ELPAÍS.com
EL PAÍS Semanal

Reconstruimos aquí la vida de los mineros chilenos que permanecieron 69 días atrapados en la mina San José, a 622 metros bajo tierra. Una emocionante operación de rescate, realizada con una cápsula diseñada con la ayuda de la NASA y seguida en directo por 1.000 millones de personas todo el mundo, devolvió a estos 33 hombres a la superficie.

Por Francisco Peregil

COMPÁRTELO »

  • Eskup
  • Facebook
  • Twitter
  • Menéame

Este cerro estaba malo

56 años y dos hijas

Eskup

» ¿Qué es eskup?

Para poder escribir en Eskup y participar en esta conversación tienes que registrarte. Date de alta aquí »

José Henríquez

El guía espiritual

Sus compañeros le llaman don José. “Es superpadentro, muy reservado. Es cristiano evangélico y siempre ha procurado transmitirnos el amor por la familia”, indica Hettizz, de 31 años, una de sus dos hijas mellizas. “Lleva 33 años trabajando en casi todas las minas de Chile y 33 años casado. Con mi mamá tiene una relación muy bonita, como si fueran novios todavía. Nosotras somos las dos solteras y les decimos: ‘No nos hagan sentir envidia, no nos saquen pica’. Porque bailan, se cantan, se abrazan… Cinco amigas nuestras han vivido largos periodos en nuestras casas. Y él ha sido como un padre para ellas. Todas siguen estando en contacto con nosotros”.

En el vídeo, su compañero Mario Sepúlveda lo presenta así: “El hombre tiene altos conocimientos… relacionados a… espirituales, que la verdad es que en estos momentos nos ha ayudado mucho a todos nosotros”.

“En 1986 ya sufrió un aluvión al pie de otra mina. Estaba durmiendo junto a su papá y su hermano. Y él sintió algo, los despertó y pudieron salir corriendo. Muchos de sus compañeros murieron porque se volvieron a recoger sus cosas. Y ellos huyeron en pura ropa interior”, comenta su hija Karen. “Estuvieron dos días a la intemperie. Éramos muy pequeñas y aún no se nos ha olvidado cuando salieron en la tele, con el helicóptero que fue a rescatarlos, y estaban en lo alto de una roca, semidesnudos”.

“Mide un metro y ochenta y cinco centímetros y tiene unos brazos enormes. Nunca se compra nada para él. Un día de frío subió sin chaqueta a la mina porque decía que si se ponía la vieja se olvidaba de comprarse otra al salir. Siempre le tenemos que insistir para que se compre algún pantalón o unos zapatos. Trabaja una semana y descansa otra. Y en cuanto sale de acá, toma el autobús hacia Talca, que es donde vivimos nosotros. Son 17 horas de carretera. Está cinco días, siempre con sus hermanos y con su esposa, y se vuelve. Tenía la intención de dejar la mina porque decía que este cerro estaba malo. Él entró en enero y al poco tiempo hubo una emanación de gas. Sacó a dos compañeros y al intentarlo con el tercero, se desmayó. Nos comentaba que en la mina se hicieron muchas operaciones para simular casos de emergencias. Y se reía al contar que cuando apagaban las luces y las máquinas y había que llegar al refugio sin apenas señales de orientación, el único que se solía perder siempre era precisamente el instructor de los cursos”, señala Karen.

En una carta, José escribió a las mellizas: “Hijas, no estén más días por acá, porque esto da para rato. No estén gastando más moneditas. Saluden a mi tesoro (esposa), la Cata (nieta)... y a todos los hermanos de la Iglesia. Yo estoy bien. No he dejado de confiar en mi Señor”.

ELPAÍS.com
Miguel Yuste 40
28037 Madrid [España]
Tel. 91 337 8200
EL PAÍS Semanal

COMPÁRTELO »

  • Eskup
  • Facebook
  • Twitter
  • Menéame