que mientras se probaba una solución se podía ensayar con otra. Pero nos decían que no. Y como uno no es educado y ellos son los que saben, pues no podía hacer nada”.

La esposa de Florencio, Mónica Araya, de 33 años, tiene también en la mina a su hermano Osman Araya. De su hermano, prefiere que hable sólo la esposa. Pero respecto al marido tiene mucho que decir: “El Floren todo el tiempo me comentaba que la mina estaba mala, que crujía mucho. Y le preocupaba que su familia, los Ávalos, pasaran por encima de mí. Me decía: ‘Por favor, no aflojes nada de tu barco, porque mi familia eres tú y mis dos hijos’. Mi marido estuvo enfermo unos tres o cuatro meses con dolores de cabeza, fiebre, la nariz sangrando y con hipertensión. El alta se lo dieron una o dos semanas antes del derrumbe. Y su familia no lo vino a ver. Incluso él llamaba para allá y ninguno apareció. Pero sus amigos siempre estuvieron con él. Ponga eso. Si no, no ande pidiendo entrevistas. Lo voy a decir en todas las teles. ¿Por qué vienen ahora? Por el interés. Así que si antes ya cuidaba a mi marido, ahora lo voy a cuidar con más fuerza y más rabia. Porque él no se merece a su cagá de familia, con perdón de la expresión”.

Álex, el hijo de 16 años de Florencio, comenta que la gran pasión del padre es la minería. “Él no alcanzó a entrar en la universidad, por el tema del trabajo, pero no se conformaba con hacer siempre lo mismo, aspiraba a estudiar algo de minería en la universidad. Es muy inteligente, porque no es normal que a su edad alguien sea ya capataz. Cuando no estaba aquí iba a otras minas más chicas, los pirquenes y lavaba oro con su amigo, el Isaías. Siempre se juntaba en la casa de algún compañero a hacer asados. Un fin de semana le tocaba a uno y después al otro. Organizaban partidos de fútbol entre los que trabaja en la mina y los que están a unos kilómetros de acá, en la planta de la misma empresa donde muelen, procesan y hacen el concentrado del cobre”.

“Él es muy leal y muy derecho para sus cosas”, continúa su hijo. “Y le gusta que la gente se porte con él con la misma formalidad. Cuando en la mina no se les pagaba el sueldo a sus fechas, se disgustaba mucho”.

“Es muy sobreprotector con la familia. Siempre iba a todas las reuniones del colegio y a interesarse por nuestras notas. Quería que llegásemos a la universidad. Nos decía “No importa la carrera que elijan, cueste lo que cueste yo se las voy a pagar para que tengan una buena profesión. Eso es lo único que les puedo dejar en la vida’. En las videoconferencias lo he visto muy fuerte, nunca pierde la fuerza mi papá, es un hombre de batalla”.

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